El mundo… empezó a romperse en silencio.
No con explosiones masivas.
No con guerras visibles.
Sino con algo peor.
Eventos aislados.
Desconectados.
Pero todos… ocurriendo al mismo tiempo.
***
Un edificio vibra.
Ventanas estallan.
Un hombre grita mientras todo a su alrededor se desarma.
—¡NO PUEDO PARAR!
Su cuerpo emite ondas de choque.
Incontrolables.
Destructivas.
***
Autos frenan de golpe.
Un chico en medio del asfalto en plena carretera.
Los vehículos… flotan.
—No… no… no…
Pero no bajan.
Siguen subiendo.
Peligroso.
***
En el subterráneo las luces parpadean.
Una mujer camina.
Todo lo que toca…
se oxida.
Se desintegra.
—¿Qué me está pasando…?
***
Rubí cae de rodillas.
—¡NO!
Noah la sostiene.
—¿Qué pasa?
—Todos… —jadea—. están colisionando…
Adrián ya lo entendió.
—Vega los está empujando.
—No puedo… —susurra Rubí—. son demasiados…
Silencio.
Y entonces.
—Tenés que elegir.
Las palabras de Adrián fueron frías.
Pero reales.
—No —respondió ella—. no voy a dejar que mueran.
—No podés salvarlos a todos.
—Tengo que intentarlo.
Noah la miró.
Y vio el límite.
—Rubí…
—No.
Se soltó.
Se puso de pie.
Y cerró los ojos.
Esta vez…
no fue una conexión puntual.
Fue total.
Rubí se lanzó a la red.
Completa.
Sin filtro.
Sin protección.
Oscuridad.
Y luego.
Todo.
Miles de voces.
Miles de mentes.
Dolor.
Miedo.
Caos.
—Pará… —susurró—. por favor…
Pero no respondían.
No podían.
Estaban fuera de control.
Rubí empezó a actuar.
Primero
El hombre del edificio.
Envió una frecuencia.
Intentando estabilizarlo.
—Respirá… —murmuró—. calmate…
Funcionó.
Un poco.
La vibración bajó.
Pero no se detuvo.
—No alcanza…
Siguiente.
La carretera.
Los autos.
Rubí empujó.
Bajó la frecuencia.
Los vehículos descendieron lentamente.
Gente gritando.
Pero vivos.
—Uno más…
Pero cada acción…
la desgastaba.
Más.
Y más.
***
—Rubí, cortá —la voz de Noah, lejana—. no podés sostener esto…
Pero ella no escuchaba.
—Uno más…
Subterráneo.
La mujer.
Desintegrando todo.
Rubí se conectó.
Pero esta vez...
Algo falló.
La mujer gritó.
—¡SALÍ!
Y atacó.
Directo.
La conexión se rompió.
Violenta.
Rubí gritó.
—¡AH!
Volvió.
De golpe.
Al cuerpo.
Cayó.
Respirando con dificultad.
—No… no… no…
Noah la sostuvo.
—Ya está. Ya está.
Pero no lo estaba.
Un segundo.
Dos.
Y entonces...
Rubí lo sintió.
El vacío.
—No…
Adrián bajó la mirada.
—¿Qué pasó?
Rubí tembló.
—No llegué…
Silencio.
—¿A quién?
Las palabras no salían.
Pero finalmente...
—Al del edificio…
El aire se congeló.
—Colapsó.
Noah cerró los ojos.
Golpe.
Real.
—No pude salvarlo…
Y eso…
la rompió.
***
Pantallas.
Decenas.
Cientos.
Eventos.
Caos.
Y en el centro.
Rubí.
Cayendo.
—Ahí está…
Vega sonrió.
—El primer quiebre.
La chica estaba a su lado.
Observando.
En silencio.
—No pudo con todos… —murmuró ella.
—Nunca iba a poder.
Una pausa.
—Pero tenía que intentarlo.
La chica lo miró.
—¿Por qué?
Vega respondió sin dudar:
—Para entender… que no es una salvadora.
Silencio.
—Es un sistema.
Frío.
Calculado.
***
Rubí seguía en el suelo.
Sin moverse.
—Lo sentí… —susurró—. se apagó…
Noah no dijo nada.
Solo la abrazó.
Fuerte.
Pero esta vez…
no alcanzaba.
Adrián observaba.
Serio.
—Esto recién empieza.
Rubí levantó la mirada.
Y había algo nuevo.
No solo dolor.
No solo culpa.
Algo más.
Más oscuro.
Más decidido.
—Entonces voy a hacer que termine.
Silencio.
Porque esa versión de Rubí…
ya no era la misma.
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Editado: 03.04.2026