Rubí : Resonancia Libro 2

Capitulo 18: Alineadas

El silencio… ya no era paz.
Era culpa.
Rubí no se movía.
Seguía sentada en el suelo.
Donde había caído.
Donde todo… había cambiado.
Noah seguía a su lado.
Pero esta vez…
no la tocaba.
No sabía si debía.
—Rubí…
Nada.
—Ey…
Silencio.
Adrián observaba desde atrás.
Analizando.
Midiendo.
Esperando.
—Está procesando —dijo finalmente.
Noah lo miró mal.
—No es una máquina.
—No —respondió Adrián—. pero funciona como una.
Golpe.
—Cerrá la boca.
Rubí habló.
Por primera vez.
—Tiene razón.
Silencio.
Ambos la miraron.
—Lo sentí…
Su voz era baja.
Vacía.
—Como si alguien apagara una luz.
Noah tragó saliva.
—No fue tu culpa.
Rubí lo miró.
Y por primera vez…
no hubo emoción.
—Sí lo fue.
Eso fue peor.
Mucho peor.
Rubí se puso de pie.
Lenta.
Pero firme.
—No puedo hacer esto así.
Adrián la observó.
Interesado.
—¿Así cómo?
—Sintiendo todo.
Una pausa.
—Me está frenando.
Noah negó.
—Eso es lo que te hace vos.
Rubí lo miró.
Y esa mirada…
ya no era la misma.
—Eso es lo que casi me destruye.
Silencio.
—Si voy a seguir…
Respiró hondo.
—Tengo que cambiar.
Adrián asintió.
—Correcto.
Noah no.
—No.
Rubí se giró hacia él.
—Noah.
—No te conviertas en eso.
—¿En qué?
—En alguien que deja de sentir.
Silencio.
Rubí dudó.
Un segundo.
Pero fue suficiente.
—No tengo opción.
Eso…
terminó de romper algo.

***

Un ruido.
Sutil.
Pero claro.
Adrián reaccionó primero.
—No estamos solos.
Rubí ya lo sabía.
—Lo sé.
El aire cambió.
Otra vez.
Pero diferente.
Más… contenido.
La chica apareció.
Pero no atacó.
Se quedó ahí.
Observando.
—No vine a pelear.
Silencio.
Nadie le creyó.
—Entonces ¿qué querés? —preguntó Noah.
La chica ignoró la pregunta.
Miró a Rubí.
Directo.
—Lo sentí.
Rubí no respondió.
—Cuando fallaste.
Golpe.
Noah se tensó.
—Cuidado con lo que decís.
La chica ni lo miró.
—Duele, ¿no?
Silencio.
Rubí la sostuvo con la mirada.
—¿Por qué estás acá?
Una pausa.
La chica dudó.
Apenas.
—Porque… no entendí algo.
Eso sorprendió.
—¿Qué cosa? —preguntó Adrián.
La chica respondió sin mirarlo.
—Por qué lo intentaste igual.
Silencio.
Rubí tardó en responder.
Pero lo hizo.
—Porque era una persona.
La chica frunció el ceño.
—Eran muchas.
—Y cada una importaba.
Silencio.
La chica bajó la mirada.
Un segundo.
—Eso es lo que te hace débil.
Rubí negó.
—Eso es lo que me hace diferente.
Silencio.
Tenso.
Real.
Y por primera vez…
la chica no tuvo respuesta inmediata.
De pronto.
Dolor.
La chica se llevó las manos a la cabeza.
—No…
Rubí lo sintió también.
—Otra vez…
Adrián se tensó.
—Vega.
La chica apretó los dientes.
—No… no voy a
Su cuerpo vibró.
Descontrolado.
—¡SALÍ!
Pero no podía.
Rubí dio un paso adelante.
—Dejame ayudarte.
—¡NO!
La chica levantó la mano.
Pero no atacó.
Luchaba.
Contra algo interno.
—No quiero… —susurró.
Eso cambió todo.
Rubí la miró.
Y decidió.
Esta vez…
no atacó.
No controló.
Se acercó.
Despacio.
—Tranquila…
Adrián no dijo nada.
Pero estaba listo.
Noah dudó.
—Rubí…
—Confía.
Se acercó más.
—No estás sola.
La chica la miró.
Con miedo.
Real.
—No puedo frenarlo…
Rubí levantó la mano.
—Yo sí.
Y la tocó.
Sincronía.
La conexión fue inmediata.
Pero diferente.
Más estable.
Más profunda.
Rubí no forzó.
Acompañó.
La frecuencia de la chica empezó a alinearse.
Lentamente.
—Respirá…
Silencio.
El caos bajó.
El temblor cesó.
Los ojos de la chica…
se estabilizaron.
Por completo.
Silencio absoluto.
La chica retrocedió.
Confundida.
—¿Qué… hiciste?
Rubí respiró hondo.
—Te ayudé.
Silencio.
—Sin controlarme…
—No.
Otra pausa.
Más larga.
Más pesada.
—Eso no debería ser posible.
Adrián intervino.
—Con ella… muchas cosas no lo son.
La chica miró a Rubí.
Diferente ahora.
—Vega tenía razón…
Silencio.
—Sos peligrosa.
Pero esta vez…
no sonó como amenaza.
Sino como reconocimiento.
Rubí la observó.
—Podés elegir.
La chica frunció el ceño.
—¿Elegir qué?
—No ser parte de él.
Silencio.
La tensión volvió.
Pero distinta.
Interna.
La chica dudó.
Por primera vez…
de verdad.
—No es tan fácil.
—Lo sé.
Rubí la miró fijo.
—Pero es posible.
Silencio.
Y entonces.
La chica dio un paso atrás.
—Esto no termina acá.
Pero no atacó.
No amenazó.
Solo…
se fue.
Noah miró a Rubí.
—¿Qué hiciste?
Rubí lo miró.
Y esta vez…
había algo nuevo.
No frío.
No oscuro.
Algo más peligroso.
Control.
—Cambié las reglas.
Silencio.
Y Adrián…
por primera vez…
pareció realmente impresionado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.