Rowena Y El Libro De Los Hechizos

10. El Valle de las Serpientes

Rowena no podía creer que hubiera escapado de las garras de su tío, el usurpador que había asesinado a su padre y la había encerrado en el calabozo más oscuro del castillo. Gracias a Luca y Waterly, había podido huir en medio de la noche, con la suerte de que pudieron tomar los caballos del establo sin ser descubiertos. Ahora se dirigían al sur, hacia el Bosque de los Susurros. Debían llegar a la isla Sea Shelf para reunirse con los aliados y finiquitar los planes para recobrar el control del Castillo Magenti. Se enfrentaría al tirano y recuperarían el trono que le pertenecía a Rowena por derecho.

La princesa sentía una mezcla de esperanza y temor. Esperanza de poder vengar a su padre y restaurar la paz en el reino. Temor de que su tío los descubriera y los capturara de nuevo. Y sobre todo, temor de no poder ser la reina que su pueblo necesitaba en ese momento.

—No te preocupes, princesa —le dijo Luca, que cabalgaba a su lado—. Estamos cerca del bosque. Allí estaremos a salvo.

—Gracias, Luca —le respondió Rowena con una sonrisa, todavía incrédula de que Luca hubiera dejado su mundo para venir a rescatarla—. No sé cómo agradecerte lo que has hecho por mí.

—Yo sí sé —dijo Luca, mirándola con picardía.

Rowena se sonrojó. Luca era un joven apuesto y valiente. Desde que lo había conocido, había sentido algo especial por él, pero no se atrevía a admitirlo. Sabía que su destino era casarse con algún príncipe de otro reino, para sellar una alianza política. Pero en ese momento, solo quería estar con Luca.

Waterly, que iba detrás de ellos, los observaba con una sonrisa burlona.

—Vaya, vaya, qué bonito es el amor —les dijo Waterly, acercándose a ellos— Pero no se distraigan, que tenemos que llegar al bosque antes del anochecer.

—¿Por qué? —preguntó Rowena.

—Porque si no, nos arriesgamos a encontrarnos con Bulgaria — respondió Waterly.

—¿Bulgaria? —repitió Luca, confundido.

—Sí, Bulgaria. La serpiente parlante más vieja y sabia del mundo —explicó Waterly.

—¿Una serpiente parlante? —exclamó Luca, incrédulo.

—Sí, una serpiente parlante. No me digas que no has oído hablar de ella —dijo Waterly, con sarcasmo.

—No, nunca he oído hablar de ella —admitió Luca.

—Bueno, pues deberías. Bulgaria es una leyenda. Se dice que sabe todo lo que pasa en el mundo, y que puede ver el pasado y el futuro. Muchos la buscan para pedirle consejo o ayuda, pero pocos la encuentran. Y los que la encuentran, no siempre quedan satisfechos con lo que les dice. Bulgaria es muy caprichosa y misteriosa. A veces ayuda o engaña. A veces es amable o cruel. Nunca se sabe qué esperar de ella.

—¿Y dónde vive? —preguntó Luca, realmente intrigado.

—Vive en el valle de las serpientes, un lugar oculto entre las montañas, donde solo las serpientes pueden entrar. Allí tiene su guarida, rodeada de miles de serpientes de todas las formas y colores. Pero a veces sale de su escondite, y se pasea por los alrededores, buscando algo o alguien que le interese.

—¿Y qué pasa si nos la encontramos? —preguntó Luca, nervioso.

—Pues depende. Si tenemos suerte, nos ignorará. Si tenemos más suerte, nos ayudará. Si tenemos mala suerte, nos hará una pregunta. Y si tenemos muy mala suerte, nos devorará —respondió Waterly, con una risa.

—¿Nos devorará? - repitió Luca, aterrado.

—Sí, nos devorará. Bulgaria es una serpiente gigante, de más de diez metros de largo y un metro de grosor. Tiene la piel verde y escamosa, los ojos rojos y brillantes, y unos colmillos venenosos que pueden atravesar cualquier armadura. No le teme a nada ni a nadie. Ni siquiera al tío de Rowena, el usurpador.

—¿Cómo lo sabes? — preguntó Rowena.

—Porque una vez lo vi. Fue hace unos años, cuando tu tío ganó un torneo. Yo estaba con mi padre y otros invitados. De repente, vimos una sombra enorme que se movía por el cielo. Era Bulgaria, que volaba sobre nosotros, con sus alas de murciélago. Sí, Bulgaria también tiene alas. Se acercó al castillo, y vio a tu tío, que estaba en el balcón, celebrando su victoria. Entonces, bajó en picada, y lo atacó. Lo agarró con sus mandíbulas, y lo levantó en el aire. Todos pensamos que lo iba a matar. Pero no lo hizo. Lo soltó, y lo dejó caer al suelo. Luego, se alejó, riendo. No sé por qué lo hizo. Tal vez le pareció divertido. Tal vez quiso darle una lección. O tal vez quiso dejarlo vivo, para que sufriera más.

—Sí, lo recuerdo —dijo Rowena.

—¿Y qué le pasó a tu tío? —preguntó Luca.

—Se rompió varios huesos, y se quedó inconsciente. Pero se recuperó. Y desde entonces, tiene una cicatriz en el cuello, que le recuerda lo que le pasó. Y también tiene miedo. Miedo de Bulgaria, de que vuelva a buscarlo y que lo termine de matar.

—¿Y tú no tienes miedo? —le preguntó Luca a Rowena.

—No, yo no tengo miedo. Yo tengo curiosidad. Me gustaría conocerla y hablar con ella. Tal vez me diga algo que me ayude a derrotar a tu tío. O tal vez me diga algo que me sorprenda o que me cambie la vida.

—Pues yo no quiero saber nada de ella —dijo Luca—. Prefiero llegar al bosque, y olvidarme de las serpientes.




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