## 12: Masacre en Rois Pembell
La colisión fue ensordecedora, un estallido de carne, hueso y concreto. Caps arremetió con la Fase 1 al límite, pero la masa biológica del gigantesco Titán de tres metros desafiaba cualquier lógica humana. Los miles de kilos de fuerza bruta concentrados en el brazo deforme de la bestia impactaron directamente contra el pecho del chico, que detuvo de lleno la inercia de su salto previo clavándolo con una violencia sísmica contra la estructura del edificio.
El muro trasero no resistió; el concreto se fragmentó en mil pedazos, abriendo un enorme boquete que conectaba directamente con el pasillo del piso inferior. Caps cayó entre los escombros, pesado, sintiendo cómo el frío pavimento crujía bajo su espalda mientras las garras del monstruo se cerraban firmemente alrededor de su cuello, inmovilizándolo contra el suelo.
Desde lo alto, por un boquete, Eva Law observaba la escena con los ojos desorbitados por el terror, paralizada.
—¡Huye! —consiguió rugir Caps, con la voz ahogada por la presión en su garganta mientras el vapor seguía brotando de su piel—. ¡Eva, vete de aquí! ¡Escapa de esta maldita locura!
El grito del chico fue respondido por un silbido agudo que cortó el aire del patio exterior. Helen Troy avanzaba a paso firme entre el caos, con el rostro medio cubierto por una máscara o cubrebocas, reflejando una frialdad desquiciada, al igual que el resto de las unidades de los *Avengers* que operaban en el campus cubiertos por máscaras tácticas anónimas. Sin dudarlo, Helen alzó su arma y disparó un proyectil explosivo directamente hacia la planta alta.
El proyectil impactó a escasos metros de Eva, desatando una detonación que esparció metralla y fuego por el corredor. El estallido sacó a la heredera de Scorpio de su estupor; tosiendo por el humo negro, dio media vuelta y comenzó a correr desesperadamente por el pasillo.
—¿A dónde vas, ratoncita? —se mofó Helen desde abajo, con una sonrisa de suficiencia.
Con la agilidad de un depredador entrenado, la presidenta del consejo estudiantil saltó sobre los bloques de concreto desprendidos, usando los escombros como plataforma para irrumpir en el edificio y lanzarse directamente a la caza de Eva.
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En otra sección del Instituto Rois Pembell, el pánico colectivo se había cobrado la cordura de los estudiantes. Los pasillos eran laberintos de humo, alarmas e histeria. Corriendo entre la multitud que huía a ciegas, Cristof esquivaba los escombros buscando desesperadamente una ruta de escape segura, hasta que sus ojos se fijaron en una silueta conocida.
Liandra se encontraba de rodillas en el suelo, completamente paralizada en medio del corredor. Tenía los ojos cerrados con fuerza y las manos presionadas contra sus oídos, intentando inútilmente bloquear los rugidos de las bestias y los gritos de sus compañeros.
—¡Liandra! ¡Liandra, estás bien! —exclamó Cristof, arrodillándose a su lado y colocándole una mano firme sobre el hombro—. ¡Tenemos que movernos de aquí, vamos!
La chica rubia soltó un alarido, presa del shock; el miedo había bloqueado su sistema nervioso por completo.
—¡Ahhhhhh! ¡No puedo... no puedo! —sollozó Liandra, con la respiración entrecortada y las lágrimas surcando su rostro—. ¡Mis piernas no me responden, Cristof! ¡No puedo levantarme!
Cristof la tomó suavemente por el rostro, obligándola a enfocar la mirada.
—Liandra, mírame —le ordenó con una voz suave pero impregnada de una convicción absoluta. Sus ojos se encontraron en medio del desastre—. Yo estoy contigo ahora. Sea lo que sea que pueda pasarnos, te prometo que intentaré protegerte.
Las palabras de Cristof actuaron como un bálsamo. El pulso de Liandra disminuyó gradualmente y la rigidez de su cuerpo cedió.
—Está bien... —asintió ella, aferrándose a su mano.
De repente, un chirrido de estática inundó los altavoces del techo. La megafonía de la escuela seguía activa a duras penas, transmitiendo una voz oficial que luchaba por sonar calmada:
*—Atención a todo el personal y alumnado... Todos los estudiantes que puedan moverse, diríjanse de inmediato a la cancha de baloncesto principal. Las fuerzas de seguridad del instituto están concentrando allí el perímetro de defensa para resguardarlos mientras llegan los refuerzos corporativos. Repito, diríjanse a la cancha...*
—La cancha... los guardias están armando el bloqueo allí —analizó Cristof, poniéndose de pie de un salto y ayudando a Liandra a levantarse—. Debemos irnos ya, es nuestra única oportunidad real. Vamos.
Liandra apretó el agarre de su mano mientras comenzaban a avanzar, mirándolo de reojo con una vulnerabilidad desgarradora.
—Cristof... ¿de verdad vamos a sobrevivir a esto?
Cristof se giró brevemente hacia ella y, a pesar del infierno que los rodeaba, le dedicó una pequeña pero cálida sonrisa de confianza.
—Por supuesto que sí. Vamos.
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Mientras tanto, en el ala norte del campus, un grupo de diez alumnos corría en desbandada, empujándose unos a otros en una competencia brutal por la supervivencia.
—¿Escucharon eso? —gritó uno de los estudiantes que iba a la vanguardia—. ¡A la cancha de baloncesto! ¡Tenemos que ir a la cancha ahora mismo!
Al final de la fila, Darren intentaba mantener el paso. Su complexión delgada y el cansancio acumulado lo hacían flaquear, quedando rezagado a cada segundo.
—Esperen... por favor, no me dejen atrás... —alcanzó a jadear Darren, extendiendo una mano hacia el grupo.
Nadie lo escuchó. Justo cuando el grupo torcía la esquina del pasillo, el techo de paneles solares se desplomó. Dos monstruos del virus MMM de mandíbulas segmentadas cayeron en medio del corredor, cortando la ruta de escape y masacrando instantáneamente a los cuatro alumnos que lideraban la marcha en una carnicería expeditiva.
El pánico fragmentó a los seis sobrevivientes restantes. Los monstruos se interpusieron en el camino, dividiendo el corredor en dos. Por un macabro giro del destino, el líder de los *bullies* del instituto, el mismo chico de cabello marrón rojizo al estilo wolfcut que se dedicaba a hacerle la vida imposible a Darren, quedó del mismo lado que él. Dominado por un terror ciego, el abusador dio media vuelta y comenzó a correr en dirección opuesta, dejando a Darren atrás.