Rowena se vio de pronto en la calle 7 de su reino. Ansiosa, pero satisfecha por haber logrado rescatar al Libro de los Hechizos, sintió la urgencia de ver a su padre. Se aferró a su mochila y se dispuso a caminar hasta el Castillo. Pronto estaría de nuevo con su él. No obstante, mientras caminaba, sintió una atmosfera extraña, casi asfixiante. No había personas en las calles, pero sí muchos guardias con mala actitud. Entonces, un sentimiento de angustia afloró en su corazón. Por instinto, trató de pasar desapercibida, al menos hasta que supiera lo que estaba pasando. Siguió caminando, ya casi llegaba al castillo. Pero, al momento de pisar el puente levadizo, un grupo de guardias se le acercó. No eran los habituales, pues vestían otro uniforme.
—¿Dónde está mi padre? —fue lo primero que preguntó la princesa.
Uno de ellos se jactó diciendo:
—Tu padre está muerto y su cuerpo fue comido por los cuervos.
Rowena sintió un nudo en el corazón. Aquello no era posible. ¿Qué había pasado durante su ausencia? La angustia la paralizó y lloró con sentimiento, mientras era arrastrada hasta el patio de armas.
—¿Dónde está Gaian? —pudo preguntar, sin que la ahogaran las lágrimas.
—Eso no es de tu incumbencia —expresó su tío Darclay, quien dándose cuenta del bullicio se había acercado para conocer la causa. En ese momento, los guardias le arrebataban la mochila y el Libro de los Hechizos cayó al suelo estrepitosamente.
Rowena no entendía lo que estaba pasando. Se sentía como atrapada en una dimensión descocida, una en la que todos los personajes estaban alterados.
—Por lo que veo encontraste el Libro de los Hechizos. —dijo su tío, alzándolo del piso— Es un presente muy preciado para mi boda y mi posterior coronación.
—¿Dónde está mi padre? ¿Qué le hiciste?
—Tu padre descansa en el valle de la muerte. Gracias, querida sobrina por el Libro. Y no te preocupes, me aseguraré de que estés en el palco principal para que presencies en primera plana mi boda y mi coronación —y haciendo una seña a los guardias, estos se acercaron y tomaron a Rowena por brazos y piernas para llevarla al calabozo, con la princesa gritando y pateando por los pasillos.
Por otro lado, a cientos de kilómetros de allí, Waterly, en el lobby de la mansión de la Casa Spiros, se preparaba para ayudar a Debron a encontrar a su madre, pues el día anterior, Zaen había confesado el lugar exacto en dónde la tenía. Waterly ya se disponía a salir cuando observó a un mago del clan acercarse a Debron, quien la esperaba en el jardín. Se detuvo para darles privación. Estos conversaron un rato y luego Debron se alejó. Vio a Waterly en el umbral de la puerta y se acercó a ella.
—Tengo malas noticias. El rey Osram ha muerta y la princesa Rowena ha sido capturada por su tío. Ahora Drakclay es el nuevo rey.
Waterly se horrorizó al escuchar aquellas palabras y no daba crédito a lo que oía. ¿Darkclay se había proclamado rey? ¿Cómo era eso posible? Pensó en su amiga y en lo mucho que debería estar sufriendo en esos momentos. Se preocupó también por sus padres. ¿Qué sería de ellos? Tenía que regresar a Amkor. Habló con Debron:
—Sé que prometí ayudarte a encontrar a tu madre, pero Rowena está en peligro. Debo ir a Amkor.
—Comprendo perfectamente. Daré instrucciones para que dos de mis mejores soldados te acompañen.
—No es necesario, Debron. Contactaré a Luca para que me acompañe. Estoy segura de que no se negará.
Y efectivamente, Luca, quien aún no había abandonado España, no lo dudó ni un momento, y aceptó ir con ella. También quería salvar a Rowena, y volver a verla. Esta vez, no la dejaría escapar. Llegó una hora más tarde al Castillo Spiros. Ambos se despidieron de Debron. Waterly acotó:
—Suerte con la búsqueda de tu madre. Esperemos que podamos reunirnos nuevamente en mejores circunstancias. Kurdut y Harpie se irán conmigo.
—¡Suerte! ¡Tengan cuidado! Estoy seguro de que nos veremos pronto. —dijo Debron, abrazando a Waterly y estrechando la mano de Luca.
Tanto Waterly como Luca abandonaron la Casa Spiros con grandes incertidumbres.
—¿Cómo iremos a Amkor? ¿Sabes abrir los portales?
—Si todo está tan mal, como creo, no nos dejarán entrar por los portales. Usaremos el mismo método que usamos cuando entramos a tu mundo.
—¿Las tortugas apestosas? —preguntó con horror.
Waterly asintió.
Llegaron a la misma playa en donde habían desembarcado y Waterly invocó a sus animales. Aparecieron casi de inmediato. Esta vez, Luca no tuvo que ser amarrado. Se sometió al suplicio con resignación. El trayecto duró menos de media hora.
Cuando llegaron al Mar de los Suspiros, Waterly estaba ansiosa. No podía esperar llegar al Castillo Shaw para saber de sus padres. Tan pronto se bajó de la tortuga, corrió, levantando la arena blanca de la costa con sus pies. Luca corrió también detrás de ella.
Entró estrepitosamente al castillo y se dirigió a la sala de reuniones en donde creyó escuchar voces. En efecto, los padres de Waterly y el regente de las Montañas Blancas ya estaban formando un grupo de magos leales para hacerle frente a Darkclay.
La madre de Waterly, al verla, corrió a abrazarla, pero, seguidamente, la reprendió: