Rowena

Capitulo 66

La ciudad se preparaba para una noche que sería recordada en los anales de su historia. Las antorchas iluminaban las calles empedradas, y un aire de expectación flotaba en el ambiente. En el corazón de la ciudad, el gran templo se erguía como un coloso, su cúpula dorada brillando bajo la luz de la luna. Rowena, la ambiciosa noble que había tejido su red de intrigas y alianzas, se encontraba en el centro de todo, lista para sellar su destino con un acto simbólico que podría consolidar su poder.

En el interior del templo, los preparativos estaban en pleno apogeo. Los sacerdotes vestían sus túnicas ceremoniales y decoraban el altar con flores frescas y velas. Rowena supervisaba cada detalle con una mirada intensa, sus ojos brillando con determinación.

—Asegúrate de que las flores sean las más frescas, y que los cánticos sean ensayados a la perfección —ordenó a uno de los asistentes, su voz firme.

—Sí, mi señora —respondió él, inclinando la cabeza antes de correr hacia la salida.

Mientras tanto, en un rincón del templo, Lady Evelin observaba con desdén. Su rostro reflejaba la frustración acumulada por semanas de maniobras fallidas. No podía permitir que Rowena se alzara sin oposición.

—Esto no puede quedar así —murmuró para sí misma, apretando los puños.

Esa misma noche, Rowena se retiró a una sala privada, donde las sombras danzaban en las paredes. Allí, se reunió con varios personajes influyentes: comerciantes ávidos de favores, miembros de la guardia dispuestos a cerrar los ojos ante ciertas irregularidades y algunos informantes que conocían los secretos más oscuros de la ciudad.

—Lo que les ofrezco es más que un simple favor —comenzó Rowena, su voz resonando con un carisma magnetizante—. Les ofrezco poder. Si me apoyan en esta ceremonia, yo aseguraré que sus intereses sean protegidos.

Los murmullos de aprobación llenaron la sala. Un comerciante de rostro arrugado se adelantó.

—¿Y qué hay de aquellos que se opongan a ti? ¿Cómo los silenciarás?

Rowena sonrió, una sonrisa que no alcanzó sus ojos.

—Con astucia y determinación. Cada uno de ustedes tiene algo que perder; asegúrense de que sus enemigos no tengan voz en esta noche.

La conversación continuó, y mientras se cerraban pactos y promesas, Rowena sintió cómo su moral se desvanecía lentamente. La ambición tenía un precio, y ella estaba dispuesta a pagarlo.

Cuando la ceremonia comenzó a tomar forma, Lady Evelin decidió que era el momento de actuar. Con una determinación feroz, se presentó ante la multitud reunida en el templo.

—¡Rowena! —gritó, su voz resonando como un trueno—. ¡No puedes engañar a este pueblo! ¡Tu ambición ha llevado a Eldoria a la ruina!

El murmullo creció entre la multitud, y muchos comenzaron a murmurar en apoyo a Evelin. Sin embargo, Rowena había anticipado este movimiento. Desde las sombras, un testigo preparado hizo su aparición.

—¡Silencio! —exclamó el hombre, levantando una mano—. Yo fui testigo del engaño de Lady Evelin. Su intención es desestabilizar a nuestra futura reina.

La multitud se volvió hacia Evelin, confundida y dividida. Rowena sonrió con satisfacción mientras veía cómo su adversaria perdía terreno.

Sin embargo, no todo estaba perdido para Lady Evelin. En un rincón apartado del templo, Iren observaba la escena con una calma calculada. Sabía que no podía detener la ceremonia, pero tenía un plan alternativo.

—Que comience el rito —ordenó con voz grave a sus seguidores—. Aunque Rowena obtenga su momento de gloria esta noche, yo controlaré la narrativa.

Los murmullos se dispersaron entre los asistentes mientras Iren convocaba a sus seguidores a realizar un ritual alternativo en las sombras del templo. Sabía que la guerra institucional había comenzado y que cada movimiento contaba.

Finalmente, llegó el momento culminante. Rowena se encontraba frente al altar, vestida con una túnica resplandeciente que simbolizaba su ascenso al poder. El rey apareció ante la multitud, y los vítores resonaron en el templo.

—Hoy celebramos una nueva alianza —anunció el rey con voz potente—. Rowena será reconocida como nuestra protectora y aliada.

La multitud estalló en aplausos y vítores, pero en el fondo del templo, los murmullos del rito alternativo comenzaron a hacerse oír. La vela encendida por Hermana Lysa parpadeaba en su rincón oscuro; ella había tomado una decisión crucial.

—Que este fuego sea testigo —susurró Lysa para sí misma—. La verdad siempre encuentra su camino.

Fara observó desde lejos mientras recibía una pensión por su discreción; su rostro mostraba el precio pagado por sus decisiones. Sabía que cada palabra susurrada tenía un peso en esta balanza inestable.

Mientras el reino celebraba en las calles iluminadas por antorchas y fuegos artificiales, Iren se retiró a la penumbra. Con una mirada decidida, ordenó:

—Que comiencen los procedimientos para comprobar la legitimidad de Rowena ante el pueblo. Esta guerra institucional no ha hecho más que comenzar.

Las sombras se alzaron alrededor de él mientras la ciudad festejaba, ajena al tumulto que se avecinaba. La noche estaba lejos de haber terminado; era solo el comienzo de una lucha por el alma del reino...



#3136 en Otros
#424 en Novela histórica
#341 en Aventura

En el texto hay: mentiras, reina, ambicion

Editado: 10.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.