El polvo aún flotaba en el aire.
El refugio… dañado.
Y en el centro.
Ella.
Inmóvil.
Segura.
Peligrosa.
—Probame.
El silencio se rompió con esa palabra.
Rubí sintió la vibración antes de moverse.
—No quiero pelear.
Error.
La chica sonrió.
—Entonces vas a perder.
Y desapareció.
No caminó.
No corrió.
Simplemente… no estaba.
—¡Rubí! —gritó Noah.
Demasiado tarde.
Impacto.
Un golpe invisible la lanzó contra la pared.
El aire explotó alrededor.
—¡AH!
Rubí cayó al suelo, aturdida.
—¡BASTA! —gritó Noah, avanzando.
Otro error.
La chica apareció frente a él.
—No te metas.
Y lo lanzó contra el techo.
Brutal.
Sin esfuerzo.
—¡NOAH! —gritó Rubí.
Algo dentro de ella… se quebró.
El aire vibró.
Más fuerte.
Más inestable.
—Te dije que no quería pelear… —susurró.
La chica ladeó la cabeza.
—Y yo te dije que no importa.
Silencio.
—Quiero ver qué tan especial sos.
Rubí se levantó.
Lentamente.
Sus ojos… empezaron a brillar.
—Entonces mirá bien.
El pulso salió de ella.
Fuerte.
La chica lo esquivó.
Pero sonrió.
—Eso está mejor.
Adrián observaba.
Tenso.
—Rubí, no la enfrentes así.
—No te metas —respondió ella.
Su voz… distinta.
Más firme.
Más fría.
Eso preocupó a Noah más que el golpe.
La chica atacó primero.
Rápida.
Precisa.
El aire se comprimió alrededor de Rubí.
Intentando aplastarla.
Pero esta vez.
Rubí resistió.
El suelo se agrietó bajo sus pies.
—No soy como los otros… —dijo la chica—. Yo controlo esto.
Rubí levantó la mirada.
—Yo también.
Y liberó su energía.
Un pulso directo.
La chica salió despedida varios metros.
Se levantó.
Sonriendo.
—Bien…
El aire empezó a vibrar más fuerte.
Ambas.
Dos frecuencias.
Chocando.
Distorsionando todo.
Las paredes crujieron.
El techo tembló.
Noah intentó levantarse.
—Van a tirar el lugar abajo…
Adrián lo agarró.
—No te acerques.
—¡Se va a matar!
—No —respondió Adrián—. Va a evolucionar.
La chica levantó la mano.
Y el aire… se volvió pesado.
Como si la gravedad aumentara.
Rubí cayó de rodillas.
—¿Eso es todo? —provocó—. Pensé que eras especial.
Rubí apretó los dientes.
El dolor era real.
Pero también lo era…
La conexión.
Respiró.
Sintió la red.
Los ecos.
Las frecuencias.
Y por primera vez…
No luchó contra eso.
Lo usó.
El aire cambió.
La presión se rompió.
La chica retrocedió un paso.
Sorpresa real.
—¿Qué…?
Rubí se puso de pie.
—No estás sola en esto.
La red respondió.
Un pulso.
Más amplio.
Más profundo.
La chica lo sintió.
—No…
Por un segundo…
su control falló.
Rubí avanzó.
—Sentilo.
El pulso la envolvió.
No la atacaba.
La alineaba.
La chica jadeó.
—Pará…
Pero Rubí no frenó.
—No tenés que pelear…
Silencio.
Y entonces.
Por un segundo…
la chica se calmó.
Sus ojos dejaron de vibrar.
Su respiración bajó.
—¿Qué… hiciste…?
Rubí estaba a punto de responder.
Cuando.
Dolor.
Agudo.
Violento.
Ambas se tensaron.
—No… —susurró Rubí.
La conexión se distorsionó.
Corrompida.
—Interfiriendo otra vez… —murmuró Adrián.
Noah miró alrededor.
—¿Vega?
Adrián negó.
—No…
Peor.
La chica gritó.
Su energía explotó otra vez.
Pero esta vez…
oscura.
Inestable.
—¡SALÍ DE MI CABEZA!
Rubí retrocedió.
—No soy yo…
Pero ya era tarde.
La chica la miró.
Y ahora sí…
había odio.
—Me mentiste.
—No.
Ataque directo.
Más fuerte que antes.
Rubí bloqueó.
Pero el impacto la arrastró varios metros.
El refugio empezó a colapsar.
—¡NOS VAMOS! —gritó Noah.
—¡NO! —respondió Rubí.
Pero el techo cedió parcialmente.
Escombros cayendo.
—¡RUBÍ!
Adrián tomó una decisión.
Avanzó.
Por primera vez.
En serio.
—Se terminó.
El aire cambió.
Radicalmente.
Más preciso.
Más peligroso.
La chica lo sintió.
—¿Y vos quién sos?
Adrián la miró.
Frío.
—El que sí sabe pelear.
Y desapareció.
Pero no como antes.
Más rápido.
Más limpio.
Apareció detrás de ella.
Golpe.
Directo.
La chica salió despedida contra una pared.
Se levantó.
Pero esta vez…
con dificultad.
—Interesante… —murmuró.
Adrián avanzó.
—Andate.
Silencio.
Ella los miró a todos.
Especialmente a Rubí.
—Esto no terminó.
Una pausa.
—Vos… tampoco.
Y desapareció.
De verdad esta vez.
Silencio.
Pesado.
El refugio en ruinas.
Rubí cayó de rodillas.
Agotada.
Noah corrió hacia ella.
—¿Estás bien?
Ella asintió apenas.
—Sí…
Pero no era cierto.
Adrián miraba el lugar donde la chica había estado.
Serio.
—Eso fue solo una prueba.
Rubí levantó la mirada.
—¿De quién?
Silencio.
Y entonces.
—De ella… o de Vega.
El aire se volvió frío.
Porque cualquiera de las dos respuestas…
era mala.
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Editado: 03.04.2026