Rotten Farm

Capítulo 33

## 33: No soy bueno en eso

Ya casi no recordaba los tiempos en los que la existencia transcurría con normalidad; aquellos días lejanos en los que no existían virus, vacunas ni ninguna de esas maldiciones. Resultaba irónico pensar que, mucho antes de perderlo todo en la catástrofe global, él ya lo había extraviado por cuenta propia. Su vida se había diluido entre el vaho del alcohol, la compañía pasajera de mujerzuelas y el consumo de otras sustancias; una existencia dominada por la amarga costumbre de profesar más afecto a las cosas materiales que a sus propios hijos. Atrapado en su propia arrogancia, terminó quedándose solo. Apenas se le permitía ver a los más pequeños una vez a la cuaresma... hasta que aquel día llegó.

El sonido del teléfono irrumpió en la penumbra de su estancia.

—Por favor, no nos vemos desde el funeral de nuestro hijo mayor —suplicó la voz del hombre a través del auricular, con el aliento entrecortado por la desesperación—. Él murió por ese virus y... este podría ser el fin del mundo o algo así, y no quiero estar lejos de ustedes. No me alejes, por favor... te lo ruego.

Al otro lado de la línea, la voz de la mujer sonó distante, gastada por los fracasos del pasado.

—No lo sé. Ya lo intentamos y no funcionó. Sigues siendo el mismo de siempre.

—Intento cambiar, en serio lo intento —insistiere él, aferrando el teléfono con ambas manos—. Solo una... una más.

Un silencio denso se prolongó a través de la línea mientras la mujer meditaba su decisión. Finalmente, dejó escapar un suspiro.

—Te espero mañana a las cinco, ¿entendido? Avisaré a nuestros hijos.

—Sí, sí, sí. Podemos hacer una cena familiar y... no te arrepentirás.

Aquel hombre se vistió con una pulcritud que jamás había desplegado, eligiendo la mejor ropa de su armario como si aquel fuera el último día de su vida. Salió a la calle y avanzó a través de un barrio aledaño en una ciudad cualquiera, portando un exuberante ramo de rosas rojas y algunos obsequios envueltos con esmero.

¡Wiiuh! ¡Wiiuh! ¡Wiiuh!

El eco ensordecedor de varias sirenas de ambulancia retumbó a lo lejos, cortando la tranquilidad del aire.

—Ah, joder con mi suerte —masculló el hombre, apurando el paso mientras sostenía con firmeza los regalos—. Solo espero que no se interpongan y me bloqueen el paso. Este virus ya no lo soporto... qué va, han pasado siete años ya y todavía...

Su perorata mental se congeló de golpe al doblar la esquina. Toda la manzana yacía devastada por lo que parecía ser un brote severo del virus MMM. El lugar era un caos absoluto: unidades de bomberos, rescatistas y miembros de los cuerpos de seguridad acordonaban el área entre el resplandor de las luces de emergencia.

—No... no, no... —murmuró el hombre, dejando caer las rosas y los paquetes al asfalto.

A unos metros, la estructura de la casa de su familia yacía hecha trizas. Justo enfrente, en el suelo, descansaban varios cuerpos sin vida cubiertos por sábanas blancas. Sin importarle la barricada de seguridad ni las advertencias, echó a correr impulsado por el pánico.

—Oiga, ¿qué hace? —un guardia de seguridad lo interceptó, extendiendo los brazos—. Esta es una situación de carácter oficial, por ahora no se permite el acceso de civiles.

—¡Me vale un cuerno! —el hombre lo empujó con rabia, intentando abrirse paso a la fuerza—. ¡Mi familia vivía aquí! ¡Mi familia vivía aquí! Quiero saber si...

Sus palabras se ahogaron en su garganta. Justo en ese instante, una brisa helada levantó ligeramente una de las sábanas blancas. El hombre reconoció el tono exacto del cabello y la palidez de la mano que sobresalía. Un quebranto devastador lo rompió por dentro. Sus piernas perdieron la fuerza y colapsó sobre sus rodillas en medio de la calle, ahogándose en un sollozo ahogado.

Snif, snif... chijajjaja... ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!

---

En la azotea de un edificio de dos plantas que flanqueaba la plaza principa, se fijaban los preparativos finales. En ese lugar, equipado con un imponente tablero de mezclas y altavoces orientados hacia la multitud, se encontraban Wheesel, Vladimir, dos chicos y una joven.

—Ok, todo está listo —anunció Wheesel, frotándose las manos con entusiasmo impredecible—. Quiero la música encendida desde ya. Son las siete de la noche, no perdamos más el tiempo. ¡¡Que suene!! Se los encargo, muchachos —añadió dirigiéndose a los encargados del sonido—. Ya lo saben, buena música, ok. No quiero nada de webonadas. ¡Vamos abajo, Vladimir, somos el alma de la fiesta!

Vladimir contempló a Wheesel con una sonrisa resignada y se giró hacia los jóvenes.

—Ya lo perdimos —comentó entre risas.

El chico al mando del tablero de control le devolvió una mirada sarcástica, haciendo una ceña rápida al pasar la palma de su mano abierta frente a su cuello, como si se lo cortara.

—No aguanta nada.

—Definitivamente —asintió Vladimir, guiñándole un ojo a la chica del grupo, provocando que esta se sonrojara al instante—. Cuiden a mi chica, ok.

En ese momento, las primeras notas pesadas de música electrónica al estilo tech house retumbaron en los parlantes, invadiendo los oídos de la multitud y haciendo vibrar el suelo de la plaza.

—¡Jajajaja, empezamos! —exclamó Vladimir.

Tomando impulso sobre la baranda, saltó hacia las escaleras del el piso inferior con agilidad felina. Como una droga de efecto inmediato, la frecuencia del bajo se impregnó en las neuronas de cada persona presente en el lugar, fusionándolas en una marea de euforia colectiva.

Abajo, cerca de la zona protegida por el balcón de la posada, Wheesel alzó la cabeza y gritó hacia el tragaluz:

—¡Lance! ¿Qué pasa con esas luces, Lance?

Lance, quien maniobraba apresuradamente con los conectores al fondo del pasillo, respondió sin perder la calma:

—Ya lo hago, ya estoy en ello.

Ipso facto, potentes haces de luz neón y láseres multicolores rasgaron la penumbra, transformando la plaza en un escenario psicodélico e inmersivo. En cuestión de milisegundos, el ambiente pasaba del azul profundo al rojo vibrante, para luego teñirse de rosa y verde centelleante.



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En el texto hay: ciencia ficcion, virus, mundo distopico

Editado: 28.08.2026

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