Capítulo 1 - Una Princesa en Aprietos
Amkor, Comunidad de Magos y Hechiceras (Guardianes de los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego)
La hechicera Gaian, tutora de la princesa y directora de la Academia de Hechicería Togsarth, entró en silencio a la recámara de Rowena y quedó horrorizada. Todo estaba hecho un desastre: varas mágicas rotas, notas de papel rasgadas, y un líquido verde que manchaba el suelo y el tocador. Gaian reconoció el olor a éter y supo que era culpa de Kurdut, el dragón mascota de la princesa Rowena. Kurdut era un animal travieso y destructivo, que causaba problemas por todo el castillo. La tutora suspiró y se dispuso a limpiar el desorden. Rowena dormía plácidamente y la hechicera no podía creer que la princesa fuera tan despreocupada, cuando aún no dominaba el acto mágico que debía ejecutar esa noche, en la fiesta de presentación con motivo de su decimoctavo cumpleaños.
Rowena había elegido la magia de transformación, la más difícil de todas, que consistía en preparar una poción que alteraba el aspecto físico de una persona. Hasta el momento, la joven no había logrado transformar ni uno solo de sus cabellos. La hechicera estaba impaciente y decidió despertarla con ruido. Sacudió las cortinas, taconeó los zapatos y golpeó los muebles. Rowena se quitó la cobija de la cara y abrió los ojos.
—Gaian, ¿qué haces? ¿No ves que estoy durmiendo? ¿Cómo te atreves a molestarme así? Haré que te corten la cabeza —dijo Rowena, en broma. Bostezó y se estiró. Luego, se sentó en la cama, con desgano.
Gaian no se dejó intimidar y le respondió:
—No me importa. Con cabeza o sin cabeza, vendré todas las mañanas a despertarte para que estudies. Hoy es tu presentación y tu acto no está listo. Tu padre debe estar dudando de tu inteligencia, y yo sé que la tienes, solo que la usas mal. ¿Estás segura de que quieres hacer ese acto? Aún puedes cambiarlo. Podrías hacer el de la invocación a la lluvia, que es el único que te sale bien.
—No me gusta, me mojo mucho. Además, mi hechizo debe ser algo espectacular, que deje a todos con la boca abierta.
—¿Y el de la aparición de animales?
—No, huelen mal.
—Entonces, alguno de la magia de la ilusión, ya que es fácil engañar a la gente. Habrá muchos invitados importantes, Rowena, y todos te mirarán. ¿Sabes que hay muchos que quieren que fracases?
Rowena restó importancia al asunto. Sabía que su acto no era perfecto, pero confiaba en que todo saldría bien. Había oído rumores de que los magos rebeldes que estaban en contra de su reinado podrían atacar en la fiesta, pero su padre era poderoso y tenía el Libro de los Hechizos, el objeto mágico más preciado de Amkor. Nadie se atrevería a enfrentarlo. Y cuando ella heredara el Libro, sería poderosa también. No tenía miedo.
—No te preocupes, Gaian. Ayer logré transformarme por treinta segundos. Practicaré un rato con Waterly. Ella es una excelente instructora, y la mejor en transformaciones en Amkor.
Gaian se acomodó los lentes, antes de responder:
—No estoy preocupada por Waterly, sino por ti. Waterly tiene el mejor promedio de la Academia de Hechicería Togsarth, pero el tuyo deja mucho que desear. ¿Tienes todos los ingredientes de la poción transformadora?
—¡Más o menos! Solo me faltan algunos que iré a buscar a la isla Shell Reef. ¡Deja de preocuparte!
—¿Cómo? ¿Todavía no los tienes todos? Eso tendría que haber estado listo desde hace semanas. Las cosas no se dejan para última hora —y siguió regañando a Rowena, que no le prestó atención, porque se distrajo viendo el amanecer por la ventana. El espectáculo del sol iluminando la Bahía Encantada y las islas era uno de los regalos de la naturaleza que le gustaban a Rowena, y lo único que la animaba a levantarse temprano para aprender sobre pócimas, amuletos y conjuros. Ciertamente, la Bahía Encantada y el Mar de los Suspiros eran sus lugares favoritos y muchos de sus súbditos murmuraban a sus espaldas que la princesa se identificaba más con el Clan Agua que con su propia gente.
—Gaian, ¿crees que seré una buena reina? —preguntó Rowena, como si de repente se diera cuenta de la responsabilidad que le esperaba.
La hechicera, que estaba arreglando la cama y quitando el polvo de las almohadas, se detuvo y se acercó a la ventana para responderle:
—Eso depende de ti. Si adquieres disciplina, respetas los protocolos y aprendes los diferentes tipos de magia, serás imparable.
Rowena volteó a mirarla con sus enormes ojos azules. Su tutora era una optimista incurable, pero la princesa conocía muy bien sus debilidades y fortalezas, y sabía que el camino hasta el trono estaba plagado de complicaciones.
—Entonces, ¿por qué los regentes de las islas quieren robarme el trono? —preguntó con angustia.
La hechicera Gaian la tomó por los hombros y, mirándola a los ojos, respondió:
—No todos, Rowena. ¡No generalices! Tu tío Darkclay es tu único adversario y no puedes culparlo por eso. Yo misma aspiraría al trono si me encontrara en su situación. Cree que por ser un Magenti tiene derecho a gobernar. Ser el regente de la isla Burning Fire, la peor de las islas de Amkor, no debe ser de su agrado. Imagino que sueña con habitar el Castillo Eifer. Por eso, debes demostrar que tienes lo que se requiere para ser una reina. Tú debes aprender, además de la elemental, la magia de invocación, de transformación, de ilusión y la de sanación. Es tu deber saber los tipos de magia que se practican en tu reino. Prepárate aprendiendo, si no todas, al menos un poco de cada una, y úsalas, incluso si tienes que hacerlo contra tus propios súbditos. Muchas veces el enemigo está dentro de tu casa, y no afuera —le advirtió con seriedad.