Rotten Farm

Capítulo 29

## 29: Superviviente

Siento como una gran oscuridad me nubla la mente. Es una molestia pesada y cansina; esa extraña e incómoda sensación de estar dormida mientras sueñas que estás despierta en el mismo sitio donde tu cerebro entró en modo de ahorro de energía. Intentas darle la orden a tu cuerpo para que se levante, pero no te obedece. Solo sientes una extraña presión en la cabeza, hasta que la vibración violenta del vehículo hace que la herida entre tu vientre y tu abdomen se despierte, arrastrándote al infierno y haciéndote entender que te convenía más haberte quedado dormida.

—¡Aaggh! ¡Ahhh! ¡Duele, duele! —se quejó Mariah entre dientes, despertando con una mueca deformada por el tormento.

Se encontraba al fondo del pasillo del camión ultrablindado. Una pared improvisada de paquetes de suministros la separaba del grupo de Avengers que viajaba en el vehículo. Entre heridos y sanos, algunos dormían a pesar de que eran apenas las cinco de la tarde; otros contemplaban el camino a través de la compuerta trasera, la cual permanecía abierta para aprovechar la ventilación natural del viento y mantener la cordura en medio del encierro.

Cerca de la entrada, Flayer —ahora cubierto de vendajes pero en condición estable— observaba el panorama. Sus ojos, con irises de un color marrón claro con destellos amarillentos al descubierto tras haberse quitado las gafas que solía usar, se posaron en el chico del pasamontañas.

Rocco dormía recostado contra la pared metálica, con la cabeza ladeada sobre el hombro. El agotamiento lo había vencido.

—Eh, tú pasamontañas —llamó Flayer. Al no obtener respuesta, suspiró con desdén—. Estos chicos no aguantan nada.

Se giró hacia un Avenger que lucía un tupido bigote que se extendía desde sus patillas hasta el labio superior, interrumpiéndose antes del mentón.

—Eh, Rocco, levántate, coño —dijo el mercenario del bigote. Al ver que el joven ni se inmutaba, tomó una piedrita del suelo sucio —poblado de polvo y grava que habían traído las botas de todos— y la disparó con el pulgar y el dedo medio directamente a la frente del muchacho.

—¡Uh! ¡Ah! ¿Qué, qué pasa? —se sobresaltó Rocco, llevándose la mano a la cabeza mientras miraba a todas partes desorientado.

—Tu chica parece haber despertado —dijo Flayer mientras los quejidos sofocados de Mariah resonaban al fondo.

—¿En serio? Mierda —Rocco se incorporó de golpe—. No parece estar pasándola bien. Carajo, me quedé dormido, empiezo a parecerme a Guler —Miró hacia la esquina donde el doctor Garitos dormía plácidamente—. Debo despertarlo o será capaz de golpearme.

Se acercó sigilosamente, se agachó y le tocó el hombro:

—Doc, Doctor.

Garitos reaccionó sobresaltado, sacudiéndose el agarre.

—Umm, ¿eh? Solo eres tú, quítate, ¿qué quieres? Ya atendí a todos, ¿no era eso lo que querían?

—Doc, ¿puede oír eso?

Garitos captó la situación al instante.

—Mariah —susurró poniéndose de pie de inmediato—. Joder, ¿qué hora es?

—Cerca de las cinco y media de la tarde.

—Es la anestesia que conseguimos por ahí —renegó el doctor mientras avanzaba—. No es lo suficientemente potente para mantener un dolor de esa magnitud a raya; el efecto acabó antes de lo previsto. ¿Queda un poco?

—Sí, aún nos queda un frasco.

—¡Ahhh! ¡Ugh, duele, duele! —gemía la chica al otro lado de los víveres.

Garitos se escurrió por el estrecho pasaje.

—Tranquila, pequeño cuervo, pronto estarás mejor —dijo con voz suave. Con agilidad, tomó el frasco de manos de Rocco, preparó una jeringa esterilizada y limpió la herida de Mariah con un trozo de algodón. Luego, usando una tira elástica, le hizo un torniquete en el brazo para ubicar la vena—. Eso es, relájate. Si lo haces, el anestésico hará efecto más rápido. En unos minutos volverás a dormir.

Rocco dejó caer la espalda contra la pared del camión, dejando escapar una risa melancólica.

—Jajaja, Mariah, no sabes lo preocupado que estaba, joder. Y el doc, solo se calmó cuando te quedaste dormida. No sabes lo contento que estoy de que estés bien —se agachó a su lado—. Ojalá los otros también vuelvan y nos encontremos en Rammus, todos con vida. Me pregunto cómo habría reaccionado Guler al verte, probablemente se habría exaltado y habría intentado abrazarte.

La herida en la frente de Garitos pareció arderle como un clavo al rojo vivo.

—No vuelvas a mencionar a ese desgraciado cerca de mí —gruñó el médico—. Ese malnacido fue quien le hizo esto a Mariah, ¿no? Fuiste tú mismo quien me lo dijo.

—Sé lo que dije, doc, pero ambos sabemos que ese no era Guler —defendió Rocco con vehemencia—. Ese monstruo debió de haberlo controlado de alguna forma. Guler era muchas cosas: flojo, indisciplinado, incluso un enamorado empedernido, pero nunca habría sido capaz de hacerle daño a Mariah.

—Guler fue infectado con un patógeno distinto. Ese virus solo sacó la verdad que albergaba en su interior —sentenció Garitos fríamente—. Dicen que nunca terminamos de conocer del todo a una persona, pero déjame decirte algo: ustedes conocieron a Guler en su máximo esplendor, porque en sus últimos momentos, ese era su verdadero yo.

—Eso no es verdad —protestó Rocco—. Por mucho que uno pueda albergar pensamientos oscuros o dudosos, eso no nos define ni representa nuestro verdadero ser.

—Hijo, ¿conoces la frase "los borrachos no mienten"? Pues esto es exactamente lo mismo.

—¡Me niego! Yo conocí a Guler. Yo sé quién era.

—No, el doctor Garitos tiene razón —intervino la débil voz de Mariah. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla y la chica intentó limpiársela entre un leve sollozo—. Apenas me estoy dando cuenta, es como el caballo de Troya. No hay peor herida que la que te inflige un amigo. —Hizo una pausa y la mirada se le llenó de pánico—. Doc, no puedo mover las piernas.

Mientras tanto, en la cabina delantera del camión blindado, un Avenger de unos veintinueve años mantenía el rumbo al volante mientras le daba tragos a una pequeña botella de licor artesanal. A su lado, el mayor Caín descansaba con los pies apoyados sobre el tablero, la ventana abierta y un cuchillo táctico que afilaba meticulosamente con una lima.



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 11.08.2026

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