Ya había pasado casi una hora frente a mi ordenador y así como estaba la pantalla en blanco, también se encontraba mi mente, se supone que tenía que tener un informe listo sobre la comunicación en mi carrera universitaria, pero por más que intentaba escribir una oración completa terminaba borrándola porque era un asco.
Pero esto no solo se trataba de no tener una idea clara de lo que escribiría en el reporte, pues de cierta forma si lo sabía, mas no lograba plasmar la idea clara.
Me pase las manos por la cara frustrada por la situación, necesitaba salir, necesitaba aire fresco e intentar pensar con claridad. Cerré mi computadora y me puse de pie y fui al armario para tomar un abrigo, ni siquiera me miré al espejo, no me importaba como me viera la gente en estos momentos, lo único que quería era un respiro.
Hacía mucho frio afuera, el cielo estaba nublado y sin duda pronto llovería, pero eso no hizo que me detuviera, si terminaba lloviendo ya correría para encontrar un lugar donde entrar o simplemente dejaría que la lluvia callera con fuerza sobre mí, tal vez de esa forma podría sentir más de lo que siento ahora mismo, necesitaba sentir…algo, más que este sentimiento de vacío.
Había pocas personas en la calle pues era obvio que pronto llovería, ya el día se empezaba a oscurecer pues había llegado la noche. Las pocas personas que iban en la calle llevaban sus paraguas, otras caminaban de prisa para que el agua no los sorprendiera. Solo pasaron unos minutos en los que caminaba sin un rumbo fijo y la lluvia comenzó a caer. Primero como una llovizna y minutos después el agua comenzó a caer de manera violenta. Ya no había nadie en la calle, solo me encontraba yo ahí, en medio de la calle con el agua golpeándome con fuerza.
Comenzaba a temblar por el fuerte frio que hacía y por lo fría que se sentían las fuertes gotas de agua. Pero él no sentir nada en mis emociones era peor que ese momento que estaba viviendo, ni siquiera salía una lagrima, me sentía paralizada, había llorado tanto ya, que pareciera que las lágrimas se habían acabado, aun así, el dolor permanecía latente.
Mi corazón se sentía en ruinas, lleno de grietas, totalmente olvidado y abandonado y mientras mas pasaba el tiempo se sentía aún más deteriorado.
De repente sentí como la lluvia dejaba de caer sobre mí y no porque se hubiera detenido, sino que alguien se había detenido detrás de mí con un paraguas. Al levantar mi mirada hacia arriba un paraguas azul me cubría y al darme la vuelta y levantar la mirada unos ojos grises me miraban con extrañeza. Su cabello largo y rizo cubrían su frente y aun así note su entrecejo fruncido
—¿Andas en un busca de un resfriado? No deberías de estar aquí así…, ven —el chico desconocido agarro mi mano y me arrastro hasta un lugar que nos cubriera de la fuerte lluvia que caía. Yo no puse oposición, en realidad no tenía ni siquiera ánimos para hacerlo, simplemente me dejé llevar.
Durante unos 20 segundos ninguno de los dos dijo nada, levante mi mirada y observe el chico a mi lado que se encontraba de perfil, estábamos donde nos cubríamos de la lluvia, pero aun así el seguía llevando el paraguas abierto. Era alto, así que tenía que elevar la mirada para poder ver su rostro. Observe su cabello, la luz que había cerca era poca, pero note que era castaño y era…
No pude seguir observándolo porque había volteado hacia mí. Yo desvié la mirada rápidamente a lo que él sonrió un poco haciendo que dos hoyuelos se marcaran en sus mejillas.
—No deberías estar bajo la lluvia así, puedes enfermarte cuando el agua esta así de fuerte —. El chico dirigió su mirada hacia el frente y después un breve silencio volvió hablar otra vez, aun con su mirada hacia el frente—. ¿Estás bien?
—Estoy bien —respondí sabiendo que realmente no era así, nada estaba bien, todo estaba muy mal.
—Sí, era un poco obvio que no le dirás a un desconocido si verdaderamente no lo estas.
No respondí a sus palabras porque verdaderamente no sabía que responder y no tenía ni siquiera porque, como dijo el, era solo un desconocido.
Luego de que pasaran unos segundos en los que ninguno de los dos dijo nada, vi de reojo como el chico miro el reloj que llevaba en su muñeca. El chico se giró hacia mí, así que levanté la mirada y dirigí mi mirada hacia él.
—No me importaría quedarme aquí acompañándote hasta que pase la lluvia, pero tengo que irme — el chico me hablaba como si me conociera de toda la vida.
Entonces cuando pensé que ya no diría nada más me sonrió y dijo.
—Evitare hacer esto una escena romántica donde te dejo mi paraguas, salgo corriendo y nos terminamos enamorando, así que, no te muevas de aquí hasta que pase la lluvia., ¿vale?
Sin más aquel chico volvió a sonreír haciendo que una vez más los dos hoyuelos en sus mejillas se marcaran y se fue. Yo solo me quede ahí, con la respiración agitada por el frio
¿Qué había pasado? Que interacción tan rara, que chico tan raro.
Aproximadamente 15 minutos pasaron cuando la lluvia se detuvo, así que me fui a casa otra vez. Diez minutos después había llegado a casa.
Al estar dentro de casa fui directo al baño a darme una ducha con agua caliente, eran las 11 de la noche así que me preparé para dormir, pero al estar recostada en mi cama no podía conciliar el sueño, mi mente todavía estaba en lo que me había pasado hace un rato.
Frustrada por no poder dormir me levanté de la cama y me senté en mi escritorio frente a mi ordenador y comencé a escribir, mis dedos se movían sin pausa sobre el teclado y cuando levanté mi cabeza hacia la pantalla había escrito mi reporte de la universidad. Lo leí para ver si tenía coherencia y había escrito lo correcto y me sorprendí porque la verdad me había quedado más bien de lo que me imaginé que podía quedar.
Lo había logrado, al parecer el frio, la fuerte lluvia que cayó sobre mí, la presencia y palabras de aquel desconocido con paragua azul me habían ayudado.