Roulan

Capítulo 7: La conversión (II)

Parte 2
La conversión

Esa misma noche.

La habitación está en penumbra total. Solo una estrella de ocho puntas proyectada por un pequeño holo-proyector baña la pared norte; el resto es ceniza y obsidiana.

Leirbag preparó la habitación según las instrucciones de las tablillas—velas en formaciones específicas, símbolos dibujados con ceniza en el suelo, el cuchillo ceremonial que había traído desde Yucatán.

Leirbag coloca las tres tablillas verdes en triángulo, enciende velas de sebo negro y dibuja con ceniza mezclada con su propia sangre el símbolo que acaba de memorizar: el disco solar atravesado por la línea K’uy-el.

Leirbag le dijo con mucho cuidado recuéstate aquí.

Luis se recostó en la cama, sereno, confiado.

Demasiado confiado para alguien que estaba a punto de morir y renacer.

"¿Dolerá mucho?" preguntó con una sonrisa pequeña.

"Más de lo que puedes imaginar", respondió Leirbag con total franqueza. "Pero estaré aquí a tu lado todo el tiempo."

Leirbag cerró los ojos, respirando hondo —aunque no necesitaba el aire— como si estuviera rezando. Cuando los abrió, ya no eran completamente negros. Había algo más antiguo en ellos, algo que trascendía al hombre que Luis había conocido.

—Que los dioses nos perdonen —murmuró—. Y que la profecía no mienta.

Paso 1 – El pacto

Luis entra con paso lento, camiseta empapada de sudor frío

Luis —¿Y si me arrepiento a mitad del camino?

LEIR (sin mirarlo, ajustando el cuchillo) —Entonces ambos estallamos en luz verde
(señala las tablillas) Este es un contrato alienígena, no un capricho.

Leirbag extiende la hoja ceremonial (obsidiana negra, filo obsidiana vede y se corta so propia palma de la mano; sangre gotea sobre símbolo y emana un brillo al intante.

Leir (voz baja, casi reverente)

  • Sangre-eterna ---- lista.

  • Sangre portadora ---- falta, aqui entras tú Luis.

Luis traga saliva, toma el cuchillo ceremonial, extiende la mano temblando y en un susurro le dice al oido –Firmo. Pero si un solo rayo me quema, te cazo hasta el fin de los días.

Corta la palma de su mano y ambos aprietan las heridas juntas, la mezcla cae sobre el dibujo de ceniza y la estrella de ocho puntas se enciende en verde fosforescente.

Paso 2 – El mordisco protocolario

Leirbag se arrodilla, coloca la mano de Luis sobre su propio pecho y sus colmillos se alargan.

LEIR (murmullo rítmico, casi cantado)

“Por el Sol-Verde, por la línea original, por el error que hoy devolvemos…”

Muerde.

Luis se tensa, ojos abiertos, venas verdes visibles bajo la piel.

El destino, al fin, se puso en marcha.

El mordisco fue ceremonial, controlado. Leirbag sintió la sangre de Luis en su lengua—cálida, vibrante, con ese sabor a vida que había olvidado; tuvo que ir más allá, tuvo que drenarlo, dejando un poco para no causarle un daño a Luis; pero que pudiera llegar al borde mismo de la muerte.

Los ojos de Luis se abrieron con pánico cuando su cuerpo comenzó a entender lo que estaba sucediendo.

Luis – Duele, duele.

Se aferró a los brazos de Leirbag, sus dedos clavándose con fuerza cada vez menor.

"Shh", murmuró Leirbag, acariciando su cabello. "Casí termina. Aguanta un poco más."

Drena lentamente hasta que el pulso de Luis cae al límite.

Paso 3 – La devolución

Leirgab se cortó la muñeca con el cuchillo ceremonial y presionó la herida contra los labios pálidos.

"Bebe", ordenó. "Bebe o mueres."

Luis obedeció por instinto, sus labios cerrándose sobre la herida, succionando con desesperación. Y entonces comenzó—la transformación. Su cuerpo se arqueó en la cama, un grito ahogado escapando de su garganta.

Las venas se oscurecieron bajo su piel, visibles como ríos de tinta. Sus ojos se volvieron completamente negros antes de cambiar a ese rojo profundo característico de los recién convertidos.

El dolor era evidente en cada línea de su cuerpo tenso, en la forma en que sus manos se aferraban a las sábanas como si fueran lo único que lo anclaba a la realidad.

"Leirbag", jadeó, y había terror en su voz. "Leir por favor, para, no puedo— es demasiado—"

"Sí puedes. Estoy aquí. No te dejaré."

Pero entonces algo cambió.

Paso 4 – El despertar fallido

Cuando la luz del amanecer toca la ventana, la estrella proyectada parpadea y un zumbido eléctrico recorre la habitación.

Los ojos de Luis se enfocaron en la ventana, mira las luces del amanecer comienza teñir el cielo.

Su cuerpo, ahora en la etapa vulnerable entre humano y vampiro, comienza a reaccionar al sol, y como un instinto primario, un llamado de advertencia grabado en su nueva sangre.

Luis comienza a arquearse, emite un grito ahogado, siente que algo le quema la piel y se lanza de la cama con velocidad sobrehumana, hacia la esquina oculta del cuarto.

LUIS (voz distorsionada) —¡Calor… quema…!

Rompe la puerta de un tirón y sale disparado hacia el pasillo.

LEIR (grita) —¡Luis, no! ¡El sol te matará!! ¡La transformación no está completa. Todavía eres vulnerable, puedes morir si el sol te alcanza.!!

Baja las escaleras de tres en tres.

Leirbag lo persiguió a través del edificio, saliendo a la calle justo cuando Luis desaparecía en un callejón. El cielo se teñía de púrpura y naranja.

Tenían minutos, tal vez menos.

"¡Luis!" gritó, su voz resonando en las calles vacías. "¡El sol te matará! ¡Tienes que volver!" Iba repitiendo.

Pero Luis seguía corriendo, perdido en el terror de su transformación, huyendo de lo que estaba convirtiéndose, huyendo del dolor, huyendo de la eternidad que acababa de aceptar.

Leirbag se esconde en sótano abandonado; el cielo se tiñe de púrpura y naranja.




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