Rotten Farm

Interludio

## Interludio: Filtraciones

La sede de la Autoridad de Protección de Datos (APD) se alzaba en el corazón de Ciudad A como un bloque impecable de arquitectura corporativa: una estructura masiva, chata pero imponente, cuyos ocho pisos de concreto y cristal reflejaban el gris plomizo de un cielo encapotado a mediodía. En el interior, el zumbido de los aires acondicionados competía con el murmullo de los cientos de agentes y analistas que procesaban el registro biométrico y personal de la ciudadanía. El reloj avanzaba hacia la hora del almuerzo, y el personal ya comenzaba a ordenar sus escritorios con la mente puesta en el descanso.

En la densa cuadrícula del área de oficinas, Kate Chambers permanecía inmóvil en su cubículo. Su complexión atlética y la severidad de su rostro, enmarcado por una melena de un rojo oscuro y unos labios prominentes de diseño estético, contrastaban con la distracción aparente de su mirada. Sus ojos marrones devoraban las últimas actualizaciones de las pestañas ocultas de su monitor: reportes cifrados sobre los choques armados entre Scorpio Corporation, las fuerzas del Estado Mayor y las facciones rebeldes.

—¿Qué hay de nuevo, Kate? —una voz interrumpió el silencio de su puesto.

Kate reaccionó con la velocidad de un felino, cerrando las ventanas del navegador con un par de clics certeros antes de levantar la vista. Frente a ella estaba Martín, el supervisor del sector. Era un hombre bajo, de rasgos hindúes, calvo y tez morena, que estrujaba una carpeta contra su pecho con evidente nerviosismo. Kate conocía esa mirada; sabía perfectamente que Martín estaba coladito por ella, una debilidad que ella había aprendido a moldear a su favor con fría precisión para mantener su cobertura.

—¡Ah! Martín... nada, solo... —Kate forzó una sonrisa perfecta, acomodándose un mechón de cabello—. Estaba verificando el historial de un sujeto vinculado a un fraude de identidad. Ya sabes, lo de siempre. Justo me preparaba para salir a almorzar. ¿Y tú qué tal? Llegaste tarde hoy.

Martín soltó un suspiro pesado, mirando a su alrededor antes de inclinarse sobre el borde del cubículo.

—Sí... estos dos últimos días han sido un jodido infierno, Kate. Órdenes estrictas de la alta cúpula. Todos los supervisores de sistemas y personal tuvimos que auditar de emergencia los accesos a la red global de Chitsnet y los registros de datos civiles. El Gobierno y los altos mandos de Scorpio están poniendo patas arriba cada departamento desde lo que pasó en el instituto Rois Pembell hace dos días.

Kate mantuvo la compostura, aunque el pulso se le aceleró ligeramente por la mención del instituto.

—Las cosas están muy jodidas —continuó Martín en un susurro—. Dicen que hay altas probabilidades de que tengamos infiltrados en los organismos de seguridad del Estado Mayor. ¿Puedes creerlo? Espías... topos reales entre nosotros.

—Si eso es verdad... —murmuró Kate, entornando los ojos con una seriedad que no pudo ocultar—. Significa que los escuadrones de seguridad pública van a martillar a cualquiera bajo sospecha. ¿No te has enterado de algún movimiento en las oficinas centrales de...? —Kate se detuvo en seco, fingiendo timidez—. Olvídalo, qué tonta. Es pura curiosidad, lo siento.

Martín sonrió, completamente desarmado por el gesto, y desvió la mirada hacia el pecho de la analista por una fracción de segundo antes de armarse de valor.

—No te preocupes, nena... Oye, Kate... ¿te apetecería que almorzáramos juntos hoy?

Las palabras del supervisor fueron sepultadas por el estallido violento de las puertas batientes al final del pasillo. Detrás de una media pared con rejillas metálicas, un escuadrón de la policía de seguridad pública irrumpió en la oficina. Eran ocho activos fuertemente armados, con chalecos antibalas y rostros cubiertos por cascos tácticos, empujando y encañonando a los empleados que encontraban a su paso.

Al frente del pelotón caminaba el sargento Nino Wait, un tipo de mandíbula rígida y mirada sádica que arrastraba las botas con una confianza repugnante.

—¡Damas y caballeros, atención! —bramó el sargento Nino, su voz resonando en todo el piso—. Soy el sargento Nino Wait. A los malditos gusanos cuyos nombres voy a pronunciar a continuación, les doy un consejo: pueden intentar correr, pero les juro por mi vida que no van a escapar.

El sargento avanzó por el pasillo central, deslizando un dedo sobre una tableta táctica.

—¡Homero Salinas!

A unos metros de Kate, un hombre afroamericano de veintitantos años entró en pánico. Se levantó de golpe de su cubículo, derribando cajones, archivadores y una lluvia de papeles en un intento desesperado por huir hacia la salida de emergencia trasera.

—¡Que no escape! ¡Muévanse, muévanse, muévanse! —ordenó Nino sin inmutarse. Dos de los activos salieron detrás del fugitivo como lobos de caza. El sargento continuó su marcha—. ¡Rudiger Fenex!

Rudiger ni siquiera tuvo tiempo de levantarse; dos guardias lo taclearon contra el suelo, fracturándole el tabique contra el piso antes de esposarlo. El sargento Nino se detuvo justo frente al cubículo de Martín. Se produjo una pausa dramática. El oficial clavó sus ojos en el supervisor hindú, haciéndole tragar saliva, antes de desviar la mirada lentamente hacia la mujer que estaba a su espalda.

—Y... Kate Chambers —pronunció Nino, esta vez con un tono peligrosamente suave—. Vaya, señorita Kate... Quién iba a decir que una chica tan mona y con un culo tan espectacular estaría metida hasta el cuello en la filtración de datos de la red Chitsnet, creando registros fraudulentos para terroristas y conspiradores del Estado Mayor.

Martín se interpuso entre el sargento y ella, estupefacto, con el rostro pálido.

—¡¿Qué?! No... ¡No, es imposible! ¡Kate no puede ser un topo, tiene que ser un maldito error!

Nino ni siquiera se molestó en responderle con palabras. De un manotazo brutal, apartó a Martín del camino, haciéndolo trastabillar contra los escritorios, y se plantó a escasos centímetros de Kate. La pelirroja permanecía en silencio, midiendo las distancias.



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 03.07.2026

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