Rozando la perfección

Capítulo 17

Alexander

Después de un rato en la fiesta, decido salir al pasillo para despejarme un poco. Camino despacio, escuchando el ruido y la música que se filtra desde abajo. Al asomarme al balcón, veo que Livia está apoyada en la barandilla, con un vaso en la mano, bebiendo despacio. La luz de la luna le ilumina el rostro; parece frágil, y al mismo tiempo... impresionante.

—Ey —digo, tratando de sonar casual—. ¿Qué haces aquí fuera sola?

Se gira y me lanza una sonrisa torcida, que mezcla diversión y un poco de borrachera.

—Nada... solo... respirando —responde, tambaleándose ligeramente—. Y tú, ¿qué haces aquí?

Me acerco y apoyo un brazo en la barandilla, manteniendo cierta distancia por si tropieza.

—Oye... —dice Livia, inclinándose un poco hacia mí, con los ojos brillantes y una sonrisa torcida—. Te gusta Lucy, ¿verdad?

—¿Qué? —pregunto, arqueando una ceja y tratando de sonar sorprendido, aunque noto que mi corazón se acelera—. No, claro que no.

—Ah... entonces, ¿por qué la has besado? —Insiste, arrugando la nariz, divertida pero seria al mismo tiempo.

Me giro un poco hacia ella, cruzando los brazos, intentando mantener la compostura:

—Y tú... —respondo con voz seca, aunque con un toque de burla—, ¿por qué has besado a Theo?

Se me queda mirando, con la boca entreabierta y un brillo travieso en los ojos:

—Pues... porque tú has besado a Lucy.

La miro un segundo y suspiro al mismo tiempo. Ella vuelve a darle un trago al vaso.

—¿No crees que deberías parar de beber? —Pregunto, con un hilo de preocupación.

—No, estoy perfecta —dice, inclinándose hacia adelante como para demostrarme que puede sostenerse.

La miro y no puedo evitar fruncir el ceño: ni siquiera se mantiene completamente firme.

—Livia... mira —respondo, señalando cómo se tambalea—. Ni siquiera puedes caminar. ¿Cómo esperas mantenerte en pie?

—Sí... puedo —insiste, pero justo en ese momento sus pies resbalan y cae de espaldas contra la barandilla.

—Joder... —gruño, y en un movimiento rápido la cojo en brazos—. Vamos al piso. Vas muy pedo.

Protesta, claro. Su voz suena firme y divertida a la vez:

—¡Alex, suéltame!

—No —respondo, firme—. Ya has bebido suficiente.

La llevo cargando mientras ella patalea un poco, mitad enfadada, mitad riéndose de sí misma. Entramos al salón y la dejo en el sofá un instante:

—Quieta —le digo, señalando con el dedo—. Ni se te ocurra moverte. Voy a despedirme de Ethan.

Livia me levanta el dedo medio, pero se queda quieta, apoyando la cabeza en el respaldo del balcón. No puedo evitar fijarme en ella, incluso así, medio borracha. Tiene algo que hace que todo lo demás desaparezca; la luz de la casa, el murmullo de la fiesta, las voces... todo queda en segundo plano.

Y, joder, sigue estando increíble. Aun con el pelo despeinado y los ojos brillando un poco por el alcohol, sigue guapa. Demasiado guapa. No debería pensar en eso ahora, no debería fijarme tanto, pero no puedo evitarlo. Cada gesto suyo, cada pequeño movimiento, me atrapa.

Me muerdo el labio y aparto la mirada un segundo, respirando hondo. Esto no es el momento ni el lugar. Y aun así, en silencio, no dejo de pensar en lo bonita que está, en cómo me hace sentir, en cómo este maldito caos de fiesta y alcohol no cambia lo que veo: a Livia, tal y como es, desarmándome sin siquiera tocarme.

Busco a Ethan entre la multitud, pero no lo encuentro. Me acerco a Cameron, que está en la mesa de bebidas, ocupado sirviéndose algo:

—Oye, ¿dónde está Ethan? —Pregunto rápido.

—Está fuera, en el jardín —responde Cameron, sin levantar mucho la voz.

—Gracias —le digo, y me dirijo hacia allá.

Al salir al jardín lo veo: Ethan está cerca de Sofía, hablando muy cerca de ella, riéndose y con esa cercanía que me hace fruncir el ceño sin quererlo.

Joder, que suerte... al menos alguien va a acabar disfrutando de la noche.

Me acerco, y cuando estoy a su lado, levanto la voz un poco:

—Me voy ya —digo.

Ethan me mira sorprendido:

—¿Eh? ¿Ya?

—Sí —respondo, seco—. Livia va muy pedo.

Sofía, que me ve con cara de preocupación, suelta un pequeño suspiro:

—Joder... está bien.

—Sí, sí, tranquila —le digo—. La llevo de vuelta al piso antes de que la líe.

Ella asiente, con una sonrisa nerviosa. Luego me giro hacia Ethan:

—Aprovecha —le digo, y le da la sensación de que no hay nada más que hablar.

Choco la mano con Ethan rápidamente y, sin perder más tiempo, me doy la vuelta y vuelvo a entrar en la casa.

Regreso al sofá y veo a Livia medio caída entre los cojines, el vaso temblando en su mano. Me acerco y se lo saco:

—¡Eh! ¿Qué coño haces con esto? —digo, levantando el vaso y mirándola, entre serio y divertido.

—¡Oye! —Se queja Livia, intentando agarrarlo otra vez—. ¡Devuélvemelo!

—No, ¿quién coño te lo ha dado? —Insisto, moviéndolo un poco para que se mantenga fuera de su alcance.

—Lu... Lucy—responde, medio riéndose y medio tambaleándose, con la voz arrastrada.

Levanto el vaso hacia mi nariz y lo huelo. La intensidad me golpea de inmediato: es fuerte, mucho más de lo que esperaba. Un aroma denso y potente, dulce pero picante, algo que claramente no es solo jugo.

—Joder... Livia —susurro, entre sorprendido—. Esto es... fuerte. Muy, muy fuerte.

—Ay, bueno... no es para tanto —se encoge de hombros, con una sonrisa torcida.

—¿No es para tanto? —Repito, arqueando una ceja—. ¿Desde cuándo aceptas cosas de Lucy, eh?

—Yo... no sé —responde, encogiéndose de hombros otra vez—. Me lo ha ofrecido... y... bueno... —hace una pausa, la voz arrastrada y un poco risueña—. Me lo he tomado.

—¡Joder, tú! —le digo, entre divertido y exasperado—. De verdad... no puedo creerlo.

Ella se ríe, medio caída, apoyando la cabeza en el respaldo, y yo dejo escapar un suspiro largo, mezclando molestia y ternura.



#5303 en Novela romántica
#1812 en Otros
#559 en Humor

En el texto hay: universidad, amor-odio, proximidadforzada

Editado: 10.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.