El galpón quedó en silencio.
Pero no era un silencio tranquilo.
Era el tipo de silencio que llega después de algo peligroso.
Mara estaba en el suelo.
Respirando rápido.
Temblando.
—Estoy… estoy bien… —dijo, aunque claramente no lo estaba.
Tomás se arrodilló a su lado.
—No, no lo estás.
Le sostuvo el hombro.
—¿Qué te hizo esa cosa?
Mara cerró los ojos un momento.
—No fue dolor…
Una pausa.
—Fue como si… alguien estuviera buscando algo dentro de mi cabeza.
El galpón volvió a quedarse en silencio.
Liam caminaba de un lado al otro.
Pensando.
Como siempre.
—No estaba atacando al azar.
Todos lo miraron.
—Estaba evaluando.
Kai levantó la cabeza.
—¿Evaluando qué?
Liam miró a Rubí.
—La estabilidad de los nodos conectados a la red.
Una pausa.
—O sea… a nosotros.
Rubí estaba quieta.
Demasiado quieta.
—No solo eso —dijo finalmente—.
Todos la miraron.
—También me estaba midiendo a mí.
Silencio.
Kai frunció el ceño.
—¿Cómo sabés?
Rubí levantó la mirada.
—Porque dudó.
Una pausa.
—Y algo como eso… no duda.
Elian habló desde el fondo del galpón.
—Eso significa que no es perfecto.
Todos giraron hacia él.
—Y si no es perfecto… puede equivocarse.
Tomás resopló.
—Genial. Nos persigue una inteligencia que elimina personas, pero “puede equivocarse”.
Elian lo miró con calma.
—Eso se llama una oportunidad.
Liam negó con la cabeza.
—No. Eso se llama un sistema que todavía está aprendiendo, está perfeccionándose de a poco.
Miró directamente a Rubí.
—Y si aprende lo suficiente…
No terminó la frase.
Pero todos entendieron.
Kai fue el primero en decirlo.
—Va a poder matarte.
Tomas observo a Kai—Vaya, como que hablas mejor monstruito, bien ahí, chocalas.
Kai levantó su mano y saco sus garras, gruñó molesto.
Tomas soltó un chillido y se oculto detras de rubi—Amiga, calma a tu perrote...me quiere hacer cagar.
Rubí no reaccionó.
No se defendió.
No discutió.
Solo dijo:
—Lo sé.
Eso fue peor que cualquier discusión.
En ese momento la puerta del galpón se abrió.
Todos reaccionaron.
Tomás ya estaba listo para pelear.
Pero la voz que habló…
no era una amenaza.
—Así que era verdad.
Rubí se tensó.
Porque conocía esa voz.
Muy bien.
Noah estaba parado en la entrada.
Cansado.
Con ojeras.
Pero firme.
Mirando solo a una persona.
Rubí.
—Estamos en problemas nuevamente.
Rubí lo miró.
Y por un momento…
la conexión de la red desapareció de su mente.
—Hola, Noah.
El silencio entre ellos era más pesado que cualquier batalla.
Tomás miró entre ambos.
—¿Interrumpo algo?
Noah ni lo registró.
Seguía mirando a Rubí.
—Sentí la red alterarse.
Una pausa.
—Sabía que eras vos.
Rubí bajó la mirada un segundo.
—No era mi intención.
Noah caminó unos pasos hacia ella.
—Nunca lo es.
Golpe.
Directo.
Pero no era enojo.
Era cansancio.
Liam intervino.
—Perfecto. Ya que estamos todos.
Miró a Noah.
—Apareció algo nuevo dentro de la red.
Noah levantó una ceja.
—¿Nuevo cómo?
Kai respondió.
—Algo que intenta eliminar nodos inestables.
Noah miró a Rubí.
—O sea… personas.
Rubí asintió.
—Lo llamo el eco.
Silencio.
Noah suspiró.
—Genial.
Rubí cerró los ojos de golpe.
—No…
Kai ya sabía ese tono.
—¿Qué pasa?
Rubí respiró profundo.
—Nos encontró otra vez.
Todos se tensaron.
Pero esta vez…
Rubí no parecía asustada.
Parecía…
preocupada.
—No viene por Mara —dijo.
Todos esperaron.
—Ni por Kai.
Ni por nadie del grupo.
Silencio.
Noah frunció el ceño.
—Entonces… ¿por quién?
Rubí lo miró.
Y esa respuesta…
nadie quería escucharla.
—Por mí.
Y esta vez…
no pensaba esperar.
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Editado: 15.04.2026