—Tenemos que irnos. Ya.
La voz de Noah fue inmediata. Instintiva.
Rubí seguía mirando al hombre en la ventana.
No se movía.
No parecía apurado.
Eso era lo peor.
—No van a llegar lejos —dijo él, con una calma que helaba la sangre.
El chico inconsciente en el suelo soltó un leve quejido.
Rubí reaccionó.
—No podemos dejarlo.
—¡Rubí! —Noah la miró incrédulo—. Ese tipo acaba de destrozar la casa.
—No fue él —respondió ella—. No tenía control.
El hombre sonrió levemente.
—Exacto.
Noah apretó los puños.
—¿Quién sos?
El hombre inclinó la cabeza, casi divertido.
—Podés llamarme… Vega.
Rubí sintió un escalofrío.
Ese nombre…
No era casual.
—¿Qué querés? —preguntó, firme.
Vega dio un paso hacia adentro, sin apuro.
—A vos.
El aire se volvió pesado.
—No vas a tocarla —dijo Noah, colocándose delante otra vez.
Vega lo observó como si fuera… irrelevante.
—No me interesás.
Un segundo.
Y entonces.
Noah salió despedido contra la pared sin que Vega se moviera.
Rubí gritó.
—¡NO!
La resonancia explotó.
Esta vez desde ella.
Una onda invisible chocó contra Vega, frenándolo en seco.
Silencio.
Tenso.
Ambos se miraron.
Y por primera vez…
Vega dejó de sonreír.
—Fascinante… —murmuró.
Rubí respiraba agitada.
—No te acerques.
Pero Vega no avanzó.
Solo la observaba.
Analizando.
Midiendo.
—Aún es inestable… —dijo, más para sí mismo que para ellos—. Pero funcional.
Rubí sintió rabia.
—No soy un experimento.
Vega la miró directo a los ojos.
—Claro que lo sos.
El golpe fue seco.
—Y el más importante de todos.
Antes de que pudiera responder...
Un pulso cruzó el aire.
Familiar.
Rubí lo sintió al instante.
—Noah… —susurró.
Pero él también lo había notado.
—No estamos solos…
Vega también lo percibió.
Y eso… cambió algo.
Su expresión se tensó apenas.
—Interferencia… —murmuró.
Y entonces.
—Llegué tarde, como siempre.
La voz apareció desde la puerta.
Adrián.
Apoyado contra el marco.
Relajado.
Pero sus ojos… no.
Esos estaban clavados en Vega.
—Dejá de jugar, Vega.
El ambiente se volvió eléctrico.
Literalmente.
Dos presencias.
Dos fuerzas.
Chocando sin tocarse.
Vega lo miró con un leve gesto de reconocimiento.
—Adrián.
Una pausa.
—El prototipo fallido.
Error.
Grave error.
El aire vibró con violencia.
Adrián dio un paso adelante.
—Repetilo.
Vega sonrió apenas.
—Inestable. Impredecible. Desechable.
Rubí sintió la tensión como una descarga.
—¡Basta!
Ambos la miraron.
—No es el momento —dijo, firme—. Tenemos que salir de acá.
Adrián no apartó la mirada de Vega.
—Tiene razón.
Noah logró incorporarse, dolorido.
—¿Y el chico?
Rubí lo miró.
Determinada.
—Viene con nosotros.
Adrián asintió.
—Bien. Entonces movámonos ya.
Vega no se movió.
Solo los observaba.
Como si… no necesitara detenerlos.
Y eso era peor.
—¿Nos vas a dejar ir? —preguntó Noah, desconfiado.
Vega inclinó levemente la cabeza.
—Por ahora.
Rubí frunció el ceño.
—¿Por qué?
Vega la miró por última vez.
Y sonrió.
—Porque quiero ver hasta dónde llegás.
Escalofrío.
—Y porque…
Una pausa.
—No sos la única que está evolucionando.
El silencio fue absoluto.
—Corran —dijo Adrián de pronto.
Y esta vez… todos obedecieron.
El aire frío de la noche los golpeó de lleno al salir.
Noah cargaba al chico inconsciente.
Rubí corría a su lado.
Adrián iba delante, guiando.
—¿A dónde vamos? —preguntó Noah, agitado.
—A un lugar donde no puedan rastrearnos tan fácil —respondió Adrián.
—¿“Tan fácil”? —repitió Noah—. Eso no suena tranquilizador.
—No lo es.
Rubí miró al chico.
—¿Va a estar bien?
Adrián dudó.
—Si no lo ayudamos… no.
Siguieron corriendo.
Calles vacías.
Sombras largas.
La sensación de ser observados… constante.
—Adrián —dijo Rubí—. Necesito respuestas.
—Las vas a tener.
—Ahora.
Él frenó de golpe.
Se giró hacia ella.
Sus ojos… intensos.
—Génesis nunca terminó.
Silencio.
—Se expandió.
Noah frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Más sujetos. Más pruebas. Más control.
Rubí sintió un nudo en el pecho.
—¿Y Vega?
Adrián la miró.
—Vega no es un científico.
Una pausa.
—Es el que decide quién vive… y quién no.
El aire se volvió más frío, recordó al sujeto que miraba desde la ventana, traje blanco, cabello negro, anteojos, de unos cuarenta años de edad.
—Entonces… —murmuró Noah—. estamos en problemas serios.
Adrián negó lentamente.
—No.
Los miró a ambos.
Y luego a Rubí.
—Ellos lo están.
Silencio.
Pero no era alivio.
Era el inicio de algo mucho peor.
Porque si Vega decía la verdad…
Esto recién empezaba.
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Editado: 03.04.2026