Rowena

Capitulo 63

La plaza principal las siguió como una herida que no cicatrizaba. Lady Evelin tomó la iniciativa con la frialdad de quien sabe afeitar la reputación de alguien sin mancharse la propia mano. Reunió testigos: artesanos que afirmaban haber visto a Rowena en muelles en horas sospechosas, una mujer con fama de procurar secretos que aseguró haber recibido paquetes sellados a nombre de la mujer de la sombra, y un escribiente que juró que un registro había sido alterado. Los rostros eran decididos y ensayados, pulidos por la práctica de la acusación.

—Señores y señoras del consejo —declaró Evelin frente a la cámara que se llenaba de nobles—, no es suficiente que hablemos de sospecha. Hoy traigo testimonios que demuestran una red. Si el rey permite que nuestra seguridad se vea comprometida por intereses oscuros, entonces no hemos gobernado en absoluto.

Guideon escuchó con el gesto cerrado. En su mano, la copa vibró como si la gravedad de lo que se decía hubiera aumentado su peso. Lady Evelin no necesitó más que eso: plantar la semilla de la duda públicamente.

El rey tomó la palabra con la solemnidad de quien sostiene la posibilidad de un desastre.

—Si hay pruebas de transgresión contra el templo o la corona, se actuará conforme al rito. El templo y la corona mantienen la ley que nos sostiene. —Miró a la mesa mayor—. Preparen el ritual de excomunión. Lo usaremos si lo necesario: no como sentencia final, sino como amenaza pública contra aquellos que traicionan la fe y la estabilidad.

Las palabras de Guideon fueron como un látigo que barrió la sala. Un ritual de excomunión era más que una expulsión: era un estigma que borraba reputación y fundamento. Lady Evelin sonrió apenas; en su mirada había el brillo del que ha colocado la ficha que considera decisiva.

Fara llegó temblando, llevando en la cara el brillo de quien ha pasado noches sin dormir. Tenía una tregua con la compostura, pero la ciudad asfixiaba con su rumor. Su hija, pequeña y aprendiza en los talleres de la orfebrería, había sido interrogada por hombres de la Varmont, y Fara había descubierto cartas anónimas que exigían silencio a cambio de "bienestar" para la niña. Si no se ofrecía algo, la vida de la niña se volvería una transacción.

Rowena la miró como quien mira una llama cercana: cálida, peligrosa.

—Tengo que contar algo —dijo Fara con voz quebrada—. No para salvarme a mí. Para salvar a mi hija. Si hablan de excomunión, si todo esto se convierte en tribunal, yo no quiero que la busquen a ella.

Se sentó en un banco frente al consejo. Sus manos no dejaban de moverse, como si cada palabra fuera un hilo que, una vez soltado, podría ahogar.

—He llevado paquetería para Rowena —confesó—. Sí, paquetes sellados a direcciones no oficiales. Fueron órdenes de pedir por ella. No sabía lo que contenían; eran envoltorios que no quería preguntar. Lo hice porque me prometió que mi hija tendría trabajo en la corte, que no la tocarían si yo pagaba. Creí que era por protegernos.

Una ola corrida de cuchicheos. Lady Evelin la miró con la expresión de quien ha atrapado a un pez mayor con una red pequeña.

—¿Lo hiciste por dinero? —preguntó Evelin con cortante curiosidad.

—No solo por dinero —contestó Fara—. Por miedo. Por necesidad. Le pedí que me protegiera cuando llegaron cartas que decían que si no guardaba silencio, le harían "un bien" a mi hija. Yo pensé que Rowena era una mujer que podía reclamar favores. Creí que me ayudaba.

Rowena cerró los ojos por un instante, el gesto de quien calcula pérdidas y ganancias...



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En el texto hay: mentiras, reina, ambicion

Editado: 10.01.2026

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