El refugio ya no era un refugio.
Era un desastre.
Paredes agrietadas. Equipos destruidos. Chispas cayendo del techo como lluvia.
Y en el centro…
Silencio.
Pesado.
Irreal.
Rubí seguía de rodillas.
Respirando con dificultad.
Noah a su lado.
—Tenemos que irnos —dijo, firme—. Esto ya no es seguro.
Adrián no discutió.
Eso ya decía mucho.
—Tiene razón.
Rubí levantó la vista.
—No… todavía no…
Noah frunció el ceño.
—¿Qué?
—La sentí… —susurró—. No estaba sola.
Adrián se tensó.
—Explicate.
Rubí tragó saliva.
—Había algo más dentro de ella… como cuando pasó con el otro chico…
Silencio.
—Pero peor.
Noah negó.
—Genial. Cada vez mejor.
Adrián caminó lentamente.
Pensando.
Conectando piezas.
—Si Vega está interfiriendo directamente en los sujetos…
Rubí lo miró.
—¿Puede hacer eso?
Adrián dudó.
—No debería.
Una pausa.
—Pero si encontró la forma de usar la red…
El aire se volvió más pesado.
—Entonces puede meterse en cualquiera —terminó Noah.
Rubí sintió un escalofrío.
—Ella no estaba fuera de control… —murmuró—. Estaba siendo empujada.
Silencio.
—Manipulada.
Noah se alejó unos pasos.
Pasándose las manos por la cara.
—No puedo más con esto.
Rubí lo miró.
—Noah…
—No —la frenó—. Escuchame vos ahora.
Silencio.
—Cada vez es peor. Cada vez es más peligroso. Y vos… —la señaló— te estás metiendo más y más.
—No tengo opción.
—Siempre hay una opción.
—¿Ah sí? —respondió ella—. ¿Cuál? ¿Huir? ¿Ignorar a todos los que están como yo?
Noah la miró.
Dolido.
—Elegirme a mí.
Silencio.
Brutal.
Rubí sintió el golpe directo.
—No me hagas elegir eso…
—Pero es lo que está pasando.
Las palabras quedaron flotando.
Pesadas.
Irreversibles.
—Porque cada vez que usás eso… —continuó Noah— te alejás más de mí.
Rubí bajó la mirada.
—No es verdad…
—Sí lo es.
Silencio.
—Y lo peor… —su voz bajó— es que creo que ya elegiste.
Eso la rompió.
—Noah…
Pero él ya estaba retrocediendo.
—Necesito aire.
Se dio vuelta.
Y salió.
La puerta golpeó fuerte al cerrarse.
Silencio.
Vacío.
Rubí no se movió.
No podía
—No va a volver igual.
La voz de Adrián fue baja.
No cruel.
Pero real.
Rubí no respondió.
—Tenemos que movernos —continuó—. Vega ya sabe dónde estamos.
—Lo sé.
Lo dijo sin emoción.
Eso preocupó más.
Adrián la miró.
—Rubí…
—Estoy bien.
Mentira.
—No lo estás.
Silencio.
Pero no insistió.
—Hay otro lugar —dijo finalmente—. Más seguro. Más oculto.
Rubí asintió.
—Vamos.
Pero antes de moverse…
miró la puerta.
Donde Noah había salido.
Y por primera vez…
dudó.
***
En otro lugar.
Oscuro.
Controlado.
Pantallas encendidas.
Señales.
Puntos.
Moviéndose.
Vega observaba.
En silencio.
—Interesante progresión…
Detrás de él.
La chica.
Apoyada contra la pared.
Brazos cruzados.
Molesta.
—No me gusta que te metas en mi cabeza.
Vega sonrió levemente.
—Aún no entendés tu potencial.
—No necesito que me controlen.
—No te controlo.
Una pausa.
—Te guío.
Ella rodó los ojos.
—Lo que digas.
Vega la miró.
—Sentiste lo que hizo.
Silencio.
—Sí.
—Y aun así sobreviviste.
Una leve sonrisa.
—Eso te hace valiosa.
La chica no respondió.
Pero algo en su mirada cambió.
—Quiero otra oportunidad.
Vega asintió.
—La vas a tener.
Se giró hacia las pantallas.
Un punto brillaba más que los demás.
Rubí.
—Pero esta vez… —murmuró— no va a estar sola.
La pantalla mostró múltiples señales activas.
—Vamos a ver qué pasa… cuando todos colisionen.
***
En la calle.
Noah caminaba sin rumbo.
Respirando fuerte.
Intentando pensar.
Intentando sentir algo que no fuera miedo.
O pérdida.
Se detuvo.
Algo no estaba bien.
Silencio.
Demasiado.
—Genial… —murmuró—. ahora también me persiguen a mí.
Una voz.
Desde atrás.
—No exactamente.
Noah giró.
Y se congeló.
Un chico.
Desconocido.
Mirándolo fijo.
—Pero vos… sos importante.
Silencio.
—Porque sos su punto débil.
El corazón de Noah se aceleró.
—¿Quién sos?
El chico sonrió.
Y sus ojos…
brillaron.
—Alguien que quiere ver… cuánto estás dispuesto a romperte por ella.
El aire vibró.
Peligroso.
Y Noah…
estaba solo.
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Editado: 03.04.2026