Rubí: Convergencia Libro 3

Capitulo 12: Punto de quiebre

El silencio… volvió.
Pero esta vez no era por miedo.
Era por lo que sabían que tenían que hacer.
RUINAS
El galpón ya no existía.
Solo restos.
Polvo.
Hierro doblado.
Y en el medio...
ellos.
TOMÁS
Tomás seguía en el suelo.
Respirando.
Pero desconectado.
Mara estaba a su lado.
—Dale… volvé…
Su voz temblaba.
Pero él…
no reaccionaba.
Un poco más lejos Noah no soltaba a Rubí.
Como si hacerlo…fuera perderla.
—No podés volver a hacer eso.
Silencio.
Rubí no discutió.
—Lo sé.
Y eso fue peor.
Liam se acercó.
Más serio que nunca.
—Ya no hay margen.
Todos lo miraron.
—El eco se está expandiendo.
Una pausa.
—Y ahora tiene acceso directo a nosotros.
Miró a Kai.
Que no estaba.
Y eso…
pesaba.
Elian habló bajo.
—No es expansión…
Una pausa.
—Es integración.
Silencio.
—Nos está incorporando al sistema.
REALIDAD
Mara susurró:
—Entonces ya perdimos…
Elian negó.
—No.
Miró a Rubí.
—Todavía no.
Pero esa palabra…
“todavía”…
fue un golpe.
LA PROPUESTA FINAL
Liam respiró hondo.
—Hay una forma.
Silencio.
Todos sabían cuál.
Pero nadie quería decirla.
RUBÍ LO DICE
—Apagarme.
Silencio absoluto.
Noah cerró los ojos.
—No…
Pero nadie lo contradijo.
EXPLICACIÓN
Liam asintió.
—Si el núcleo desaparece…
—La red colapsa —continuó Elian.
—Y con ella… el eco.
Golpe.
Final.
CONSECUENCIAS
Mara miró a Rubí.
—¿Y vos?
Silencio.
Rubí no dudó.
—Yo también.
—¡NO!
Noah dio un paso atrás.
—No me importa el mundo si eso significa perderte.
Silencio.
—Tiene que haber otra forma.
Rubí lo miró.
Y esta vez…
no había duda.
—No la hay.
DECISIÓN INTERNA
Elian observó a ambos.
—No completamente.
Todos lo miraron.
—Existe otra opción.
Una pausa.
—Pero es peor.
ALTERNATIVA
—Podrías fusionarte completamente con la red.
Silencio.
Rubí no parpadeó.
—¿Y eso qué significa?
Elian respondió:
—No morirías.
Una pausa.
—Pero dejarías de ser… humana.
ELECCIÓN IMPOSIBLE
Dos caminos.
Muerte.
O pérdida.
Silencio.
Nadie habló.
Porque nadie podía decidir eso.
De repente.
Tomás respiró fuerte.
—¿…Kai…?
Todos giraron.
Tomás abrió los ojos.
Confundido.
Débil.
Pero presente.
Mara sonrió entre lágrimas.
—¡Volviste!
Tomás la miró.
Pero algo en su mirada…
no estaba bien.
—No…
Susurró.
Todos se tensaron.
—No volvió solo.
Silencio.
Rubí lo sintió al instante.
—No…
Tomás la miró.
Y por un segundo sus ojos…brillaron.
—Ahora somos dos.
Silencio.
Frío.
Real.
Y en ese momento entendieron algo aterrador:
El eco ya no estaba entrando.
Ya estaba adentro.
De todos.




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