Rozando la perfección

Capítulo 10

Alexander

—Vale —dice—. Ya puedes ir contando.

Resoplo y me paso la mano por la nuca.

—No es lo que parece...

—Alex —me corta—. Tienes cinco segundos antes de que empiece a sacar conclusiones.

Cierro los ojos un momento y luego los abro.

—Livia no es mi novia.

Ethan alza las cejas.

—Ya.

—Y mis padres... —añado rápido—. Han malinterpretado las cosas. Creyeron que era mi novia. Y yo no los corregí.

Se queda en silencio, procesándolo.

—¿Y ella está de acuerdo con esto? —pregunta finalmente, serio.

—Sí —respondo—. Lo sabe. Lo hablamos. No es algo que le haya caído encima sin avisar.

Ethan chasquea la lengua.

—Se va a cabrear contigo.

—No creo. —Digo enseguida—. Ella aceptó.

Me mira con desconfianza.

—Ya —dice—. Pero una cosa es que lo sepan tus padres, que no los volverá a ver nunca... y otra cosa es que ahora lo sé yo. Y también Lucy.

Ahí me quedo quieto. Mierda.

—Eso... —empiezo— eso no estaba en el trato.

Ethan me mira unos segundos más, intentando procesar la información.

—¿Tú sabes el marrón que acabas de montar, no? —dice al fin—. Lucy no estaba sorprendida, Alex. Estaba cabreada.

Frunzo el ceño.

—¿Qué?

Ethan suelta una risa seca, sin humor.

—Llevaba días pensando que ibais a acabar liándoos. —Se encoge de hombros—. Y no solo ella. Tú no has parado de insistirme con que a ver cuándo os presentaba "en condiciones", que si parecía interesante, que si tal...

Abro la boca, pero no me deja.

—Y ahora, de repente, resulta que tienes "novia". —Hace un gesto vago con la mano—. Y no una cualquiera, justo la chica que va al mismo equipo de vóley que Lucy.

Me quedo quieto un segundo.
Luego todo me cae encima a la vez.

Me paso las manos por el cuello, como si el aire se hubiera vuelto de repente demasiado espeso. Después, por el pelo, hacia atrás, desordenándolo aún más. Siento la piel caliente, la tensión subiéndome por la nuca y el pulso golpeándome en las sienes.

—Joder... —murmuro, más para mí que para él.

Levanto la vista y lo miro, serio.

—¿Qué coño hago ahora? —Le pregunto en voz baja—. Porque no es como si pudiera deshacerlo delante de todos, ¿sabes?

Él me observa con los brazos cruzados, apoyado en la pared, sin prisa.

—No lo sé, tío —responde—. Pero esto ya no va solo de ti.

Resoplo y vuelvo a pasarme la mano por la cara, notando cómo la ansiedad me aprieta el pecho. Pienso en Livia. En que ella aceptó esto a regañadientes. En que ni siquiera sabe que Lucy está aquí. En que todo se me está yendo de las manos a una velocidad ridícula.

—Es que no era así… —empiezo—. No planeé nada de esto. Solo... pasó.

—Ya —dice Ethan—. El problema es que desde fuera no parece tan inocente.

Aprieto la mandíbula, frustrado.

Y justo entonces, una voz irrumpe desde detrás de mí.

Cierro los ojos.

"Por favor, no, por favor, que no sea ella"

—Ethan.

Lucy está de pie a unos metros, con los brazos cruzados.

—Tu padre te está buscando —añade, sin mirarme directamente, aunque sé perfectamente que es consciente de cada uno de mis movimientos.

Ethan suspira, se endereza y me da una palmada breve en el hombro al pasar a mi lado.

—Luego seguimos —murmura.—Tú puedes con esto, tío.

Se aleja hacia el interior del restaurante, dejándome allí plantado, con el estómago hecho un nudo.

Lucy se queda quieta unos segundos más, observándome como si estuviera decidiendo algo.

—Así que... Livia, ¿eh? —dice al fin, con una media sonrisa que no llega a los ojos.

Me encojo ligeramente de hombros.

—Sí. Bueno... —¿Qué coño digo?

Ella asiente despacio, como si encajara una pieza que no le gusta del todo. Luego gira sobre sí misma y empieza a caminar hacia uno de los bancos de madera del patio del restaurante.

—Ven —dice, sin mirarme, pero sabiendo perfectamente que la sigo.

Y la sigo.

Me siento a su lado, dejando un espacio prudente entre los dos. El aire fuera es más fresco, pero no consigue bajarme la tensión del cuerpo. Durante unos segundos no hablamos. Escuchamos el murmullo lejano del restaurante, alguna risa suelta, el tintinear de cubiertos.

—No me lo esperaba —dice ella finalmente—. Lo de Livia.

—Ya... —murmuro—. Nadie se lo esperaba.

Lucy suelta una risa breve, seca.

—Supongo que eso es lo que más molesta.

Gira la cabeza hacia mí. Está demasiado cerca ahora. Puedo oler su colonia, notando el calor que desprende. Me mira con esa mezcla peligrosa de desafío y vulnerabilidad que siempre la rodea.

—¿Y es de verdad? —pregunta—. ¿O es una de esas historias raras tuyas?

Trago saliva.

—Es... complicado.

—Siempre lo es contigo —responde.

Su mano se mueve primero. Se apoya sobre mi pierna, despacio, como si me diera tiempo a apartarla. No lo hago. Siento el contacto como una descarga directa al estómago. Me quedo quieto, consciente de cada centímetro entre nosotros.

—Alex... —dice en voz baja.

No sé en qué momento exacto ocurre. Solo sé que su rostro se acerca al mío, que mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza, que el beso sucede sin pedir permiso.

Es breve. Intenso. Demasiado.

Cuando se separa, me falta el aire durante un segundo.

Lucy se levanta casi de inmediato, como si nada hubiera pasado. Se sacude el vestido, se recompone.

—Esto a Livia no le va a gustar nada —dice, con una sonrisa ladeada mientras empieza a caminar de vuelta al interior.

La veo alejarse sin decir nada más.

Me quedo sentado, inmóvil.

Mierda.

Joder.

Mierda.

Me paso la mano por la cara, intentando ordenar el caos en mi cabeza. Porque sí, ha sido un error. Un error enorme.

Pero también...

Aprieto la mandíbula.

Joder qué bien besa. Pero no he notado nada.

"¿Por qué coño no siento nada? Joder... es Lucy, está buenisima, es preciosa. Pero nada más. No hay nada más."



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En el texto hay: universidad, amor-odio, proximidadforzada

Editado: 10.08.2026

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