Rowena Y El Libro De Los Hechizos

2. Waterly, una Amiga Peculiar

Capítulo 2

Waterly, una Amiga Peculiar

Rowena llegó al muelle justo a tiempo para tomar el ferry de las nueve de la mañana. Embarcó con Meoler, quien estaba acostumbrado a ir y venir de la isla; Rowena lo dejó en el área de los caballos, pues en el ferry había un área acondicionada para ellos. Luego, subió hasta la cubierta a respirar el aire marino de la bahía. Adoraba el aroma a salitre y mar, y aspiró una buena bocanada pegada a la barandilla. Estuvo largo rato observando la espuma que destilaba el ferry por la popa y se sintió confortada por aquel espectáculo tornasolado que formaban las aguas azuladas junto al horizonte. En un momento dado, unas voces llamaron su atención. Giró la cabeza y observó a un grupo de magos, vestidos con túnicas estrafalarias, que estaban en la proa discutiendo con una pitonisa sobre nuevas formas de predecir el futuro. Ellos alegaban que las bolas de cristal estaban en desuso y que, en cambio, se estaba comercializando un aparato digital que hacía lo mismo, en menos tiempo y con más precisión; y presagiaban el fin de las artes adivinatorias a corto plazo. La pitonisa se defendía diciendo que nada que usara electricidad o pilas podía ser confiable. A Rowena no le interesó el tema y caminó hasta el otro extremo del barco a ver si veía a las sirenas, que eran muy escurridizas; pero, en su lugar se topó con una manada de delfines, que saltaban entre las olas levantando una cantidad considerable de agua.

Entonces, notó algo perturbador: un joven la miraba con insistencia desde la cabina del capitán. A pesar de la distancia, pudo observar que llevaba una camisa negra, guantes y una gorra que pretendía ocultarle el rostro; aun así se veía su nariz perfilada y parte del cabello castaño oscuro. Rowena se puso nerviosa. ¿Quién era? ¿Qué quería? Cada vez que ella volteaba, él desviaba la mirada y fingía mirar hacia otro lado. ¿La estaban siguiendo? La conversación que había tenido con Gaian esa mañana le dio qué pensar. ¿Sería él parte del grupo de rebeldes que quería hacerle daño? Pero después, desapareció. Fue como si se lo hubiera tragado la tierra, así que no volvió a pensar en él.

Cuando el ferry llegó a la isla, Rowena desembarcó sin problemas. Hacía calor, pero era soportable. Meoler se portó como un campeón, a pesar de la incomodidad del clima y las inconveniencias de viajar en ferry. Tan pronto tocaron tierra, Rowena montó a Meoler y se enrumbaron hacia la parte de la costa en donde se encontraba el Castillo Raw. En el camino, la gente saludaba a la princesa, pues era usual verla por esos lares y algunos le gritaban las felicitaciones por su cumpleaños. Salió del camino principal, torció por un camino arenoso y llegó a la playa. Enseguida vio a Waterly sentada sobre un tronco caído, mirando a las gaviotas picotear la superficie azulada del mar en busca de peces. Rowena se apeó de un tirón, y corrió en su dirección, levantando a su paso un poco de arena. Las dos muchachas se saludaron con un abrazo y Rowena se sentó a su lado diciendo:

—Adoro este lugar. Creo, inclusive, que me gusta más que mi península. La playa, las palmeras, las gaviotas, este olor tropical; todo me encanta y me hace feliz. Estando aquí soy libre, me olvido de mis obligaciones y no tengo a Gaian detrás de mí recordándome el protocolo.

Waterly sonrió, la playa tenía el mismo efecto en ella. Era la mejor amiga de Rowena y vivía en el Castillo Raw, cerca de los arrecifes. Usaba la magia de la transformación para ponerse cola para ser sirena. También practicaba la magia elemental del agua: hidroquinesis, hechizo que le permitía controlar el agua con la mente, pudiendo moverla, moldearla o solidificarla a su antojo; acuaportación, para transportarse a través del agua, siempre que hubiera una fuente de agua conectada al destino; y, además, podía cantar como una sirena y emitir un sonido hipnótico que atraía a las personas hacia el agua, para ahogarlas o capturarlas, pero hasta la fecha, no había tenido necesidad de hacer algo tan drástico.

Waterly tenía la misma edad que Rowena. Siempre estaba bronceada y tenía el cabello color mostaza, con las puntas quemadas, porque pasaba mucho tiempo en la playa rescatando estrellas de mar para devolverlas al océano. Ambas eran polos opuestos. Waterly era desordenada y bulliciosa, mientras Rowena era tranquila y confiada; Waterly prefería las fiestas y la música, mientras su amiga adoraba la quietud y el silencio. Pero un tópico en el que ambas coincidían tenía que ver con el mundo de los mundanos. A los seres mágicos no se les permitía ir a ese mundo, al cual se accedía a través de un portal recitando ciertas palabras mágicas que se encontraban en el Libro de los Hechizos y estas palabras mágicas solo la conocían el guardián del portal, el monarca y los tres regentes. Había que tener un permiso especial para cruzar y una buena razón para hacerlo. La más común era para ir a surtirse de la mercancía que no había en el reino; y los gnomos eran los expertos en este campo; pero ni siquiera ellos conocían las palabras, ya que el guardián se encargaba de abrir y cerrar el portal cuando era requerido. Debido a esta disposición, ningún humano había pisado alguna vez el reino de Amkor.

Pero Waterly había descubierto una forma de llegar hasta el mundo de los mundanos. Siempre había sentido una atracción irresistible por el mar. Le fascinaban sus colores y sus misterios. Sabía que el mar era la fuente de la magia, el lugar donde se originaba la energía que alimentaba su mundo. Pero también sabía que el mar era peligroso, que albergaba criaturas feroces y corrientes traicioneras. Por eso, nadie se atrevía a explorar sus profundidades. Pero, un día, mientras se bañaba en el Mar de los Suspiros, sintió la llamada de una sirena. Era una voz suave y melodiosa, que le susurraba al oído. Waterly vio que la sirena portaba una luz azul que brillaba bajo el agua. Sin pensarlo dos veces, se convirtió en sirena y nadó hacia ella. A medida que se alejaba de la costa, la luz se hacía más intensa y la voz más clara. Se dio cuenta de que no era una voz, sino una canción. Una canción que le hablaba de otro mundo y de otro mar. Waterly se sintió atraída por la canción, como si fuera parte de ella. Siguió nadando, sin importarle el frío o la presión. Solo quería llegar a la fuente de la canción.




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