Rotten Farm

Capítulo 32

## 32: Cozumel

Las miradas de ambas chicas permanecieron fijas la una en la otra, cargadas de una electricidad hostil que amenazaba con hacer estallar el aire en cualquier momento.

—Ok, es todo. No más combates por hoy, nos vamos —intervino Wheesel, dando un par de palmadas secas para romper la tensión. Se aproximó a Lance y lo sujetó del brazo para ayudarlo a incorporarse—. Jajajaja, ¿qué pasó, Moreno? ¿No pudiste con el blanquito?

—Maldita sea... —masculló Lance entre dientes, limpiándose con rudeza el hilo de sangre que le corría por la comisura de la boca. Clavó los ojos en Caps, quien le sostenía la mirada exhibiendo una ladina sonrisa de medio lado—. Voy a matar a ese hijo de...

Se impulsó hacia adelante para embestir al castaño, pero Wheesel lo frenó en seco, poniéndole una mano firme sobre el pecho.

—Tranquilo —le susurró Wheesel al oído—. Creo que tal vez podrías hacerlo, pero no ahora. Lleguemos al pueblo y ya, si se dan las circunstancias, te dejo adornarle la sien.

Lance apretó la mandíbula hasta hacer crujir los dientes, pero terminó cediendo. Se sacudió el polvo de la ropa con movimientos bruscos y le dedicó una última mirada despectiva a su oponente.

—Uy, de la que te has salvado —le soltó Maroon a Helen con ironía. Comenzó a retroceder a paso lento hacia la camioneta sin apartar los ojos de la pelirrosa.

Less esperó a que se distanciaran un poco y se acercó a Helen con expresión seria.

—Helen, comprendo que ustedes dos no puedan quedarse tranquilos sin buscar pelea, pero podrían ayudarme un poco tú y Caps. Parece que soy el único que está usando un poco el cerebro aquí.

Helen, que aún mantenía la vista fija en la figura de la chica del cabello trenzado, dejó escapar un suspiro de resignación y se giró hacia él.

—Lo siento, Less... Tienes razón. Yo no estoy ayudando mucho.

—Solo quiero que pienses, ¿ok? A partir de ahora quiero a la Helen analítica y paranoica de vuelta, ¿está bien?

—Entendido.

—Bien. Y párale los pies a Caps; estoy seguro de que él te escuchará a ti.

—Sí, cómo no, es lo que intenté hacer hace un segundo. La cosa es que el chico de las rastas tiene el estuche de Caps, y allí están los virus que activan su poder.

Less abrió levemente los ojos, reprimiendo un gesto de alarma.

—¿Ellos...? Mierda. Si Caps pierde su mejor carta, estaremos prácticamente desnudos. Veré qué puedo hacer.

Mientras tanto, Judá caminó hacia Caps en lo que este recogía su camiseta del suelo.

—Maldita sea, muchacho. Tienes suerte de que al moreno no se le ocurriera volarte los sesos.

—Nada nos garantiza que no intentarán matarnos al llegar a donde sea que nos lleven —respondió Caps, pasándose la prenda por la cabeza.

Judá agitó el brazo con una mueca burlona de desdén.

—¿Y por eso es mejor morir ahora, no? Demonios, mierdecilla, deberías empezar a valorar un poco más tu vida. —Helen se aproximó al par en ese instante, y Judá la observó por encima del hombro antes de volverse hacia Caps—. Una cosa más... Hay algo que he estado notando. Te gusta la rosita, ¿no?

—¿Y eso qué? —evadió Caps, acomodándose el cuello de la camisa.

—Nada. Solo te digo una cosa: aún no podemos confiarnos demasiado. Si la rosita se da cuenta de que puede utilizarte, estoy seguro de que no dudará en hacerlo. —Sin esperar respuesta, dio media vuelta—. Hey, viejo —llamó a Flind, quien recogía los pertrechos dispersos por el suelo—, déjame echarte una mano.

Helen llegó hasta el castaño, cruzándose de brazos con el ceño fruncido.

—Maldito Caps... Tú... Demonios.

—Escucha, di lo que quieras, pero lo que hay en ese estuche podría salvarnos la vida —argumentó Caps con voz baja.

—Sí, lo sé, ¡pero no se lo hagas tan obvio, joder! Less ya está intentando resolverlo.

A pocos metros, la voz de mando de Wheesel resonó sobre el murmullo del grupo:

—Ok, muchachos, nos vamos. ¡Todo el mundo a bordo! Ustedes divídanse: tres en esta camioneta y el resto en la otra. Vamos, que el tiempo apremia y quiero llegar temprano.

Less vio la oportunidad y se adelantó con paso firme hacia el líder de los Slayers.

—Escucha... Ummmm, Wheesel, ¿no?

El hombre arrugó la frente de inmediato con molestia.

—¡No, no! Una disculpa —corrigió Less rápidamente, alzando las manos en gesto pacífico—. "Jefe". Es obvio que eres el jefe.

Wheesel giró el rostro hacia los suyos con una sonrisa de suficiencia.

—¿Lo ven, muchachos? Se los digo: este tipo sabe de lo que habla. Lance, tú podrías aprender un poco de él.

Lance rodó los ojos y desvió la mirada hacia el río.

—Eh, sí, verás... —continuó Less, bajando el tono a uno de confidencia—. Tu chico tiene algo. Nada importante, ya sabes, puro valor simbólico. Ese estuche que lleva le pertenecía a la madre de nuestro muchacho, la cual murió hace un año. Comprenderás lo que significa para él. Digo, ya tienen nuestras armas y dudo mucho que golpeándolos con el estuche los vaya a matar o algo.

Wheesel entornó los ojos, sopesando las palabras del pelirrojo.

—Déjame echarle un vistazo... Lance, el estuchito.

Lance soltó un bufido de fastidio, desabrochó el recipiente de cuero de su cinturón y se lo lanzó. Wheesel inspeccionó el interior.

—Veamos... ¿Qué es esto? Parecen jeringuillas con algún compuesto... Y esta libretita... ¿Virus RZ?

—Es que su madre llevaba una investigación fallida, ya sabes —improvisó Less sin pestañear—. Estaba intentando hacer una vacuna o algo parecido, pero no llegó a nada. Eso que ves allí son solo compuestos viejos.

Wheesel examinó los viales a la luz del sol con atención meticulosa.

—Bueno, está bien —concluyó Less, dando media vuelta con falsa resignación—. Pueden quedárselo, no será el fin del mundo si Caps se queda sin el estuche de su madre.

—Oye —lo llamó Wheesel.

Less se detuvo y giró sobre sus talones.

—¿Sí?



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 28.08.2026

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