El refugio ya no se sentía seguro.
Se sentía… observado.
Rubí no había dormido.
Estaba sentada frente a una de las pantallas apagadas, con la mirada fija… como si pudiera ver más allá.
Como si pudiera sentirlos.
Y en parte…
Lo hacía.
—Siguen despertando… —susurró.
Noah, apoyado contra la pared, la miró.
—¿Cuántos más?
Rubí negó lentamente.
—No lo sé… pero cada vez son más claros.
Silencio.
—Más fuertes.
Adrián, desde el fondo, observaba en silencio.
—Es lógico —dijo finalmente—. La red ya está activa. Es cuestión de tiempo.
Noah lo miró, tenso.
—Dejá de hablar como si esto fuera un sistema que podés apagar y prender.
Adrián no respondió.
Rubí cerró los ojos.
Y entonces.
Dolor.
Una punzada directa.
Fuerte.
—Ah… —se llevó la mano a la cabeza.
—¡Rubí! —Noah se acercó.
Pero ella ya no estaba del todo ahí.
***
Una calle destruida.
Autos volcados.
Vidrios rotos.
Sirenas a lo lejos.
En el centro.
Un chico.
De pie.
Respirando agitado.
A su alrededor… todo estaba doblado.
Metal retorcido como papel.
—No fui yo… —murmuraba—. Yo no hice esto…
Pero sus manos…
Temblaban.
Y el aire a su alrededor…
Se comprimía.
Dos policías apuntándole.
—¡Al suelo! ¡Ahora!
El chico los miró.
Asustado.
—No puedo parar…
Y entonces...
El aire explotó.
***
Rubí gritó.
Cayó de la silla.
—¡Está pasando ahora!
Adrián reaccionó.
—¿Dónde?
—No sé… pero está fuera de control…
Noah la sostuvo.
—¿Qué ves?
Rubí respiraba agitada.
—Va a matar a alguien…
Silencio.
—O a muchos.
Adrián ya estaba tomando una decisión.
—Tenemos que ir.
Noah lo miró como si estuviera loco.
—¿Qué?
—Si no lo detenemos, esto se va a expandir.
—¿Y vos pensás que podemos?
Adrián lo miró directo.
—Ella sí.
Rubí levantó la vista.
Asustada.
—No sé si puedo…
—Tenés que poder.
Silencio.
Tenso.
Y entonces.
—Voy con ustedes.
Los dos lo miraron.
Noah negó.
—No.
—No podés quedarte afuera de esto —dijo Rubí.
—No es eso —respondió él—. Es que no voy a dejar que te metas en algo así sola.
Adrián rodó los ojos.
—Entonces dejá de hablar y movete.
Noah lo fulminó con la mirada.
—No te confundas. No lo hago por vos.
—Nunca pensé que lo harías.
Tensión.
El aire casi chisporrotea.
Rubí se puso de pie.
—Basta los dos.
Silencio.
—Vamos.
***
El caos era peor de lo que Rubí había visto.
Luces.
Sirenas.
Gente corriendo.
Gritos.
Y en el centro.
El chico.
Descontrolado.
El aire a su alrededor se deformaba como si la realidad misma estuviera cediendo.
—No… —susurró Rubí.
Adrián evaluó rápido.
—Está generando presión… si sigue así va a colapsar toda la zona.
Noah miró alrededor.
—Hay gente por todos lados…
—Tenemos que sacarlos de ahí —dijo Rubí.
Pero ya era tarde.
El chico gritó.
Y todo tembló.
—¡RUBÍ! —gritó Noah.
Pero ella ya estaba avanzando.
Directo al centro.
—¡Ey! —gritó—. ¡Escuchame!
El chico la miró.
Sus ojos estaban llenos de terror.
—No puedo parar…
Rubí levantó las manos.
—Sí podés.
—¡NO!
Otra onda.
Más fuerte.
Los edificios cercanos crujieron.
—Rubí, ¡cuidado! —gritó Noah.
Pero ella no se detuvo.
Porque ahora lo sentía.
Ese caos.
Ese miedo.
Esa frecuencia rota.
Y entonces.
Otra presencia.
Más fría.
Más controlada.
Rubí se tensó.
—No…
Adrián también lo sintió.
—Llegó.
Y como si lo hubieran invocado.
Vega apareció entre la multitud sonriendo...
Caminando.
Tranquilo.
Impecable.
Como si nada de eso lo afectara.
—Siempre tan dramáticos… —murmuró.
Noah se puso delante de Rubí.
—No te acerques.
Vega lo ignoró.
Como siempre.
—Interesante espécimen —dijo, mirando al chico—. Inestable, pero potente.
Rubí dio un paso adelante.
—No es un experimento.
Vega sonrió.
—Todo lo es.
El chico gritó otra vez.
El aire empezó a comprimirse peligrosamente.
—Va a explotar —dijo Adrián.
Rubí cerró los ojos.
—No.
Y avanzó.
Vega la observó.
Interesado.
—Veamos qué hacés ahora.
Rubí llegó al chico.
Apoyó su mano en su pecho.
—Miráme —susurró.
El chico la miró.
Desesperado.
—Ayudame…
Rubí respiró.
Y se conectó.
El caos la golpeó de lleno.
Pero esta vez…
No dudó.
—Tranquilo…
El pulso salió de ella.
Fuerte.
Estable.
La distorsión empezó a bajar.
Lentamente.
Muy lentamente.
El chico dejó de gritar.
La presión disminuyó.
La gente dejó de correr.
Silencio.
Increíble.
Y entonces.
Todo se estabilizó.
El chico cayó inconsciente.
Salvo.
Por ahora.
Rubí abrió los ojos.
Agotada.
Pero lo logró.
Noah la miró.
Impactado.
Adrián… también.
Pero Vega…
Aplaudió.
Lento.
—Perfecto.
Rubí lo fulminó con la mirada.
—Andate.
Vega inclinó la cabeza.
—Todavía no.
El aire se tensó.
—Ahora confirmo algo —continuó—. No solo podés sincronizarlos…
Una pausa.
—Podés controlarlos.
Silencio.
Peligroso.
Rubí sintió el peso de eso.
—No.
Pero Vega sonrió.
—Sí.
Y entonces.
—Y eso te hace… invaluable.
El sonido de sirenas se intensificó.
Más unidades llegando.
Más caos.
Pero esta vez… humano.
—Nos vamos —dijo Adrián.
Noah asintió.
—Ya.
Rubí dudó un segundo.
Miró al chico.
Luego a Vega.
Y supo algo.
Esto no había terminado.
Ni cerca.
—Esto recién empieza… —susurró.
Y Vega…
Sonrió como si fuera exactamente lo que quería escuchar.
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Editado: 03.04.2026