Rowena Y El Libro De Los Hechizos

8. La Captura de Zaen

Al día siguiente, Waterly ya se había recuperado del shock mágico, aunque aún estaba estupefacta por todo lo que le comentó Rowena sobre su parentesco con Debron. Dispuesta a ayudar a si amiga, Waterly reitero la importancia de capturar a Zaen lo antes posible para ayudar a Hurrena y Osram. Debron estuvo de acuerdo y ofreció su ayuda, aunque no le gustaba la idea de ir con Luca. Por otro lado, Luca no quería dejar sola a Rowena, y menos con Debron.

A final de la mañana, los cuatro decidieron presentarse en el bar. Llegaron cerca del mediodía y entraron con cautela. El lugar estaba lleno de gente de todo tipo. En el mostrador, un hombre gordo y calvo servía las bebidas. En una esquina, sobre el escenario, una mujer cantaba una canción triste, acompañada por un hombre que tocaba la guitarra.

Rowena miró a su alrededor y le preguntó a Luca si veía a Zaen. Él negó con la cabeza. La princesa se acercó al que creía era el dueño del bar para interrogarlo:

—Disculpe, caballero. ¿Por casualidad conoce a alguien de nombre Zaen?

El hombre la miró de arriba abajo y contestó:

—No conozco a nadie con ese nombre.

Rowena no le creyó, y le insistió:

—Vamos, ¡haga memoria! No es un nombre común…

Pero él se enfadó:

—No entiende que ya le dije que no lo conozco. ¡Váyase!

Rowena le dijo que no se iría hasta que le dijera la verdad. El dueño se puso violento, y le gritó que se fuera o que se atuviera a las consecuencias. La princesa, a quien no le agradaba que le hablaran con altanería, se puso firme, y le dijo que no le tenía miedo. El dueño se lanzó sobre ella, y trató de golpearla, pero Rowena esquivó el golpe, y le dio una patada en el estómago. El dueño cayó al suelo, y se retorció de dolor.

El bar se quedó en silencio. Todos miraron a Rowena, sorprendidos y asustados. Algunos se levantaron de sus asientos, y se acercaron a ella. Otros se quedaron quietos, y esperaron a ver qué pasaba. Rowena se dio cuenta de que había causado un problema, y que tenía que salir de allí. Buscó a sus amigos con la mirada y los vio cerca de la puerta. Les hizo una señal, y salió corriendo del bar. Ellos la siguieron.

—¿Esa fue tu forma sutil de interrogar a un sospechoso? —preguntó Luca con sarcasmo, en la acera de enfrente, tratando de recuperar el aliento.

—El hombre me sacó de mis casillas —se defendió Rowena.

Entonces, un pájaro azul que volaba por el cielo llamó la atención de la princesa. Era un pájaro hermoso, con un plumaje brillante y un canto melodioso. La princesa sintió una extraña conexión con el pájaro, y decidió seguirlo. Pensó que quizás el ave era una señal que la llevaría a Zaen, o a su madre.

Rowena decidió seguir al pájaro por las calles del pueblo, sin importarle el tráfico o la gente. Luca, Waterly y Debron la siguieron, preocupados y confundidos. No entendían por qué Rowena se había fijado en el pájaro, ni a dónde iba. Le pidieron que se detuviera y les explicara. Pero Rowena no les hizo caso, y siguió caminando.

El pájaro los llevó hasta una biblioteca, que estaba al final de una calle. Era un edificio grande y antiguo, con una fachada de piedra y unas ventanas de cristal. En la puerta, había un cartel que decía: “Biblioteca Municipal. Abierta de lunes a viernes, de 9 a 17 horas. Sábados, de 10 a 14 horas. Domingos, cerrada”.

Rowena se detuvo frente a la biblioteca, y miró al pájaro. Este se posó en una de las ventanas, y picoteó el cristal. Rowena entendió que el pájaro quería que entrara en la biblioteca, y que allí encontraría algo importante. La princesa se disponía a entrar, cuando sintió que Luca la detenía tomándola del brazo. Le señaló la ventana, al tiempo que decía:

—¡Es Zaen!

El hombre estaba dentro de la biblioteca, sentado en una mesa, leyendo un libro. Rowena se quedó paralizada, sin saber qué hacer. ¿Debía entrar en la biblioteca, y enfrentarse a Zaen? ¿O debía esperar a que saliera, y seguirlo? Miró a sus amigos. Luca, Waterly y Debron la miraron, y esperaron a que ella tomara una decisión. Rowena respiró hondo y decidió entrar en la biblioteca. Estaba vacía, salvo por Zaen y por una mujer que estaba detrás del mostrador. En ese momento, Zaen se levantó y devolvió el libro que estaba leyendo, sin prestarle atención a Rowena que caminaba hacia el mostrador. Rowena volteó a mirar a Debron y Luca y con la mirada les indicó que siguieran al maleante. La princesa se acercó a la mujer, y le preguntó si podía ver el libro que estaba leyendo Zaen. La mujer le dijo que sí, y Rowena le agradeció. Era un libro grande y grueso, con una tapa de cuero y unas letras doradas, pero no era el Libro de los Hechizos. Rowena se sintió decepcionada.

—¿Me podría indicar qué sección suele frecuentar el mago que se acaba de marchar? —le preguntó la princesa a la mujer del mostrador, quien le respondió con una voz monótona y nasal:

—Pasillo 2, sección L1, Libros Mágicos.

Rowena tenía una corazonada. ¿Qué mejor lugar para ocultar un libro que en una biblioteca? Se dirigió al pasillo 2 y hojeó los títulos que allí se apilaban. Encontró uno que llamó su atención, lo tomó y hojeó su portada. Se leía: “El Libro de los Hechizos. La magia de Amkor y el mundo de los hombres”. Rowena no podía creerlo. Era el libro que buscaba, el libro que Zaen le había robado y que contenía los secretos de su reino. Se sintió feliz, y aliviada. Había encontrado el Libro de los Hechizos, y había cumplido su misión. Ahora solo tenía que salir de la biblioteca, y volver a Amkor. Para salvar a su padre, y liberar a su madre.




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