Rozando la perfección

Capítulo 21

Alexander

La cafetería está llena, pero el murmullo constante no es molesto, solo lo suficiente para que todo parezca más íntimo de lo que es.

Hay grupos de estudiantes por todas partes, riendo, estudiando o simplemente pasando el rato, pero mi atención está concentrada en nuestra mesa. Ethan, Lucy, Grace, Kai y Cameron están dispersos alrededor, cada uno con su bebida y portátil, inmersos en conversaciones que no logro seguir del todo.

Kai hace un chiste que hace que Lucy y Grace se rían un poco. Yo asiento, hago algún comentario trivial, pero todo está automatizado. Mi mente vuelve a ella.

Al otro lado del local, Livia está con Sofía y Evelyn. La observo mientras se inclina hacia delante, riendo de algo que Evelyn dice, luego se echa hacia atrás, con una pierna encima de la silla. Su cabello cae ligeramente sobre el rostro y, por un instante, me pregunto si ella sabe lo mucho que me distrae con un simple gesto.

Ayer por la tarde pasamos casi cuatro horas trabajando en el proyecto juntos. La semana que viene hay que entregarlo y ella estaba completamente bloqueada con el diseño del bolso.

Al final me senté con ella, y aunque ella hizo todo el trabajo —como siempre— la ayudé a ordenar ideas, sugerí colores, formas, pequeños detalles que solo necesitaban un empujón para encajar.

Tiene talento. Muchísimo. Cada línea, cada textura, cada idea estaba perfectamente medida. No me sorprende que tenga una beca. Nada de lo que hace me sorprende. Y aun así... no dejo de admirarla.

Hoy, sin embargo, todo es diferente. Nada de prisas, nada de proyectos urgentes; la calma me resulta extraña, demasiado silenciosa para mi gusto.

—Tío, ¿me estás escuchando? —Ethan me da un codazo suave.

—Sí, sí —respondo, levantando una mano sin mirarlo—. Todo bien.

Mis ojos vuelven inevitablemente hacia Livia. Y ahí está: sonríe. Sonríe de verdad, sin que yo pueda escuchar la conversación, pero su mirada se ilumina y se inclina hacia alguien que se aproxima.

Un chico se acerca. No lo reconozco al principio. Saluda con naturalidad, como si fuera parte de su mundo. Evelyn se aparta un poco para hacerle sitio. Se sienta justo al lado de Livia, demasiado cerca, inclinándose hacia ella como si nadie más existiera.

Mi estómago se encoge, aunque me esfuerzo por mantener la calma.

—¿Qué miras tanto? —pregunta Grace, inclinándose hacia mí con una sonrisa burlona.

—Nada —digo, más seco de lo que pretendía.

No puedo apartar la mirada.

Y entonces lo reconozco.

Theo.

El de la fiesta de Grace. El que se besó con Livia mientras todo se desordenaba esa noche. El que me recordó, sin querer, que no la tuve a mi lado hasta que la llevé a la residencia.

Mi mandíbula se tensa y mi corazón empieza a palpitar sin control. Lo veo apoyar el codo en la mesa, tan cómodo, tan seguro. Livia se inclina hacia él, riendo, moviendo la cabeza y hablando con la naturalidad de alguien que confía demasiado.

No es mía.
No somos nada.

Entonces, ¿por qué me molesta tanto? Joder.

Bebo un sorbo de mi café frío y noto cómo se me hiela la garganta. Cada palabra, cada risa, cada gesto entre ellos me llega como una punzada. Y lo peor es que intento convencerme de que no importa, de que estoy bien, de que esto no significa nada... pero no funciona.

Mi respiración se hace más lenta de lo normal. Intento calmarme. Intento no mirar, intento... no sentir. Pero es imposible.

—¿Te pasa algo? —Ethan me pregunta, con voz casual, pero con cierta preocupación.

—No —respondo, cortante, mientras fijo la mirada en el café.

Livia levanta la cabeza y nuestros ojos se cruzan por un instante. Solo un segundo, apenas un parpadeo. No sonríe, no aparta la mirada. Y eso, de alguna forma, me hace sentir peor que cualquier beso o palabra.

No es mía.
No somos nada.

Y aun así, la quiero cerca.

Aprieto los dientes y hago un esfuerzo consciente por sentarme recto, disimular, aparentar que esto es solo un maldito café de una tarde cualquiera, mientras mis dedos se cierran alrededor de la taza como si sujetarla pudiera darme control sobre algo que ya no controlo.

Siento que esta cafetería se ha vuelto demasiado pequeña, demasiado ruidosa, demasiado llena de ellos dos y de todo lo que no puedo decir.

—Relájate —me digo, tratando de calmar mi respiración—. No es nada.

Pero sí es algo.
Y duele.

—Chicos —dice Lucy mientras me echa hacia delante—. Este viernes tenemos partido de vóley... ¿Queréis venir a vernos jugar?

Levanto la mirada y la veo, con esa sonrisa que mezcla confianza y entusiasmo. Intento no mostrar demasiado interés, pero noto que algo en mi pecho se tensa. Intento recordar que estoy rodeado de amigos y que esto no es más que una invitación casual.

—Podría intentarlo —respondo, intentando sonar despreocupado, aunque sé que estoy tartamudeando ligeramente por dentro.

—Sí, deberíais —interviene Kai con su habitual descaro—. Yo voy solo para ver a Livia, claro. No me engaño.

Mi mandíbula se aprieta y mi estómago da un vuelco. Siento cómo la tensión sube un poco mientras trato de no mirar a Livia directamente.

Qué demonios... cómo puede estar tan tranquila, riéndose ahí, sin sospechar nada de lo que siento yo.

—Alex, ¿qué tal si después quedamos para cenar en tu piso? —Insiste Lucy, ignorando mi tensión palpable.

—No —respondo inmediatamente, sin pensar.

Livia me mata si traigo a todos al piso... no puedo, no puedo arriesgarme.

—Vamos, Alex —dice Lucy, inclinándose hacia mí con esa sonrisa persuasiva—. Podría ser divertido. Todos contribuimos con algo, cenamos, hablamos...

—Yo estoy de acuerdo —añade Cameron con un guiño.

—¡Yo también! —dice Grace—. Puedo traer el postre.

—Perfecto —responde Ethan—. Yo llevo bebida.

—Pues entonces estamos casi organizados —dice Lucy, mirando alrededor con una sonrisa—. Alex, tú decides si podemos ir a tu piso o no.



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En el texto hay: universidad, amor-odio, proximidadforzada

Editado: 24.08.2026

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