La sonrisa del chico no era humana.
Era… algo más.
Algo torcido.
—Ahora todos están conectados…
El aire se tensó.
Rubí retrocedió un paso.
—No… —susurró—. No está bien…
Noah se puso delante de ella al instante.
—Decime qué le pasa.
Adrián no apartaba la mirada del chico.
—No es él.
Silencio.
—Es la interferencia.
El chico inclinó la cabeza de forma antinatural.
Sus ojos… vibraban.
—Él ve todo… —murmuró—. Él siente todo…
Rubí sintió el zumbido crecer.
Fuerte.
Doloroso.
—Cortalo —dijo Adrián, firme—. Ahora.
—No puedo… —respondió ella, desesperada—. Está conectado a mí.
Error.
Grave error.
El chico rió.
—Entonces vos también estás conectada a él.
El pulso explotó.
Una onda brutal sacudió todo el refugio.
Noah salió despedido contra una mesa.
—¡NOAH!
—¡Rubí, concentráte! —gritó Adrián, sosteniéndose—. ¡Tenés que cerrarlo!
El chico se levantó.
Lentamente.
Pero algo en su cuerpo… no encajaba.
Como si la energía lo estuviera rompiendo desde adentro.
—No quiero… —susurró—. Pero él sí…
Las luces explotaron.
Chispas.
Oscuridad parcial.
Caos.
Rubí apretó la cabeza.
—¡SÁQUENLO DE MI CABEZA!
Y entonces.
Lo vio.
Vega.
No físicamente.
Pero presente.
Observando.
Sonriendo.
—Esto es solo el comienzo…
—¡CALLATE! —gritó Rubí.
La energía respondió.
Una explosión invisible que hizo temblar las paredes.
El chico gritó.
—¡PARÁ!
Pero no podía.
Su cuerpo empezó a elevarse levemente del suelo.
Arrastrado por la propia distorsión.
Noah intentó levantarse.
—Tenemos que sacarlo de acá—
—¡No hay tiempo! —dijo Adrián—. ¡Va a colapsar!
Rubí lo miró.
—¿Colapsar cómo?
Adrián no dudó.
—Explosión de frecuencia.
Silencio.
—¿Qué?
—Va a liberar toda la energía de golpe.
El corazón de Noah se detuvo un segundo.
—¿Y nosotros?
Adrián lo miró.
Directo.
—No la contamos.
El chico gritó.
Más fuerte.
Más desgarrador.
—¡NO QUIERO MORIR!
El golpe emocional atravesó a Rubí.
Directo.
Crudo.
Real.
Y ahí algo en ella… cambió.
—No —susurró.
Adrián la miró.
—Rubí.
Pero ella ya estaba avanzando.
—No voy a dejar que pase otra vez.
Noah la agarró del brazo.
—¿Qué estás haciendo?
Rubí lo miró.
Sus ojos… brillaban.
—Confía en mí.
Miedo.
Eso fue lo que él sintió.
Porque esta vez…
Era diferente.
—Rubí, no.
Pero ella se soltó.
Y caminó directo hacia el chico.
El aire vibraba tan fuerte que costaba respirar.
—Tranquilo… —dijo, firme.
El chico la miró.
Desesperado.
—No puedo parar…
—Yo sí.
Adrián entendió antes que nadie.
—No…
Pero Rubí ya estaba ahí.
Apoyó ambas manos sobre él.
Y esta vez…
No dudó.
Se sumergió.
Completamente.
Oscuridad.
Total.
Y después.
Una red.
Invisible.
Gigante.
Conectando todo.
Todos.
Rubí la vio.
Por primera vez.
—¿Qué es esto…?
—Nuestro mundo.
La voz de Vega.
Más clara que nunca.
Rubí se giró.
—Salí de mi cabeza.
—Esto ya no es solo tu cabeza.
La red pulsó.
Miles de puntos.
Miles de presencias.
—Todos están conectados… gracias a vos.
Rubí sintió el peso de eso.
—No…
—Sos el núcleo.
El centro.
La clave.
—Podés salvarlos…
Una pausa.
—O destruirlos a todos.
El silencio fue absoluto.
Y entonces.
Rubí tomó una decisión.
—No vas a usarlos.
La red vibró.
—Ni a mí.
Cerró los ojos.
Y soltó todo.
Toda su energía.
Pero no como antes.
No caótica.
No descontrolada.
Dirigida.
Precisa.
Una frecuencia pura.
Estable.
La red respondió.
Se alineó.
Por un segundo…
Todo estuvo en equilibrio.
Y entonces.
CORTE.
El mundo volvió de golpe.
Rubí cayó de rodillas.
Agitada.
Temblando.
El chico cayó con ella.
Inconsciente.
Pero… estable.
Silencio.
Real.
Pesado.
Noah corrió hacia ella.
—¡Rubí!
La sostuvo.
—Estoy… bien… —murmuró ella.
Pero no era del todo cierto.
Adrián los observaba.
Impactado.
—Eso… no debería ser posible…
Rubí levantó la mirada.
—Lo vi todo…
Silencio.
—A todos.
Noah frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Rubí lo miró.
Y esta vez…
había miedo real.
—Que no somos unos pocos…
Una pausa.
—Somos muchos.
El aire se volvió frío.
—Y están despertando.
Silencio.
Y entonces.
Rubí susurró:
—Y yo los activé.
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Editado: 03.04.2026