Rotten Farm

Capítulo 23

## 23: Espíritu de lucha

La explosión alcanzó un radio destructivo de ocho metros y la onda expansiva se extendió por unos veinte más, enviando a volar a Caps y a Helen por los aires. Cárdigan, el monstruo vagabundo, recibió el golpe devastador de lleno en la cara. El impacto lo arrojó nuevamente al fondo del barranco, derrumbando una buena parte de la orilla cuyos pesados bloques de piedra cayeron encima de la bestia.

Maze, a quien la onda expansiva también había empujado hacia atrás, se levantó de golpe sobándose la frente. Divisó a Helen a lo lejos y corrió directamente hacia ella.

—¡Helen! —la chica no se levantaba, solo se movía en el suelo quejándose mientras procesaba el golpe. Maze llegó a su lado y la ayudó a incorporarse—. ¿Estás bien?

—Uhg, eso creo... —balbuceó Helen.

—¿Cuántos dedos ves? —preguntó Maze, mostrándole la mano abierta.

—¿Diez?

No eran diez, pero era una pregunta de broma para aligerar la tensión. Maze abrazó con fuerza a la chica de cabello rosa claro.

—Mierda, estuvo cerca. Te dije que no te arriesgues demasiado —le susurró. Helen hizo una mueca de reproche que Maze no pudo ver.

Caps observaba la escena a unos pocos metros. Hizo una expresión burlona con las manos en plan de fastidiarlas, gesticulando un *"ahhhhhhh, qué lindo"* mudo. Helen le respondió de inmediato mostrándole el dedo medio con un tajante *"fuck you"*.

—Sensei... —recordó Helen, soltándose del abrazo—. Perdí la katana que me diste.

—No importa. Si es posible, conseguiremos otra. Lo que no podré conseguir será otra tú, ¿comprendes?

Caps escuchó esas palabras y, por un momento, pensó en su propia madre, implorando internamente por que estuviese bien.

—Sí, yo también estoy bien, gracias por preguntar —intervino Caps, acercándose.

—Ah, chico... ¿Cops? Qué bueno que estés bien, en serio —respondió Maze.

La mujer se acercó al borde del cañón. Helen y Caps se posicionaron detrás de ella, contemplando en el fondo el bulto de rocas que cubría al monstruo abatido.

—¿Crees que eso es todo? ¿Está muerto? —preguntó Helen.

—No nos quedaremos a averiguarlo, debemos volver —sentenció Maze, aguzando el oído ante el estruendo de los disparos a lo lejos—. Parece que los demás se divierten sin nosotros. Hay que echarles una mano rápido.

—¿Y qué? ¿Nos vamos corriendo? —replicó Caps—. Estamos a casi medio kilómetro de allí, y Helen se cargó la moto con la que llegamos.

—Perro malagradecido, ¿quién te salvó la vida, eh? —reprochó Helen.

—Casi nos matas, loca de mierda.

—Jóvenes, después se besan todo lo que quieran. Vengan conmigo —les cortó Maze, divisando la moto en la que ella había llegado, tirada no muy lejos de allí.

—Sí, cómo no —masculló Caps.

—Antes prefiero besarle el culo a uno de

esos monstruos del virus MMM —escupió Helen.

Maze levantó la motocicleta. El motor encendió después de varios intentos con un sonido tosco y ruidoso, soltando pequeñas explosiones que indicaban que el vehículo estaba al límite de sus capacidades.

—Ok, todos a bordo.

La moto avanzó a una velocidad moderada con Maze al manubrio, Helen en el medio y Caps en la retaguardia. El tubo de escape tosía en cada combustión, haciendo dar pequeños brincos a los pasajeros debido a la intrincada forma del terreno, ya que Maze estaba forzando la máquina al máximo.

—Mierda, tu sensei está aún más loca que tú, con razón —gritó Caps por encima del ruido.

—Hey, Cops, ¿dónde quedó el respeto? —reclamó Maze.

—Así de descarado llega a ser "Cops" —añadió Helen.

—Caps... —corrigió el chico suspirando—. Ah, qué más da... ¡uooh! —exclamó al salir despedido por un brinco en una rampa de tierra.

---

Chantarry se sumía entre el plomo y los gritos. Less y Caín resistían como podían. Mientras tanto, el Viejo Flint, aún agachado detrás de su cobertura con el subfusil en la mano, observó detenidamente el camión Ford F-350.

—Debo sacarlo de aquí —se dijo Flint—. Todo este plomo... si le dan a las llantas o al motor, mi bebé se irá a la mierda. No puedo permitirlo.

Reuniendo el valor que le quedaba, salió de su escondite disparando a ciegas. Less y Caín lo miraron con total sorpresa.

—¡Eh, viejo cabron! ¡Cuidado a dónde disparas, maldito! —bramó Caín.

—¡Tú también estás viejo, joder! —le gritó Flint de vuelta.

El anciano trepó a la cabina del vehículo y acarició el volante.

—Tranquilo, bebé, yo te salvaré.

Arrancando a toda marcha, Flint metió la reversa y salió por la parte trasera, destruyendo por completo la debilitada pared de metal carcomido de la estación.

—Se lleva el camión y deja los explosivos aquí —comentó Less, recargando su arma—. Si no fuera porque los baúles están blindados, esto ya habría volado por los aires hace tiempo.

De repente, un artilugio cayó casi enfrente de Less. Por suerte para él, se trataba de un explosivo común. Abriendo los ojos de par en par, se cubrió instintivamente con su gabardina balística. La detonación lo arrojó con violencia contra la pared. La onda expansiva no golpeó tan fuerte a Caín, quien solo tuvo que cubrirse de la densa polvareda.

—Mierda... ¿estás muerto, muchacho? —preguntó Caín hacia el humo.

Los activos de Scorpio Corp del primer vehículo irrumpieron aprovechando el estruendo. Caín disparó a quemarropa, aturdiendo a uno de los soldados. Less se levantó sacudiendo la cabeza para quitarse el aturdimiento; cuando un soldado enemigo se asomó, Less levantó su arma, la cual se disparó por accidente hacia el techo maltrecho. Reaccionando rápido, le propinó una patada en el pecho al soldado de frente y le soltó una ráfaga a quemarropa. El traje de los soldados era resistente, pero a esa distancia, cinco balas perforaron el blindaje, matándolo en el acto. Más disparos impactaron contra el alero de metal, obligando a Less a agacharse. Tomó al soldado muerto por los correajes del hombro y lo arrastró rápidamente hacia la cobertura.



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 24.07.2026

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