Livia
Salgo de mi habitación intentando no hacer ruido. Sofía ya me está esperando en la parte trasera de la residencia. No pasamos por la recepción; eso sería demasiado arriesgado.
—Livia, estás guapísima —dice, con esa sonrisa de emoción que siempre tiene.
—Gracias, tú también —respondo.
Sofía está impresionante, como siempre, pero hoy con un toque extra de brillo que casi le hace competencia a las luces del pasillo. Lleva unos pantalones llenos de pequeños brillitos plateados que se concentran en la parte superior y van disminuyendo gradualmente a medida que llegan a los tobillos, como si se esfumaran hacia abajo. Cada movimiento hace que los destellos bailen, reflejando la luz de forma sutil, pero suficiente para llamar la atención.
Arriba lleva un top negro sencillo, que contrasta con los pantalones y le da un aire elegante y a la vez despreocupado. El top deja ver sus hombros y parte de la clavícula, marcando la diferencia con la explosión de brillo de los pantalones.
—Vas... muy brillante hoy —murmuro, aunque sé que su estilo siempre supera cualquier comentario mío.
Sofía sonríe, ajustándose un mechón de cabello detrás de la oreja, y su expresión es esa mezcla de confianza y picardía que la hace irresistible. Todo en ella parece pensado, incluso cuando no lo está, y me doy cuenta de que hoy más que nunca, parece lista para arrasar, incluso antes de salir del edificio.
Salimos al parking de la residencia. Las farolas proyectan sombras alargadas sobre el suelo y, a lo lejos, se escuchan risas de otros grupos que también van de camino a alguna parte.
Evelyn, Zoey, Leah, Theo y Liam ya están allí, apoyados contra los coches como si llevaran media hora esperando... aunque seguro que exageran.
Evelyn destaca enseguida. Lleva un vestido azul marino ajustado que le marca la cintura y resalta el contraste con su pelo rubio, que le cae en ondas suaves hasta los hombros. Sus ojos azules brillan bajo la luz del parking y no para de jugar con una pulsera plateada mientras habla.
Zoey, en cambio, va más relajada, pero igual de estilosa. Lleva unos pantalones negros y una blusa también negra ligeramente transparente en las mangas. Su pelo castaño oscuro está recogido en una coleta alta que deja al descubierto su cuello y hace que sus ojos azules se vean todavía más claros. Está apoyada en el coche con los brazos cruzados, observándolo todo con una sonrisa tranquila.
Leah lleva un top marrón y una falda corta blanca que combina con unas botas altas.
Theo, con su camiseta gris ajustada y vaqueros desgastados, se rasca la nuca mientras escucha a Liam. Sus pecas destacan en la cara cuando sonríe, y da la sensación de que siempre está a punto de decir algo gracioso, aunque todavía no sepa qué.
Liam, apoyado en su coche, lleva una camiseta blanca básica bajo una chaqueta oscura. Sus rizos caen desordenados sobre la frente y tiene esa forma de estar relajado que hace que parezca que nada puede alterarlo.
Cuando Sofía y yo nos acercamos, Leah es la primera en reaccionar.
—¡Vamos, por fin llegáis! —dice, levantando las manos al cielo como si lleváramos horas de retraso.
—Ha sido culpa de Livia —responde Sofía de inmediato, señalándome con una sonrisa traviesa—. Se ha pasado diez minutos decidiendo qué ponerse.
—¡Eso es mentira! —protesto, aunque me río—. Solo estaba intentando no parecer un desastre.
Evelyn se acerca y nos abraza a las dos con su alegría. Liam da una palmada suave.
—Bueno, equipo, logística. No cabemos todos en un coche.
Después de un momento de caos y risas , decidimos separarnos. Theo y Liam se van en el coche de Liam. Las chicas —Evelyn, Zoey, Leah, Sofía y yo— nos subimos al coche de Zoey.
El interior del coche huele a ambientador de vainilla y a perfume. Evelyn se sienta delante con Zoey y Leah, Sofía y yo vamos detrás, apretadas pero cómodas. Zoey arranca y la música empieza a sonar, algo de Taylor Swift que Evelyn reconoce enseguida.
—¡Esta canción me encanta! —grita Evelyn, subiendo un poco el volumen.
—La pones todo el día en el piso—se queja Leah, pero sonríe igual.
—Porque es buena —responde Evelyn, ofendida de mentira.
Sofía se inclina hacia mí, con una sonrisa que parece a punto de explotar.
—¿Estás preparada? Esta va a ser nuestra primera fiesta de verdad aquí.
—Supongo… —respondo, mirando por la ventana—. Todavía me cuesta creer que estemos aquí.
—Disfrútalo —dice Leah—. No todos los días sales de fiestas con tus amigas por Boston.
Zoey mira por el retrovisor.
—Y no os olvidéis de que vamos juntas. Nada de perderse.
—Sí, mamá —dice Evelyn, y todas se ríen.
Mientras el coche avanza por las calles iluminadas, siento que la energía va subiendo poco a poco. Las risas, la música, el movimiento... todo empieza a mezclarse.
El coche de Zoey se detiene frente a la casa de Grace. Desde fuera ya se escuchan los bajos de la música atravesando las paredes, vibrando en el pecho como un segundo corazón. Las ventanas están iluminadas con luces de colores, y por el jardín delantero entra y sale gente sin parar, riendo, gritando, viviendo.
—Dios... —murmura Sofía, pegando la cara al cristal. —Esto es enorme.
Zoey aparca con cuidado junto a la acera y apaga el motor.
—Vale, chicas, hemos llegado —dice—. ¡A disfrutar!
Nada más bajarnos, el aire huele a alcohol, a perfume y a hierba mojada. Leah y Sofía prácticamente salen corriendo hacia la entrada, arrastrando a Zoey con ellas.
—¡Vamos! —grita Sofía por encima de la música—. ¡Quiero ver eso ya!
—¡Eh, eh! —dice Evelyn desde atrás, agarrándome suavemente del brazo—. Espera, Livia.
Me giro hacia ella.
—¿Qué pasa?
—Liam y Theo me han escrito —dice, mirando el móvil—. Están a tres minutos. Si entramos ahora, seguro que luego no los encontramos.
Miro hacia la puerta, donde Sofía y Leah ya están desapareciendo entre la gente.