Rotten Farm

Capítulo 26

## 26: Chivo expiatorio

Los neumáticos del Mercedes-Benz AMG giraban a cuatrocientas sesenta revoluciones por minuto, desplazando la elegante carrocería a unos moderados sesenta kilómetros por hora. Era un recorrido lento y calculado a través de las urbes más prestigiosas de Ciudad A. El pánico sutil que dominaba la metrópoli se hacía evidente en la seguridad desplegada por doquier: puntos estratégicos y otros más ridículos e innecesarios que las grandes empresas y los magnates habían apresurado a financiar, creando verdaderos anillos de protección privada.

El chófer mantenía la ventana abierta, apoyando el codo sobre el marco. Acostumbrado ya a los aburridos protocolos, frenó suavemente al aproximarse al siguiente punto de control, preparado para enseñar su salvoconducto y continuar.

Alrededor del puesto se desplegaban cuatro efectivos. Uno de los guardias hizo la señal de alto e inició el procedimiento estándar.

—Identificación —pidió con tono monótono.

Huh... Aquí tiene, oficial —respondió el chófer, extendiendo el documento con una sonrisa calculada y ensayada.

El oficial revisó el carnet con detenimiento, repasando los sellos corporativos.

—Suministros Bates, ¿eh? ¿Es buena la paga por allí?

—Bueno, no me quejo. No me haré rico, pero al menos llevo comida a la mesa.

—Tentador... ¿No habrá alguna vacante? —comentó el guardia, dejando escapar un suspiro de agotamiento—. A decir verdad, estoy harto de toda esta mierda que está pasando en la ciudad.

—Bueno, solo tendría que hacer unas pregunt...

—Es broma, es broma —interrumpió el oficial soltando una risa amarga—. No niego que me gustaría alejarme de todo esto, pero el Estado Mayor no trata muy bien a los desertores.

Le devolvió la identificación a través de la ventanilla con un ademán desganado.

—Tenga cuidado ahí fuera.

—Vale. Que tenga buen día.

El vehículo arrancó de nuevo, retomando su ritmo pausado. Separados del conductor por un cristal blindado y tintado que aislaba casi por completo el sonido exterior, viajaban dos pasajeros en los asientos traseros. Darren Bates, el chico rubio de gafas que mantenía el hombro inmovilizado debido a una dolorosa lesión en la clavícula, y Sumira Zamdana, su estilizada y prominente asistente, también rubia y de lentes impecables.

Darren observaba el paisaje urbano con la mirada perdida, tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que comenzaba a hablar en voz alta.

—Estos protocolos me parecen ridículos... ¿Por qué concentrar tanto control en el centro de la ciudad? La prioridad deberían ser las zonas limítrofes; imponer severidad en saber quién entra y quién sale.

Sumira giró ligeramente el rostro para mirarlo. Había sido un análisis sorprendentemente agudo. Al notar la fijación de su asistente, Darren cayó en la cuenta de su exabrupto y las mejillas se le tiñeron de rojo al instante.

—Es decir... lo siento. Estaba pensando en voz alta.

—Es el efecto mariposa del incidente del instituto —explicó Sumira con voz calmada y analítica—. Ese evento destapó una olla de presión. Tras las investigaciones, múltiples empresarios y activos del Estado terminaron involucrados en casos cuestionables. Muchos lo han perdido todo o han quedado en una posición sumamente frágil. Por eso, algunos de los más poderosos involucrados en estos casos han movido hilos para colocar estos controles estratégicos, buscan ganar tiempo o preparar su fuga antes de caer. Las cosas están bastante agitadas.

Darren guardó silencio unos segundos. Le costaba articular la siguiente duda, pero la curiosidad terminó venciendo su timidez.

—Sumira... ¿qué piensas de mi hermano?

—¿Huh?

—Es decir... —Darren bajó la mirada hacia la alfombra del auto—. Como ejemplo a seguir. Lo siento, es una pregunta estúpida.

—Él es... sin dudas, alguien capaz, centrado y profesional —respondió Sumira tras meditarlo un instante—. Y si no fuera por su molesto sentido del humor... aunque, tras seis años trabajando como su asistente, te das cuenta de que eso forma parte de su carisma. ¿A qué viene la pregunta?

—Ah... Es solo que pensé que podría cambiar mi rumbo. Dejar de perseguir un ideal ciego de fuerza física y buscar ejemplos más "realistas"... como mi hermano.

—Darren, no necesitas imitar a nadie —dijo Sumira mirándolo fijamente—. Veo que todavía no tienes del todo claro qué es la verdadera fuerza, ni qué es lo que hace que una persona sea realmente fuerte.

Los ojos del joven rubio brillaron ante sus palabras.

—Continúa, por favor. Tal vez así pueda sacarme esta espina clavada en el pecho.

—Vale. La fuerza se divide en dos partes, pero solo los brutos se concentran en la primera: la fuerza física. Esa es la más fácil de conseguir. La segunda es la fuerza mental, la fortaleza interna. Y no hablo de la inteligencia por sí sola, aunque el conocimiento sea indispensable para desarrollarla. Es más complicada porque cada persona suele desarrollar sus propios matices.

—¿Y cuáles son tus matices?

—Yo creo en el carácter. En no dejarse pisotear, en mantener tu integridad como persona, pero también en saber romperla en el momento indicado. A veces, jugar sucio es la única opción. Si juegas con tramposos, no esperes ganar jugando limpio.

Al notar cómo la mirada de Darren caía ligeramente decepcionada, Sumira se interrumpió a sí misma.

—¿Qué sucede? ¿No era lo que esperabas?

—De hecho, quedó grabado con fuerza en mi mente. Comprendo todo lo que dijiste y tienes razón: esos matices parecen ser la clave. Un amigo me dijo exactamente lo mismo sobre la fuerza mental... "Usa tu cerebro para aplastarlos". Me emocioné en su momento, pero me estrellé contra un muro porque lo interpreté todo mal.

—Aun así, parece haberlo entendido ahora. Entonces, ¿a qué se debe esa postura cabizbaja?

—Es que... estoy un poco nervioso —confesó Darren—. Esta es la primera vez que representaré a mi familia en los negocios y me preocupa arruinarlo.



#118 en Ciencia ficción
#1536 en Otros
#284 en Acción

En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 24.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.