Entramos a la mansión y su interior resultó tan imponente como su exterior.
Diseño entre clásico y vanguardista el cual daba un gran contraste, paredes con cuadros antiguos y muebles minimalistas, ese contraste resultaba cautivador y acogedor al mismo tiempo; el diseñador si que pensó hasta en los más mínimos detalles.
Su sala nos recibió mostrando su majestuoso piso de mármol relucía bajo la luz, una mesita de madera labrada y encima un jarrón grande blanco de vidrio soplado repleto de flores de diversos tipos y colores; alrededor del mismo una sala de color negro piel que ocupaba el espacio, para topar con pared falsa que da acceso al comedor; una hermosa mesa de cristal para diez personas, sillería moderna y un gran ventanal cerrado por cortinas color rojo.
La cocina se orientaba hacia el norte y resplandecía por su diseño amplio y funcional, cerca se hallaba el baño de visitas; lavamanos de mármol, decoración de motivos marinos, creando una atmósfera fresca.
Un pasillo con dos escaleras de caracol se extendía para dar con el segundo piso albergaba se visualizaban 4 puertas de madera, que daban a los cuartos, cada uno con un diseño distintivo, al fondo del pasillo una escalera al piso tercero que era la habitacion mas grande, ya que se componia de una sala de estar, area de television, una biblioteca y al fondo la recamara de Leirbag, todo era cautivador a luz tenue; una cama king size con edredon negro, y sábanas de satín negro que contrastaban con las paredes impecablemente blancas.
Un diván descansaba en una esquina, mientras que un televisor de plasma se integraba perfectamente en la pared. La recámara se orientaba hacia el bosque, permitiendo que un fresco aroma a cedro y pino impregnara naturalmente el ambiente, creando una atmósfera serena y acogedora.
Junto a la recámara, se hallaba un enorme baño; con tina de color marfil, detrás del baño, un cuarto adicional que contaba con un gran vestidor.
Luis se apoyó en la orilla de la cama extasiado de tanta elegancia, Leirbag se sentó a su lado y lo miro como quien mira a alguien especial.
Se quedaron mirándose frente a frente; la proximidad entre ellos generaba inquietud y deseo a la vez. Luis sentía un éxtasis que iba en aumento, pero a la vez algo de temor, sin embargo, debajo de ese miedo latía un deseo intenso, un anhelo que lo consumía desde adentro; unas ganas irresistibles de besarlo
Su rostro cobraba vida de una manera perturbadora, como si despertara a través de mi observación. Sus ojos adquirían profundidad, sus facciones se tornaban más vivas, más presentes. Su boca se acercó lentamente a la mía, y entonces un beso largo, profundo, que pareció suspender el tiempo y el lugar.
El sabor metálico en un primer momento, pero a la vez sumamente adictivo; como si ese beso trascendiera lo meramente físico.
Mientras sus pensamientos rugían como tormentas, cada uno batallaba con sus deseos ocultos; Luis deseaba ser tocado y besado en lugares desconocidos, mientras que Leir resistía la tentación de morderlo, pero también deseaba ese contacto humano, sus mundos se estrellaban en sus pensamientos.
Los besos eran hipnotizantes, adictivos de una forma que desafiaba toda lógica, todo intento de resistencia era imposible ya que el deseo y la lujuria eran mayor que cualquier cosa; ambos se encontraban atrapados en ese ciclo de placer y rendición del que no deseaba soltarse.
Leirbag recorría el cuerpo de Luis, explorando sin prisa, como si memorizara cada curva, línea, o cicactriz de Luis y Luis palpaba el pecho esculpido y frio de Leirbag.
El tacto de Leir llevo a Luis flotar, era tanto el placer recibido que sus pensamientos no le permitían asimilar la realidad; pero en ese instante, con los ojos cerrados, se entregó completamente a la sensación. El tiempo se detuvo y el espacio se contrajo.
Solo existían ellos, suspendidos en una burbuja de éxtasis.
Cada caricia, roce, despertaban en Luis sensaciones totalmente desconocidas; era como si cada toque abriera puertas a nuevas experiencias, a placeres insospechados que habitaban en los rincones más profundos de mi ser.
Luis cerró los ojos con fuerza, deseando que ese momento perdurara infinitamente; sin darse cuenta y en el calor de las caricias se fueron desprendiendo de sus prendas hasta quedar en ropa interior.
La vulnerabilidad mutua intensificaba todo: la cercanía, intimidad y confianza que depositaba Luis en él iba en aumento y con ello cada respiración era más intensa, su corazón latía más fuerte
"Espera, detente" - grito Luis.
Leirbag se detuvo inmediatamente, extrañado de aquella petición sus ojos buscando los míos con preocupación. "¿Estás bien?"
"Sí, solo..." No se cómo explicarlo.
Hace tiempo vivi una experiencia que no quiero repetir; Luis esta sentado con las piernas recogidas y abrazadas contra el pecho, mirando al edredon.
Tenía veinte años cuando lo conocí. Él era todo lo que Luis pensaba que quería: seguro, elegante, dueño de una sonrisa que parecía prometer mundos desconocidos. Diez años mayor, con una vida resuelta y un magnetismo que arrastraba.
Al principio, todo fue deslumbrante: cenas en restaurantes donde el vino costaba más que su sueldo, paseos en autos que parecían flotar sobre el asfalto, palabras dulces que sonaban a futuro.
Luis se dejó llevar. ¿Cómo no hacerlo? Después de años en su escuela solo si nadie que se interesara en el, llegó alguien que lo veía de manera especial. Pero la ilusión comenzó a resquebrajarse la noche en que lo invitó a su casa.
El departamento era impecable, minimalista, con ventanales que dejaban entrar la luz de la ciudad como un río dorado. Luis pensó que sería una noche tranquila, quizá una película, una charla más. Pero la mirada del otro era distinta: ardía con una urgencia que Luis no entendía. Cuando la mano se posó sobre su pierna, supo que algo había cambiado.
—No quiero —dijo, con voz temblorosa pero firme.