Rubí : Resonancia Libro 2

Capitulo 8: Despertares

El silencio en el refugio duró… poco.
—¿Qué quisiste decir con que los activaste?
La voz de Noah fue baja.
Controlada.
Pero cargada.
Rubí no respondió de inmediato.
Seguía sentada en el suelo, mirando sus manos… como si ya no le pertenecieran del todo.
—Rubí.
Más firme esta vez.
Ella levantó la vista.
Y lo dijo.
—Sentí la red.
Adrián no se movió.
—¿Qué viste exactamente?
Rubí tragó saliva.
—No eran solo conexiones… eran personas.
Una pausa.
—Como nosotros.
Silencio.
—Y estaban… dormidos.
Noah frunció el ceño.
—¿Dormidos cómo?
—Inactivos —respondió Adrián, tenso—. Latentes.
Rubí asintió lentamente.
—Hasta ahora.
El peso de esas palabras cayó como una bomba.
—¿Cuántos? —preguntó Noah.
Rubí dudó.
Pero respondió.
—Muchos.

***

Una habitación oscura.
Un chico sentado frente a una computadora.
Pantallas llenas de código.
De pronto.
La electricidad parpadea.
El monitor se distorsiona.
Él se queda quieto.
—¿Qué…?
Sus ojos se abren.
Y la pantalla… explota.

***
En una ciudad lejana...
Una chica corriendo.
Respiración agitada.
Alguien la persigue.
Se tropieza.
Cae.
—No… no…
El miedo la paraliza.
Y entonces.
El aire a su alrededor… se detiene.
Literalmente.
Silencio absoluto.
Los pasos detrás de ella desaparecen.
Cuando levanta la vista…
No hay nadie.
Solo ella.
Y algo nuevo… dentro suyo.

***

Un monitor cardíaco.
Pitido constante.
Un paciente inconsciente.
De pronto.
La línea se altera.
El cuerpo se tensa.
Los ojos se abren de golpe.
Negros.
Vivos.

***

Rubí cerró los ojos con fuerza.
—Están despertando…
Noah retrocedió un paso.
—No… no, esto es demasiado.
Adrián caminó lentamente.
Procesando.
—Si lo que decís es cierto…
La miró.
—Esto ya no es un experimento aislado.
Silencio.
—Es una reacción en cadena.
Rubí lo miró.
—Y yo la empecé.
Noah negó.
—No sabías lo que estabas haciendo.
—No importa.
Lo dijo sin dudar.
—Pasó igual.
El silencio volvió.
Pero esta vez…
Era más pesado.
Más real.
—Vega también lo sabe —agregó Adrián.
Rubí sintió un nudo en el pecho.
—Lo sentí.
Noah levantó la mirada.
—Entonces no va a parar.
—No —respondió Adrián—. Ahora va a acelerar.
Silencio.
—Nos va a cazar.
—No solo a nosotros —corrigió Rubí.
Los miró a ambos.
—A todos.

Noah pasó una mano por su cara.
Frustrado.
Agotado.
—Esto ya no tiene sentido.
Rubí lo miró.
—¿Qué querés decir?
—Que todo esto —señaló alrededor— nos está superando.
Silencio.
—Y vos… —la miró directo— estás en el centro.
Golpe.
—Noah…
—No —negó—. Decime que no es verdad.
Rubí no pudo.
Porque lo era.
Y eso dolió más que cualquier discusión.
—No sé cómo ayudarte —admitió él, bajando la voz—. Y eso… me está matando.
Silencio.
Pesado.
Real.
Rubí sintió algo romperse dentro.
—No necesito que me salves.
—Nunca quise salvarte.
La miró.
Intenso.
—Quiero que sigas siendo vos.
Eso la quebró.
Porque ya no estaba segura de eso.

Adrián intervino.
—Hay algo que tienen que entender.
Ambos lo miraron.
—Rubí no es como nosotros.
Ella frunció el ceño.
—¿Otra vez con eso?
—No —respondió él—. Esta vez en serio.
Silencio.
—Nosotros fuimos modificados.
Una pausa.
—Vos… fuiste diseñada.
El mundo se detuvo.
—¿Qué?
Noah también quedó helado.
—¿Qué estás diciendo?
Adrián no dudó.
—Que Génesis no empezó con vos…
Miró a Rubí.
—Pero sí fue creado para llegar a vos.
Silencio absoluto.
—Sos el resultado final.
El corazón de Rubí latía con fuerza.
—No…
—Por eso podés hacer lo que hacés.
Una pausa.
—Por eso sos la única que puede sincronizar.
Rubí retrocedió.
—No… eso no es cierto…
Pero en el fondo…
Algo encajaba.
Demasiado.
—Entonces Vega… —murmuró Noah—. no la quiere…
Adrián terminó la frase.
—La necesita.
De pronto.
Las pantallas del refugio se encendieron solas.
Las tres.
Interferencia.
Ruido.
Y luego.
Imagen.
Vega.
En vivo.
Sonriendo.
—Hola, Rubí.
El aire se congeló.
—Sabía que esto iba a pasar —continuó—. Pero no tan rápido.
Rubí sintió la conexión.
Directa.
—¿Qué querés?
Vega inclinó la cabeza.
—Lo mismo de siempre.
Una pausa.
—A vos.
Noah dio un paso adelante.
—Cortá la transmisión.
Pero no respondía a controles.
—No podés esconderte —siguió Vega—. No después de lo que hiciste.
Rubí apretó los puños.
—No te voy a ayudar.
Vega sonrió.
—Oh… pero ya lo hiciste.
Silencio.
—Activaste el sistema completo.
El corazón de Rubí se hundió.
—Ahora solo falta…
Una pausa.
—Que lo controles.
Sus ojos brillaron.
—O que lo destruyas.
La pantalla parpadeó.
Y se apagó.
Silencio total.
Nadie habló.
Nadie se movió.
Porque ahora…
ya no había duda.
Esto no era supervivencia.
Era guerra.




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