Rotten Farm

Capítulo 24

## 24: El dragón en las sombras

Hace ya varios años, en un lugar del mundo donde montañas húmedas se alzaban envueltas en una niebla espesa y fantasmal, cuyos bordes se diluían entre densas arboledas de un verde tan oscuro que rozaba el azabache, apagadas por la total ausencia de luz de un día encapotado. Muy arriba, desafiando la pendiente de una de esas cumbres, un sendero de rocas desgastadas, se abría paso entre el espeso bosque colina arriba. Al final del camino se erigía un compendio de cuatro edificios antiguos, protegidos por una muralla de bloques de roca maciza y perfectamente alineados, coronados con los tejados característicos de la arquitectura del Japón feudal.

Dentro del dojo principal, donde los pisos y las paredes de madera crujían suavemente bajo el peso del silencio y los paneles de papel arroz filtraban una luz mortecina, una chica colgaba atada de las muñecas a una de las vigas del techo. Tenía los pies también amarrados y aparentaba unos doce años. Vestía un kimono negro, viejo y desgastado; su rostro infantil estaba cubierto de mugre, sudor y hollín. Un hombre de unos cuarenta años, completamente rapado y descalzo, caminaba rodeándola. Vestía un pantalón holgado de tela blanca suave combinado con una camisa tradicional japonesa de color negro, y sostenía con firmeza un shinai, el instrumento de madera utilizado para el aprendizaje del kendo. El eco de sus pasos era lo único que rompía la quietud de la habitación que, de no ser por ellos, habría estado completamente vacía.

—El “Kage no Ryu” no limita ni pone impedimento ante las decisiones que tomamos —habló el hombre con voz profunda, sin detener su marcha—, siempre y cuando no sea considerado una falta o algo que amenace la integridad de nuestra gente y la estabilidad del grupo.

El instructor se detuvo un instante, desviando la mirada hacia el patio exterior a través de las puertas corredizas abiertas. Extendió la mano libre, permitiendo que las primeras gotas de una llovizna incipiente chocaran contra su palma.

—Lloverá pronto —continuó, con tono sereno—. Por ello, cuando pediste ser “entrenada” al igual que un hombre, no hubo oposición. A pesar de que es algo raro, ya que las mujeres prefieren y no tienen problema con el Yuwaku no Hanamichi... Solo se me pidió que fuese yo quien te entrenase.

El hombre giró el rostro y la miró fijamente por unos segundos. La chica no levantó la mirada ni dijo una sola palabra; permaneció inmóvil, suspendida en el aire. Sin previo aviso, el instructor cruzó el aire con el sable de madera, conectando un golpe seco y brutal directo en el muslo de la niña.

—¡Huhg...! —la pequeña soltó un grito ahogado, apretando los dientes con una fuerza de voluntad sobrehumana para contener el llanto.

El hombre no se detuvo. Con una cadencia implacable, comenzó a golpear los músculos de ambos brazos, el abdomen y las piernas de la niña de forma consecutiva, haciendo restallar la madera contra su carne.

—¡Uhg! ¡Ahh! ¡Buah...! —los quejidos se le escapaban entre las lágrimas y el dolor.

—Esto es lo que querías, ¿no? —cuestionó el hombre, deteniendo el castigo físico pero manteniendo la presión psicológica—. ¿Me odias?... Ódiame, estás en tu derecho. Aun cuando fuiste tú quien decidió tomar este camino, ¿no es así, Tsugumi?

El instructor retomó el paso cansino, volviendo a rodear el cuerpo suspendido de la pequeña.

—Somos los dragones en la sombra. Un dragón es tan fuerte como una montaña que resiste el golpe de la ola más grande de todo el océano; más rápido que el rayo, silencioso como una serpiente entre las hojas. No teme al infierno ni a ninguno de sus demonios; ellos temen de él, ya que su fuego quema más que el que su propia grieta emite. Entiendes que no hay rival para un dragón, porque, ante la muerte... dime, Kirishima Tsugumi... —el hombre se plantó frente a ella y la apuntó directamente al rostro con la punta del shinai—. ¿Qué es lo que hace un gran guerrero?

La chica levantó la cabeza con un movimiento lento y pesado. Abrió los ojos por completo. Sus párpados, pómulos y diferentes áreas del rostro estaban manchados de hollín y mugre, pero su mirada destilaba una dureza inquebrantable, manteniendo el ceño fruncido con pura determinación.

—Lucha hasta el final... —respondió la pequeña Tsugumi, casi en un susurro.

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El rugido tosco de una motocicleta rompió la tensión en Chantarry. Caín llegó derrapando en el vehículo que anteriormente conducía Metralla, deteniéndose bruscamente junto al camión ultrablindado. Detrás de él, una marea de soldados Avengers en plena retirada corría desesperada, buscando cobertura.

—¡Todo el mundo adentro del camión! —bramó Caín, cayendo de la moto de costado debido al dolor de su brazo fracturado—. ¡Nos iremos antes de que esto arda como el infierno cuando lleguen el resto de las fuerzas de Scorpio y del Estado Mayor!

Rocco, que ya se encontraba cerca de las puertas del transporte, se acercó corriendo con el rostro desencajado por la angustia.

—¡Mayor, no podemos irnos! —reclamó Rocco con desesperación—. ¡Aún falta gente! Helen, Less, Metralla, Dayana y los otros chicos aún están allá afuera y...

—¡Escúchame! —lo interrumpió Caín, tomándolo del chaleco con su único brazo útil—. ¿Quieres quedarte, eh? ¡Creo que no! Ellos encontrarán una forma de irse. Ahora ¡vámonos! Estamos con la herida sangrante. El resto de las fuerzas de Scorpio y del Estado Mayor ya vienen; esto fue solo el abreboca. Además, Grisham ya se fue a tomar por culo.

Caín avanzó a tropezones, apartando a Rocco sin darle la más mínima importancia a sus quejas. Se paró frente a la cabina y golpeó la chapa de metal con rabia.

—¡Hey, tú! ¡Arranca esta mierda ya! —le gritó al conductor.

—Pero... pero... —titubeó el Avenger al volante, mirando hacia el campo de batalla.

—¡Hazlo! —rugió el veterano.

Rocco miró hacia atrás por última vez, pensando con el corazón en un puño en todos los heridos que se quedaban atrás, y especialmente en Mariah, quien yacía inconsciente dentro.



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 24.07.2026

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