Rotten Farm

Capítulo 31

## 31: El uno sin el otro

El crujido estridente de las piedras bajo los neumáticos anunció la llegada de la van. El vehículo avanzó a paso de hombre antes de detenerse por completo, levantando un velo de polvo fino sobre el terreno estéril.

Jota bajó de la cabina y ajustó la vista sobre el reloj de su muñeca.

—Punto 36-37... Si no me falla la memoria, este es el lugar.

Frente a él se desplegaba la vista de tres antiguas estructuras de dos plantas. Era lo que en el pasado solía ser un complejo hotelero, ahora abandonado a su suerte. Vistas desde el aire, las edificaciones dibujaban la forma concisa de una "C". Sus ventanas estaban tapiadas con gruesas tablas de madera cruzadas en equis, resguardadas bajo techos de zinc a dos aguas corroídos por el tiempo. Alrededor no había más que árida desolación y la presencia esporádica de plantas secas agitadas por el viento.

Apretando el paso, Jota echó a andar hacia el centro del complejo. Al bordear la primera edificación, los vestigios de un cruento enfrentamiento reciente congelaron su andar: las paredes exhibían múltiples perforaciones de bala y, recostado contra la fachada frontal, yacía un cuerpo inerte.

Una punzada repentina le atravesó el corazón.

—Mierda... ¡Kate!

Reaccionando por instinto, llevó la mano a su cintura y desenfundó la pistola. Adoptando una postura de combate, corrió con cautela hasta quedar frente al cadáver para examinarlo. La tela del ropaje confirmó de inmediato sus sospechas.

—Un soldado del Estado Mayor —murmuró al divisar las insignias. Un amargo entendimiento comenzó a cobrar forma en su mente—. Maldita sea... Creo que empiezo a comprender por qué tanta desorganización en la distribución de sus fuerzas. La desesperación por obtener un resultado rápido los hizo desplegarse por toda la Zona 1 de forma desigual.

Continuó su marcha hasta internarse en el patio principal del complejo. La escena no mejoraba: a lo largo del amplio espacio reposaban otros tres cuerpos. La sangre sobre la tierra lucía reseca y un olor pestilente comenzaba a adueñarse del aire. Una bandada de cuervos y buitres revoloteaba en torno a los restos, disfrutando del festín.

—Buah, menuda mierda —masculló Jota, cubriéndose la nariz con el cuello de su camiseta.

Un ruido sutil proveniente del piso superior detuvo sus pasos. Al alzar la mirada, notó que la puerta de una de las habitaciones de la planta alta permanecía entreabierta. Subió los escalones metálicos sin hacer el menor ruido, cuidando cada pisada. Al alcanzar el pasillo y estar lo suficientemente cerca de la entrada, apuntó con su arma hacia el interior, ajustándose los lentes mientras fijaba la vista en la penumbra.

—Escucha, escucha... Podemos resolver esto, ¿no? —resonó una voz desconocida desde adentro, cargada de una risa nerviosa y destemplada—. Vamos, eres una chica razonable, ¿cierto? Dime qué quieres, ¿dinero? Soy un miembro importante del Estado Mayor, ¿lo recuerdas?

Sentada sobre el borde de una cama desvencijada se encontraba Kate. Lucía desaliñada y demacrada, con la ropa sucia y salpicada de manchas de sangre seca. Llevaba puesto un suéter negro recortado hasta el estómago que dejaba al descubierto parte de su pecho, revelando una blusa crema debajo que cubría el resto de su torso. Portaba pantalones grises holgados con bolsillos laterales, calzado casual y su llamativo cabello pelirrojo recogido hacia atrás en una cola de caballo.

Frente a ella, atado de pies y manos a una silla, un hombre semidesnudo sudaba frío. Kate no desvió el cañón de su pistola de la cabeza del sujeto mientras le respondía con una frialdad cortante.

—¿Dinero? ¿Cuánto dinero puede tener un sargento? ¿Sería el suficiente para pagar por su vida? ¿Eh, Nino?

—Ok, está bien —exclamó el sargento Nino con expresión desencajada—. Sé que tú y yo no tenemos la mejor de las historias... —Hizo una pausa desesperada, buscando las palabras exactas—. Tengo hijos, por favor. No les arrebates a su padre, ellos no me ven desde hace mucho y...

—Jajajaja, qué mentira más mala —lo interrumpió Kate, soltando una carcajada carente de humor—. ¿Hijos? ¿Una persona como tú? Si es así, ¿por qué venir y arriesgarte a morir, eh? Estás obligado, no me digas... El destino de un pobre sargento es ir al frente. Aun así, tu cerebro de nuez es un vengativo confiado. Me perseguiste a mí directamente; supongo que ver en el espejo esa cicatriz en tu nariz fue suficiente recordatorio.

Nino gimió de rabia contenida, pero el seco chasquido metálico del percutor al ser amartillado lo obligó a trágarse sus palabras.

—Vale, vale. Juro por Dios que es cierto, mi esposa...

El sonido de la puerta abriéndose rompió la tensión del cuarto. Al reconocer la voz de Kate, Jota bajó la guardia e ingresó a la habitación. Kate reaccionó con la velocidad de un felino, girándose y apuntándole directamente al rostro.

—Wow, wow, está bien, soy yo —dijo Jota, alzando las manos libremente mientras se pasaba la palma por la frente con alivio—. Maldición, Kate pensé que te había sucedido algo.

—Jota, ¡Jota!

Kate dejó caer los brazos y corrió hacia él, envolviéndolo en un abrazo desesperado mientras sus ojos se humedecían al instante.

—Jota, maldición, no sabes por la que he tenido que pasar.

Jota observó al hombre atado a la silla por encima del hombro de la chica, preguntándose en silencio cómo había sido capaz de abatir a todo un pelotón ella sola.

—Kate, ¿cómo es que...? Olvídalo, tenemos que irnos. ¿Quién es ese sujeto?

—Él es... un asunto pendiente —respondió ella, clavando una mirada gélida sobre el prisionero, quien se encogió de pavor.

—¿Asunto pendiente? ¿No puedes olvidarlo? —suplicó Nino con el hilo de voz que le quedaba.

—Entonces resuélvelo rápido —intervino Jota con firmeza—. Debemos ir a ayudar en la misión, estamos cerca. La posibilidad de que pronto seamos libres del virus está sobre la mesa; todo lo que te conté posiblemente se haga realidad.



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 28.08.2026

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