El templo se alzaba imponente bajo un cielo encapotado, su cúpula dorada reflejando la luz tenue del día. Hoy, su interior estaba preparado para un evento que marcaría un hito en la historia de la ciudad: el “Juicio de la Luz”. Iren había orquestado este ritual con maestría, combinando elementos religiosos y políticos en una ceremonia que prometía deslegitimar a Rowena ante los ojos del pueblo.
En el gran salón del templo, el eco de pasos resonaba mientras los nobles y ciudadanos se agrupaban, sus murmullos llenando el aire con un sentido de anticipación. Iren, de pie en el altar, observaba con una sonrisa sutil mientras los asistentes tomaban sus asientos. Su mirada se detuvo en Rowena, que estaba en el centro de la sala, rodeada de sus seguidores. La tensión era palpable.
—Hoy —comenzó Iren con voz firme—, nos reunimos para evaluar la pureza y la moralidad de nuestra nueva protectora, Rowena. Este juicio no solo es un rito; es un llamado a la verdad.
Algunas cabezas asintieron, mientras que otras se mostraban escépticas. Un noble de rostro arrugado se levantó.
—¿Acaso no es un insulto a la ceremonia real? Rowena ha sido reconocida por el rey. ¿Qué derecho tenemos para cuestionarla aquí?
—La verdad no conoce títulos ni coronas —replicó Iren, su tono cortante—. Todos somos iguales ante los ojos de la divinidad.
La corte se dividió en dos bandos. Algunos nobles exigían respeto por la ceremonia real, mientras que otros clamaban por justicia. Las voces se alzaron en un crescendo de acusaciones y defensas.
—¡Es una farsa! —gritó una noble de cabello plateado—. ¿Quiénes son ustedes para juzgarla? ¡Es nuestra reina!
—¡Silencio! —intervino el Capitán Thar, quien había sido designado para mantener el orden—. Este juicio debe llevarse a cabo con respeto y dignidad. No permitiremos que esto se convierta en un espectáculo.
Mientras las tensiones aumentaban, Hermana Lysa observaba desde un rincón oscuro del templo. Su corazón latía con fuerza; sabía que su testimonio podría cambiar el rumbo del juicio. Pero, ¿a quién debía lealtad? ¿A la verdad o al templo?
Cuando Iren convocó a Hermana Lysa al estrado, ella sintió un nudo en el estómago. Caminó hacia el altar, sintiendo las miradas fijas en ella. Iren le sonrió con complicidad.
—Hermana Lysa, tú has estado cerca de Rowena. ¿Qué puedes decir sobre su carácter y acciones?
Lysa tragó saliva, sus pensamientos luchando entre la lealtad y la verdad.
—Rowena ha hecho mucho por nuestra comunidad —comenzó con voz temblorosa—. Ha trabajado incansablemente para mejorar las condiciones de vida de los menos favorecidos…
Iren levantó una ceja, interrumpiéndola.
—¿Y qué hay de las acusaciones de corrupción? ¿No has visto cómo ha manipulado a quienes le rodean para su propio beneficio?
El murmullo creció entre los asistentes. Lysa sintió que su corazón se hundía. Sabía que si no hablaba con sinceridad, podría perderlo todo.
—He visto cosas que me preocupan —admitió finalmente—. Pero también he visto su deseo de cambiar el sistema desde dentro…
La respuesta de Lysa fue ambigua, y los murmullos aumentaron en intensidad.
Cuando llegó el turno de Rowena para defenderse, se puso en pie con una confianza renovada. Sacó documentos cuidadosamente preparados y los mostró al público.
—Estos son registros que demuestran la corrupción entre algunos clérigos —dijo, su voz resonando con fuerza—. No soy perfecta, pero estoy dispuesta a enfrentar la verdad y limpiar nuestro templo.
Los nobles comenzaron a murmurar entre ellos, pero Iren no se dejó intimidar.
—¿Y qué hay de tu relación con Fara? ¿No es ella quien ha estado involucrada en actos cuestionables?
Rowena apretó los puños, consciente del peligro que su amiga enfrentaba.
—Fara ha sido una aliada leal y ha trabajado por el bien del reino —respondió con firmeza—. No podemos dejar que rumores infundados destruyan vidas inocentes...
Editado: 10.01.2026