## 22: ¡Boom!
El camión de ultra blindaje conducido por Rema se alejaba levantando una densa polvareda en la ruta. Había conseguido llegar a una carretera de tierra flanqueada por postes de madera que sostenían viejas líneas eléctricas destinadas a alimentar a los pueblos aledaños. Cerca de él, una de las motocicletas chatas enemigas le seguía el paso a una velocidad moderada.
—*Broken*, ¿me escuchas? Aquí *Silot* —habló el conductor por el intercomunicador de su casco—. Tengo de frente a los rebeldes. Parece que una parte de ellos se ha separado del resto y, no lo vas a creer, estos tipos tienen camiones de ultra blindaje. Los mismos que son capaces de atravesar la barrera de seguridad que bordea toda la zona 1.
—*Huh... doy fe de ello* —respondió Broken, el otro conductor de la moto de chasis chato y veloz, desde otro punto del perímetro—. *Pude divisar uno que está estacionado en la parte trasera de la estación. ¿Cómo es que estos malnacidos los consiguieron?*
—Voy a interceptar...
—*Silot, no tiene caso* —le interrumpió Broken—. *Esas cosas son un búnker en movimiento y, por lo que puedo analizar, ese transporte no lleva consigo ni la mitad de sus fuerzas. Regresa y divirtámonos un poco con los que se quedaron atrás. Parecen interesantes; lograron sacar al puto monstruo de Cárdigan de la estación.*
—Los del grupo de vanguardia están por llegar —advirtió Silot—. Con el objetivo de encontrar rápido a estas basuras, las fuerzas fueron desplegadas en varios puntos de la Zona 1 entre ciudad A y B, pero la mayoría está muy lejos...
—*¿A quién le importa? Tú y yo somos suficientes para acabar con esta plaga. Mala suerte para el resto de nuestro equipo o tal vez para nosotros, pero haremos el trabajo por ellos.*
—¿Qué haremos entonces con los que escapan?
—*Marca la zona y el rumbo que llevan, luego los interceptamos...*
—¿Estás bromeando? —replicó Silot—. Las rutas que podrían tomar son jodidamente aleatorias. La Zona 1 es inmensa...
—*¿Y qué? ¿Chocarás el puto camión? Escucha, voy a empezar a actuar contigo o sin ti. Ya me cansé de dar vueltas.*
La transmisión se cortó abruptamente con un chasquido de estática.
—Huh, empecemos entonces —murmuró Silot, resignado.
La motocicleta enemiga dio un giro tan cerrado que ninguna moto convencional habría podido realizar sin derrapar, tomando dirección de vuelta hacia la estación de Chantarry.
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En la parte trasera de la base, Rocco caminaba lo más rápido que sus piernas le permitían, cargando a Mariah en brazos y siguiendo los pasos apresurados de Garitos en dirección al segundo camión de ultra blindaje. La actitud del viejo médico era severa, consumido por los nervios y la rabia contenida.
—¡Tráela por aquí, muévete! —bramó Garitos, trepando rápidamente por la plancha desplegada de la puerta trasera del camión—. ¡Pásamela con cuidado!
Sin responder una sola palabra, Rocco obedeció de inmediato.
—Garitos, yo... Guler le ha disparado y todo pasó tan rápido... —alcanzó a decir Rocco con la voz completamente quebrada.
—¡Cállate! —le cortó Garitos, acomodando el cuerpo de Mariah en sus brazos—. ¡Sube de una vez y ayúdame! Necesito que me asistas, ¡muévete!
Rocco subió al vehículo a tropezones, con la respiración agitada.
—Entendido, entendido. ¿Qué necesitas? Yo...
—Toma ese saco de dormir de allí y despliégalo en esta área.
—¡Entendido!
El chico del pasamontañas tomó el saco y lo extendió en el suelo de metal, muy cerca de la puerta del camión. Garitos recostó a Mariah sobre él con delicadeza pero con prisa.
—Tráeme uno de los kits de emergencia que hay en los compartimentos. En ellos hay material quirúrgico.
—¿Dónde?
—¡Búscalo, demonios! —rugió Garitos—. ¡No es como si no hubieras visto uno en tu vida!
Rocco corrió hacia el fondo del camión, resbalando un poco al frenar entre los suministros guardados. Desordenó cajas y revisó estanterías hasta que finalmente encontró una caja blanca con una cruz azul.
—¡La tengo! —gritó, regresando rápidamente—. ¡Aquí está, la tengo, la tengo!
Garitos, sin perder un solo segundo, comenzó a evaluar el estado de Mariah. A falta de instrumentos médicos en ese entorno hostil, tuvo que confiar puramente en sus conocimientos anatómicos.
*"El impacto está justo en el flanco izquierdo, por debajo de la parrilla costal"*, analizó Garitos en su mente, mientras sus manos expertas palpaban la zona. *"La bala perforó la pared muscular oblicua y no veo orificio de salida; el proyectil sigue adentro. Con el pulso tan débil y la palidez que tiene, es evidente que ha perdido mucha sangre y está entrando en choque hipovolémico. Si la trayectoria fue recta, es muy posible que haya destrozado el bazo o perforado el estómago. Dios, espero que no sea el bazo, porque se desangrará totalmente en diez minutos. Tampoco puedo descartar una perforación de colon; si el contenido intestinal se derrama, la sepsis la matará mañana. No tengo tomógrafo, ni ecógrafo, ni sangre para transfundir. No puedo adivinar qué hay roto desde aquí afuera. Mi única opción es abrir a ciegas: haré una laparotomía media, meteré las manos en la cavidad para buscar el origen del sangrado por tacto y tendré que extraer la bala si se cruza en mi camino. Si el bazo está deshecho, tendré que ligar la arteria esplénica a oscuras y extirparlo con lo que tengo. No la dejaré morir. No morirá."*
El cirujano dejó atrás las dudas y empezó a actuar.
—Rocco, pásame el bisturí con hoja veinte que está allí. Abriré el abdomen desde el esternón hasta el pubis. Debe haber un separador de Balfour en algún sitio, ¡necesito compresas, búscalas!
Rocco hacía lo que podía por procesar las órdenes que Garitos escupía de manera histérica.
—Amárrale los pies —ordenó el médico—. No tenemos anestesia, por lo que esto... será brutal para ella. Pero no hay otra opción.
—¿Puedes salvarla? —preguntó Rocco con los ojos llenos de lágrimas—. Dime que podemos salvarla.