Rubí : Resonancia Libro 2

Capitulo 25: Resonancia

El mundo… se detuvo.
Otra vez.
Pero esta vez no había vuelta atrás.
La presencia de Vega llenó todo.
No entró.
No apareció.
Simplemente… estaba.
En todas partes.
—Viniste preparada.
Su voz no era sonido.
Era presión.
Rubí no retrocedió.
—Vine a terminarlo.
Silencio.
—No —respondió Vega—. viniste a convertirte en lo que sos.
El aire vibró.
Más fuerte que nunca.
Adrián atacó primero.
Rápido.
Preciso.
Lena lo siguió.
Caótica.
Letal.
Dos frecuencias distintas.
Una sola intención.
Impacto directo.
Pero Vega…
los detuvo.
Sin esfuerzo.
—Todavía juegan en superficie.
Los lanzó contra el suelo.
Inmovilizándolos.
—¡ADRIÁN! —gritó Noah.
Intentó correr.
Pero no pudo.
La presión lo aplastó.
—¡NOAH! —gritó Rubí.
Y eso fue lo que Vega esperaba.

LA TRAMPA FINAL

—Siempre lo mismo… —murmuró—. el ancla.
Noah fue elevado.
Otra vez.
Pero peor.
Más alto.
Más violento.
—¡RUBÍ!
Rubí avanzó.
—¡SOLTALO!
—O qué.
Silencio.
—¿Vas a hacer lo mismo que antes?
Una pausa.
—¿O vas a terminar de aceptar lo que sos?
El tiempo se detuvo.
Otra vez.
Rubí respiró.
Y entendió.
Todo.
No era elegir entre Noah…
y el poder.
No era salvar a uno…
o a todos.
Era otra cosa.
Más profunda.
Más peligrosa.
—No soy tu sistema.
Silencio.
—Ni tu arma.
Un paso más.
—Soy la conexión.
El aire cambió.
Radicalmente.

RESONANCIA TOTAL

Rubí cerró los ojos.
Y esta vez…
no absorbió.
No controló.
No impuso.
Resonó.
Con todos.
Con cada sujeto.
Con cada mente.
Con cada fragmento.
La red entera…
respondió.
No como caos.
Como unidad.
Vega reaccionó.
Por primera vez forzado.
—No…
Intentó controlar.
Pero no pudo.
—Esto no es posible.
—No es control —susurró Rubí—.
Abrió los ojos.
Y brillaban…
como nunca.
—Es conexión.
Y entonces la red lo rechazó.
La presencia de Vega se distorsionó.
Se fragmentó.
Se quebró.
—Interesante… —murmuró—. realmente interesante…
Pero no pudo sostenerlo.
La red lo expulsó.
No destruido.
No del todo.
Pero fuera.
Desconectado.
El mundo volvió.
El aire regresó.
El peso desapareció.
Noah cayó al suelo.
Libre.
Adrián y Lena respiraron.
Vivos.
Pero Rubí…
seguía de pie.
—Rubí…
Noah se acercó.
Despacio.
Con miedo.
—Ya pasó…
Rubí lo miró.
Y sonrió.
Pero…
algo no estaba bien.
—Sí…
Su voz era suave.
Demasiado.
—Ya pasó.
Pero su energía…
no bajaba.
No se apagaba.
Seguía activa.
Constante.
—Rubí… —dijo Adrián—. cortá la conexión.
Silencio.
—No puedo.
Golpe.
—¿Qué?
Rubí bajó la mirada.
—No está… afuera.
Una pausa.
—Está en mí.
El aire se enfrió.
—Toda la red…
susurró Lena.
Rubí asintió.
—Ahora… soy yo.
Noah dio un paso atrás.
Instintivo.
—No…
Rubí lo vio.
Y eso…
dolió más que todo.
—No te voy a lastimar.
—No es eso…
Pero sí lo era.
Un poco.
—Es que ya no sé dónde terminás vos…y empieza eso.
Silencio.
Irrompible.
Rubí quiso decir algo.
Pero no salió.
Porque en el fondo…
él tenía razón.

***
Adrián observaba.
Serio.
—Ganamos.
Pero no sonó como victoria.
Lena miró a Rubí.
—¿Y ahora qué?
Silencio.
Rubí levantó la mirada.
Y por primera vez…
no había duda.
No había miedo.
Solo…
peso.
—Ahora…
Una pausa.
—Tengo que aprender a vivir con esto.
Días después.
El mundo sigue.
Pero distinto.
Más silencioso.
Más… contenido.
Rubí está sola.
En un lugar alto.
Mirando la ciudad.
Sintiendo.
A todos.
Siempre.
Noah no está.
Adrián tampoco.
Lena… menos.
Por ahora.
Pero no están lejos.
Solo…
distantes.
Rubí cierra los ojos.
La red responde.
Suave.
Constante.
Infinita.
Y susurra:
—Esto no terminó…
Una pausa.
Y entonces.
—Recién empieza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.