Rubí : Resonancia Libro 2

Capitulo 4 : Ruptura

—Esto es una locura.
La voz de Noah rompió el silencio en cuanto cerraron la puerta.
Rubí ni siquiera se giró.
—Noah…
—No. —pasó una mano por su pelo, alterado—. No me digas “Noah” como si esto fuera normal. ¡Aparece un tipo de la nada, dice que hay más como vos, que te están buscando y desaparece como si nada!
Rubí apretó los labios.
—No estaba mintiendo.
Eso lo frenó.
—¿Y cómo lo sabés?
Ella dudó un segundo.
Pero lo dijo.
—Porque lo sentí.
Silencio.
Pesado.
Noah negó, caminando de un lado a otro.
—Eso es justamente lo que me preocupa.
Rubí levantó la mirada, dolida.
—¿Qué querés decir?
Él se detuvo.
La miró.
Y esta vez no suavizó nada.
—Que cada vez confiás más en eso… —señaló su cabeza— y menos en la realidad.
El golpe fue directo.
—Esto es real —respondió ella, firme.
—¿Ah, sí? ¿Y si ese tipo te está manipulando?
—No lo está.
—¿Cómo podés estar tan segura?
Rubí dio un paso hacia él.
—Porque cuando estoy cerca de él… todo tiene sentido.
Error.
Lo supo en cuanto lo dijo.
El gesto de Noah cambió.
Apenas.
Pero lo suficiente.
—Claro —murmuró—. Ahora todo tiene sentido con él.
—Noah…
Pero ya era tarde.
—No, está bien —levantó las manos—. Yo solo soy el tipo que estuvo cuando todo se vino abajo, pero supongo que no vibro en la frecuencia correcta, ¿no?
—No digas eso.
—¿Entonces qué digo?
El aire empezó a tensarse.
Literalmente.
Las luces parpadearon.
Rubí lo sintió.
Ese pulso.
Esa presión.
—Noah… pará.
—No —negó él—. Esta vez no.
Otro pulso.
Más fuerte.
Un vidrio vibró en la cocina.
—Rubí…
Pero no era él.
No era la discusión.
Era otra cosa.
Algo más.
Rubí se quedó quieta.
—¿Lo sentís?
Noah frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Y entonces...
Un golpe brutal sacudió la casa.
La ventana explotó hacia adentro.
El viento entró como una ráfaga violenta.
Y con él…
Una figura.
Rápida.
Precisa.
Peligrosa.
Noah reaccionó al instante.
—¡Atrás!
Pero Rubí no podía moverse.
Porque lo sentía.
Fuerte.
Caótico.
Descontrolado.
—No… —susurró.
El intruso se incorporó lentamente entre los vidrios rotos.
Era un chico, delgado, cabello rojizo desordenado , ojos verdes, con una parka con capucha desprendida, y pantalones negros de jeans, en sus pies tenía unas botas oscuras.
Pero sus ojos…
No estaban bien.
Eran inestables.
Como si algo dentro de él estuviera rompiéndose.
—Vos… —dijo, señalando a Rubí—. Te encontré…
Rubí dio un paso atrás.
—Noah…
Pero él ya estaba delante de ella.
—No te acerques.
El chico rió.
Una risa quebrada.
—No podés protegerla…
El aire explotó.
Literalmente.
Una onda invisible salió despedida desde él, empujando todo a su alrededor.
Noah salió lanzado contra la pared.
—¡Noah!
Rubí sintió el impacto como propio.
El dolor.
El caos.
La distorsión.
—Está… en… mi cabeza… —balbuceó el chico, llevándose las manos a la sien—. ¡No para!
Y entonces Rubí lo entendió.
No era un ataque.
Era un colapso.
—Está desincronizado… —susurró.
El chico gritó.
La energía volvió a estallar.
Más fuerte.
Más destructiva.
Las paredes crujieron.
—¡Rubí, salí de ahí! —gritó Noah, intentando levantarse.
Pero ella no se movió.
Porque ahora lo sentía completamente.
Ese caos.
Ese dolor.
Esa… frecuencia rota.
Y algo dentro de ella respondió.
Un pulso.
Más estable.
Más profundo.
Rubí dio un paso adelante.
—Tranquilo… —dijo, suave.
El chico la miró.
Desesperado.
—Hacé que pare…
Rubí levantó la mano.
No sabía cómo.
No sabía por qué.
Pero lo hizo.
Cerró los ojos.
Y dejó que esa sensación la guiara.
El zumbido volvió.
Pero esta vez…
Era armonía.
El aire vibró.
Diferente.
Más calmo.
Más… alineado.
El chico se quedó quieto.
Su respiración empezó a bajar.
—¿Qué… estás haciendo…?
Rubí no respondió.
Solo… conectó.
Por un segundo.
Dos.
El caos desapareció.
Silencio.
Real.
Y entonces.
El chico cayó de rodillas.
Inconsciente.
Todo quedó en calma.
Las luces dejaron de parpadear.
El aire… dejó de temblar.
Rubí abrió los ojos.
Agitada.
Confundida.
—Yo… yo hice eso…
Noah la miraba desde el suelo.
Impactado.
—Rubí…
Pero antes de que pudiera decir algo más.
Una voz.
Desde la oscuridad de la ventana rota.
—Interesante.
Ambos se tensaron.
Una figura apareció lentamente.
Aplausos suaves.
Lentos.
Controlados.
—Sincronización espontánea… —continuó—. Mucho más rápido de lo esperado.
Rubí sintió un frío recorrerle el cuerpo.
—¿Quién sos?
El hombre sonrió.
Pero no había nada amable en eso.
—Alguien que lleva observándote desde el principio.
Noah se puso de pie, tambaleante.
—Aléjate.
El hombre lo ignoró por completo.
Sus ojos estaban en Rubí.
—Vos sos la clave.
Silencio.
Y entonces.
—Y ahora sabemos exactamente dónde estás.




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