Roulan

Capítulo 6: La profecía inconclusa (II)

Parte 2

Las ruinas fragmentadas

Caminaron varias horas por senderos que apenas existían, la exuberante vegetación de zapote y flamboyán, junto ceibas por doquier impedían la visibilidad de la zona y y hacia dificultoso el transitar por ese camino.

Mendoza con linterna en mano seguía el sendero que ya estaba trazado y Leirbag fingiendo necesitar la luz.

La selva nocturna era ruidosa—insectos, animales ocultos, el susurro constante de hojas y viento. Para Leirbag era música familiar.

Las ruinas emergieron de la oscuridad como dientes rotos de algún gigante enterrado. Eran pequeñas comparadas con la de Palenque o Chichén Itzá, pero había algo en ellas—una resonancia que Leirbag sintió en sus huesos inmortales.

“Nadie sabe de este lugar todavía”, advirtió el Dr. Mendoza mientras iluminaba una estructura semi-derrumbada. “Los trabajadores locales se niegan a entrar de noche.

Dicen que hay un Guardián.”

"¿Qué ha encontrado hasta ahora?"

Mendoza lo guio hacia lo que parecía haber sido un templo interior.

Dentro del templo, los muros estaban cubiertos de glifos.

No eran deidades mayas clásicas: eran esquemas técnicos.

  • Panel A: Seres de piel liquida inyectando un elixir a humanos.

  • Panel B: mismo elixir mutando, creando colmillos y alas de murciélago, al sol arden.

  • Panel C: humano aura verde ofreciendo sangre a nocturno, ambos emergen bajo el sol sin arder.

Leirbag sintió que su corazón muerto—si aún latiera—se habría acelerado.

"Esto es lo extraordinario", dijo el arqueólogo, iluminando una sección específica. "Estos glifos no siguen la iconografía tradicional maya.

Hay elementos que no he visto en ningún otro sitio."

Y allí estaban: las figuras que Marcus había fotografiado.

Humanoides con colmillos evidentes, bebiendo de cuerpos postrados.

Pero había más—símbolos que representaban la noche y el día en conflicto, un disco solar atravesado por una línea, una figura emergiendo de la oscuridad hacia la luz.

«¿Puede traducirlos?» preguntó Leirbag, la tensión filtrándose en cada sílaba.
Mendoza descifró lo que pudo: «Cuando la sangre portadora active el Sol Verde, la noche se abrirá como umbral… pero la luz cobrará su precio».
Hizo una pausa, como si las palabras le pesaran.
—Es… inusual. Habla de seres que caminan en la noche. Bebedores de esencia, los llama. No sé si es metáfora o advertencia…
—Continúe.
—Sugiere que existe un modo para que estos seres crucen hacia la luz. Una profecía, tal vez un ritual. Algo sobre “cuando la sangre pura encuentre la sangre eterna”.

Y aquí—" señaló una serie de glifos más elaborados, "'el sacrificio voluntario del inocente romperá las cadenas de la noche'."

Leirbag se acercó tanto que Mendoza retrocedió instintivamente.

"¿Qué más? ¿Qué más dice?"

"Eso es el problema." Mendoza iluminó el final de la secuencia, donde los glifos terminaban abruptamente en piedra erosionada.

Faltaba la última sección: la piedra estaba partida, como si alguien hubiera roto el procedimiento de seguridad.

La selva parecía guardar silencio, como si supiera que estaba a punto de traicionar lo único puro que había tocado en siglos.

Leirbag tocó la piedra fría, sus dedos trazando los símbolos que podía ver. Sangre pura. Sangre eterna. Aura Verde Virginal, Sacrificio voluntario del inocente, Sacrificarse en….

Una imagen de Luis—su aura verde, su pureza apabullante—cruzó su mente como un relámpago.

"¿Hay algo más?" preguntó, su voz ahora perfectamente controlada. "¿Alguna otra referencia en el sitio?"

Mendoza negó con la cabeza.

"He explorado cada estructura.

Esta es la única mención de estos… bebedores de esencia.

Pero tengo la impresión de que este lugar es solo un fragmento de algo más grande. Como si hubiera más información en otro sitio."

Leirbag se quedó en silencio, leyendo y releyendo los glifos, memorizando cada trazo. Sangre pura. Sangre eterna. Sacrificio voluntario.

La parte que faltaba, la que tal vez explicaba que no tenía que significar lo que su mente oscura sospechaba.

Tenía que encontrar esa parte faltante.

Antes de que la esperanza se convirtiera en horror.

Memoricé cada trazo. Código-O. Sol-Verde. Luis.

Algo observaba desde la selva: una presión en la sien, una voz sin palabras que evaluaba si valía la penan permitirme continuar.

Guardián K’uy-el: “El que busca el amanecer debe pagar su precio. Y yo cobro todas las deudas.




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