El aire estaba demasiado quieto.
Noah lo sintió antes de entenderlo.
Ese silencio…
No era normal.
Era… previo.
—No me gustan los juegos —dijo, firme, mirando al chico frente a él—. Decime quién sos.
El chico no respondió de inmediato.
Solo lo observó.
Analizando.
Midiendo.
—No sos especial —dijo finalmente—. Y sin embargo… sos clave.
Noah frunció el ceño.
—¿Para qué?
El chico sonrió apenas.
—Para ella.
Silencio.
—Siempre es así… —continuó—. Los fuertes tienen algo que los ancla.
Una pausa.
—Y vos sos eso.
Noah apretó los puños.
—Si querés llegar a Rubí… vas a tener que pasar por mí.
Error.
El chico inclinó la cabeza.
Curioso.
—No entendés.
Y entonces.
El aire explotó.
Noah salió despedido varios metros, chocando contra el asfalto.
—¡Mierda…!
Intentó levantarse.
Dolor en todo el cuerpo.
—Esto no es una pelea… —dijo el chico, acercándose lentamente—. Es un mensaje.
***
Rubí se detuvo en seco.
—No…
Adrián giró.
—¿Qué pasa?
Ella se llevó la mano al pecho.
—Noah…
El pulso.
Fuerte.
Descontrolado.
Dolor.
—Le está pasando algo.
Adrián no dudó.
—¿Dónde?
Rubí cerró los ojos.
Intentó enfocarse.
Pero la red…
era demasiado.
Demasiadas voces.
Demasiadas señales.
—No lo encuentro…
—Entonces sentilo —dijo Adrián—. No pienses.
Rubí respiró.
Y soltó el control.
***
El chico lo levantó del suelo… sin tocarlo.
—Quiero que sientas esto.
Noah luchaba.
Pero no podía moverse.
—Sos débil.
—Andate al carajo… —escupió.
El chico sonrió.
—Perfecto.
Y entonces.
Dolor.
Directo.
Mental.
No físico.
Noah gritó.
—¡AHHH!
Imágenes.
Recuerdos.
Rubí.
Su risa.
Su mirada.
Todo… atravesándolo.
—¿La querés? —susurró el chico—. Entonces mirá bien lo que va a pasar.
***
Rubí abrió los ojos de golpe.
—Lo tengo.
Adrián se tensó.
—¿Dónde?
—Conecté con él.
—Rubí, cuidado.
Pero ella ya no estaba ahí.
Oscuridad.
Y luego.
Noah.
De rodillas.
Gritando.
—¡NOAH!
Él levantó la vista.
—Rubí…
Alivio.
Dolor.
Todo junto.
—Estoy acá…
Pero algo no estaba bien.
El ambiente… distorsionado.
—Salí —dijo Noah—. No es seguro.
Demasiado tarde.
El chico apareció.
Dentro.
—Perfecto.
Rubí se tensó.
—¿Quién sos?
Él la miró.
Interesado.
—Así que esta es la famosa Rubí.
Silencio.
—No me gusta —dijo.
Rubí sintió la provocación.
Pero no reaccionó.
—Dejalo ir.
—No.
Una pausa.
—Quiero ver qué hacés cuando tu punto débil se rompe.
Noah intentó levantarse.
—No le hagas caso.
El chico hizo un gesto.
Y Noah gritó.
Más fuerte.
Rubí sintió el dolor como propio.
—¡PARÁ!
El aire vibró.
La conexión tembló.
El chico sonrió.
—Eso es… reaccioná.
Rubí respiró.
Intentó calmarse.
—Esto no es necesario.
—Para mí sí.
Y entonces.
—Porque quiero saber si sos capaz de sacrificarlo.
Silencio.
Brutal.
El tiempo se detuvo.
—¿Qué?
—Elegí.
El chico inclinó la cabeza.
—O lo salvás… y perdés el control.
Una pausa.
—O lo dejás… y mantenés tu poder.
Noah la miró.
—No lo hagas…
Rubí sintió todo.
El peso.
La presión.
El miedo.
—Rubí… —susurró él—. no elijas por mí.
Eso la quebró.
Pero también…
la fortaleció.
Cerró los ojos.
Y decidió.
—No voy a elegir.
El aire se detuvo.
—Voy a hacer las dos.
El chico sonrió.
—Imposible.
—Mirame.
Rubí soltó todo.
Pero esta vez…
no fue caos.
Fue intención.
Pura.
Dividida.
Una parte de su energía envolvió a Noah.
Protección.
La otra…
golpeó al chico.
Directo.
Violento.
La conexión explotó.
—¿Qué…? —murmuró él.
Por primera vez…
sorprendido.
Noah cayó al suelo.
Libre.
El chico retrocedió.
—Interesante…
Rubí respiraba agitada.
—Terminamos.
Silencio.
—No —respondió él—. recién empezamos.
Pero no atacó.
Solo sonrió.
—Ahora entiendo por qué te quieren.
Y desapareció.
La conexión se cortó.
***
Rubí abrió los ojos de golpe.
—¡NOAH!
—Está vivo —dijo Adrián—. Lo sentí.
Rubí ya estaba corriendo.
Sin esperar.
Sin pensar.
—¡Rubí!
Pero ella no se detuvo.
Noah estaba en el suelo.
Respirando con dificultad.
Dolorido.
Pero vivo.
Rubí llegó.
Se arrodilló a su lado.
—Noah…
Él la miró.
Débil.
Pero sonrió.
—Tardaste…
Rubí soltó una risa entre lágrimas.
Silencio.
Corto.
Intenso.
—Pensé que… —empezó él.
—Yo también.
Se miraron.
Todo lo no dicho… ahí.
Pero esta vez…
sin palabras.
Adrián llegó segundos después.
Mirando alrededor.
—Se fue.
Rubí asintió.
—Sí.
Pero su mirada cambió.
Más dura.
Más decidida.
—Y va a volver.
Silencio.
Y entonces.
—La próxima vez… no voy a reaccionar.
Los miró a ambos.
—Voy a estar lista.
El aire se tensó.
Porque eso…
no era una promesa.
Era una advertencia.
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Editado: 03.04.2026