Rowena Y El Libro De Los Hechizos

12. El Infiltrado

A medianoche, Rowena se despertó. Su padre dormía profundamente. Se levantó con cuidado y salió a la entrada de la cueva. Bulgaria estaba allí, enroscada sobre una roca plana, mirando las estrellas que se veían a través de una grieta en el techo.

—No pudiste dormir, ¿verdad? —preguntó la serpiente sin volverse.

—No —admitió Rowena—. Sigo pensando en lo que dijiste… en la pregunta.

Bulgaria giró lentamente la cabeza. Sus ojos rojos brillaban como brasas.

—¿Y ya sabes la respuesta?

Rowena miró hacia el valle. Miles de serpientes se movían en silencio bajo la luz de la luna, como un mar vivo y ondulante.

—Creo que sí —dijo al fin—. Quiero salvar a mi padre… y quiero salvar a mi pueblo. Quiero a Luca… pero no puedo dejar que mi reino caiga por amor. Quiero ser reina… pero no a cualquier precio. Quiero todo eso. Y al mismo tiempo, nada de eso si significa perder a las personas que amo.

La serpiente soltó un siseo que podría haber sido una risa.

—Una respuesta honesta. No perfecta… pero honesta. Eso ya es más de lo que muchos pueden decir.

—¿Y ahora qué? —preguntó Rowena.

—Ahora regresas con tus amigos. Ahora planeas. Ahora luchas. Y cuando estés frente a Darkclay, acuérdate de una cosa: el poder no está solo en el Libro de los Hechizos. Está en las decisiones que tomas cuando nadie te ve. En las personas que eliges proteger. En el amor que decides dar aunque duela.

Rowena asintió lentamente.

—Gracias, Bulgaria.

—No me des las gracias todavía, princesita. Quizás algún día tenga que cobrarte esa pregunta que aún no has pagado del todo.

Y con eso, la serpiente desplegó sus alas membranosas y se elevó en silencio hacia el cielo nocturno, desapareciendo entre las estrellas.

Rowena regresó a la cueva. Luca seguía despierto. Cuando ella se sentó a su lado, él le pasó un brazo por los hombros sin decir nada. Rowena apoyó la cabeza en su pecho y cerró los ojos.

Mañana comenzarían la verdadera guerra.

Pero esa noche, por unas horas, solo existían ellos dos, el latido compartido y la certeza de que, pase lo que pase, ya no estaban solos.

El amanecer tiñó el valle de las serpientes con un velo rosado, como si el sol mismo se inclinara ante Bulgaria. Rowena, Luca, Waterly y Gaian abandonaron la cueva con el rey Osram apoyado en el hombro de Luca. El monarca aún estaba débil, pero su voluntad era férrea como el acero encantado. Leprechaus se enroscó alrededor de su cuello, un collar vivo y protector.

—Hija mía —dijo Osram, con voz ronca pero firme—, no podemos demorarnos. Darkclay coronará su traición mañana. Debemos unirnos a la resistencia en el Castillo Shaw.

Rowena asintió, montando en uno de los caballos que habían dejado en el bosque. Kurdut, ahora en su forma felina para no llamar la atención, se acurrucó en la mochila de Waterly junto a Harpie. El grupo cabalgó hacia el sur, cruzando el Bosque de los Susurros con sigilo. El aire estaba cargado de tensión; sabían que espías de Darkclay merodeaban por todas partes.

Llegaron al Castillo Shaw al atardecer. El regente Goldar Raw, padre de Waterly, los recibió con un abrazo feroz. La resistencia ya se había organizado: magos del Clan Agua y aliados de las Montañas Blancas se reunían en el gran salón, planeando el asalto al Castillo Magenti durante la boda y coronación de Darkclay. La noticia de que el rey vivía se extendió como un hechizo de luz, reavivando la esperanza.

—Majestad —dijo Goldar, arrodillándose ante Osram—, vuestro regreso es un milagro. Darkclay ha convertido el castillo en una fortaleza, pero con vuestro liderazgo, lo recuperaremos.

Osram, sentado en un trono improvisado, asintió.

—El Libro de los Hechizos es clave. Sin él, Darkclay es vulnerable, pero no podemos subestimarlo. Rowena, cuéntame todo lo que has vivido.

La princesa relató su aventura: el viaje al mundo de los mundanos, el encuentro con Luca, la captura de Zaen y Debron... o al menos, lo que ella creía saber de él. Waterly añadió detalles sobre el Castillo Spiros y la supuesta hermandad de Debron.

—Hemos dejado a Debron atrás, buscando a Hurrena —concluyó Waterly—. Pero con Zaen capturado, pronto tendremos respuestas.

Luca, en silencio, observaba todo con recelo. Algo en Debron nunca le había cuadrado, pero no tenía pruebas. Rowena le explicó a su padre que Hurrena estaba viva y que Zaen los había engañado a todos. El rey estupefacto no sabía qué pensar.

La reunión se extendió hasta la noche, trazando planes: un ataque sorpresa durante la ceremonia, infiltrados en la multitud, hechizos de distracción. Rowena sentía el peso de la corona invisible sobre su cabeza. Era la heredera legítima, y ahora, con su padre vivo pero debilitado, el liderazgo recaía en ella.

De repente, un guardia irrumpió en el salón.

—Un visitante, majestad. Dice ser Debron de la Casa Spiros. Viene solo, pero armado con un bastón encantado.

Rowena y Waterly se miraron, sorprendidas. ¿Cómo había llegado tan rápido? Osram frunció el ceño.

—Que pase. Pero vigiladlo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.