Roulan

Capítulo 6: La profecía inconclusa (III)

Parte 3

La cámara sellada

Tras dos semanas de investigación incansable, Leirbag finalmente lo encontró: en el extremo opuesto de las ruinas recién descubiertas, a doce metros de profundidad, se abría un túnel de obsidiana que descendía hacia las entrañas de la pirámide.

Al fondo, una cámara de paredes negras, pulidas como espejos, aguardaba intacta.
Las paredes estaban cubiertas de glifos: figuras humanoides con colmillos extendidos, gargantas abiertas, sangre fluyendo como ofrenda sagrada.
En el centro, las tablillas reposaban enterradas en una cámara sellada, protegidas por siglos de oscuridad; estaban enterradas en una cámara sellada, protegidas por siglos de oscuridad.

En el centro: tres tablillas de piedra verde —no maya, biocerámica alienígena—.

Al tacto vibraban, como si latieran; el aire se volvía denso, cargado con el peso de milenios.
Cuando sus manos rozaron la superficie fría de las tablillas, un murmullo extraño se instaló en su mente—no era sonido, sino una vibración que recorría su conciencia como ondas.
Las piedras parecían respirar bajo sus dedos, despertando de un letargo ancestral.
Cada surco tallado palpitaba con vida propia, desafiando toda lógica.
Bajo la luz temblorosa de la linterna, las palabras comenzaron a revelarse: caracteres que sus ojos no podían descifrar, pero que su mente comprendía de manera inexplicable.

Grabado en la superficie y ahora comprensible para Leirbag, comenzó a leer en voz alta, Mendoza estaba asombrado y con su pluma empezo a escribir en su libretita lo que decia.

Tablas rúnicas :

1. Sangre-portadora (línea verde).
2. Sangre-eterna (Nocturno).
3. Entrega voluntaria → activación Código-O.
⚠ Si el corazón miente, ambos se volatilizarán bajo el sol.”

Debajo, la estrella de ocho puntas se iluminó débilmente cuando mi mano toco la piedra.

Luis es la llave y yo soy la cerradura. El Guardian espera el pago.

"Cuando la sangre pura encuentre la sangre eterna, la noche se abrirá como un umbral; pero la luz no será gracia si el corazón miente Sufrirá tormento, sufrirá dolor, deberá soportarlo por amor y será de aquel sacrificio—y no del hambre—que romperá las cadenas del sol."

Leyó las palabras una y otra vez, sintiendo el peso de cada una; era como si las tablillas hablaran por sí mismas, susurrando secretos directamente a su alma, atravesando las barreras del tiempo y el lenguaje para entregar un mensaje que había esperado siglos para ser escuchado nuevamente.

Sacrificio. Amor. No hambre. Luis.

Su mente se convirtió en un torbellino de dilemas. ¿Contarle la verdad sobre su naturaleza? ¿Arriesgarse a verlo alejarse con horror en los ojos? ¿Y si le proponía la conversión y Luis se negaba? ¿Y si aceptaba y algo salía terriblemente mal?

La profecía hablaba de sacrificio y amor, pero no prometía que ambos sobrevivirían al intento; además es algo escrito, no indica que sea cierto.

Leirbag sintió una presencia antigua observándolo desde las sombras de la selva.

No era humana. No era animal.

Era algo que reconocía su naturaleza vampírica y... ¿la codiciaba?
Giró bruscamente, sus sentidos sobrenaturales en alerta máxima. Nada. Solo la oscuridad de la selva y el murmullo del viento. Pero el Dr. Mendoza había retrocedido, pálido.
"¿Sintió eso?" susurró el arqueólogo.
"¿Qué sentiste tú?" preguntó Leirbag.
"Como si... como si algo me estuviera midiendo. Evaluando si valgo algo." Mendoza se
estremeció. "Los trabajadores locales se niegan a venir aquí de noche. Dicen que hay un
guardián. Algo que protege estos secretos."
*"El que busca el amanecer debe pagar su precio. Y yo cobro todas las deudas."*

Salió de las ruinas, con una sensación de que podría ver la luz del sol.

Guarde las tablillas en un estuche forrado de plomo. Al salir la selva olía a ozono y los insectos guardaban silencio.

Se fijó un único objetivo: volver a la ciudad, desnudar la verdad ante Luis y pactar con el Guardián antes de que el sol, implacable, revelara su propósito.




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