Al estar frente a esa casa mi corazón comenzó a latir con rapidez, no debí haber venido a este lugar, pero ya estaba aquí y no iba a huir como cobarde, vería con mis propios ojos la maldad en mi madre.
Avancé unos pasos hasta estar frente a la puerta y tome una bocana de aire y con mis manos temblorosas toque el timbre, no paso ni diez segundos y la puerta fue abierta por ella, mi madre.
—Eli —dijo con una sonrisa.
—Elina, llámame por mi nombre completo, por favor —ella asintió y me dio el paso para que entrara.
—Feliz cumpleaños.
—Gracias hija.
Reí al escuchar cómo me llamo.
—Tienes el descaro de decirme hija, tengo la curiosidad de saber porque me invitaste hoy.
—Elina yo…
—Elina, estas aquí —al escuchar aquella voz sentí repulsión.
Mire con desprecio al hombre que apareció atrás de mi madre, el hombre por el que mi madre había decidido dejarme a mí y a mi padre. Iba a responderle de mala manera, pero justo en ese instante dos personas bajaron de las escaleras, Alison y Alan, mis dos medios hermanos, las otras dos personas por la cual a mi madre se le olvido que yo también era su hija. Alison apenas tenía 5 años y Alan tenía dieciocho, cuatro años menor que yo. No tenía resentimiento contra ellos, al final ellos no tenían la culpa, ellos no me apartaron, mi madre sí.
Había venido poco a esta casa, era la cuarta vez, mi madre me decía que podía ir cuando quisiera, pero yo sabía que lo decía por decir, pues su marido no quería eso y yo lo sabía y ella también, sé que me lo decía porque sabía que me negaría a ir todas las veces que quisiera. Solo vine un día que mamá enfermo muy grave, en el cumpleaños número 10 de Alan, donde me vio por primera vez y en el cumpleaños número cuatro de Alison. Había venido esas veces porque en el fondo mi corazón quería sentir la cercanía de mi madre y la de mis medios hermanos, pero con el pasar de los años me di cuenta de que no valía la pena intentarlo, que mientras lo intentaba solo me arruinaba más al no recibir lo que esperaba. Simplemente decidí alejarme y no intentar algo que no funcionaria.
—Elina, es bueno verte —Alan me abrazo emocionado y yo le regrese el abrazo para que no se armara un momento incomodo, aunque desde que entre a esta casa se formó la incomodidad. Él había sido el que me había escrito para invitarme a la celebración del cumpleaños de mamá—. Tenía aproximadamente un año que no te veía, desde el cumpleaños de Alison, solo te he visto pocas veces a lo largo de mi vida… —sus palabras sonaron tristes, estaba segura de que al no estaba al tanto de lo que en realidad pasaba, de la realidad de porque estaba totalmente apartada de ellos —. Mamá ha estado tan ocupada estos días y casi se le olvida invitarte a la cena, por favor no te enojes con ella, pero yo se lo recordé y te escribí, me alegra que esta vez no te hayas negado a venir.
Intente ocultar mi cara de tristeza con una sonrisa, sabía que no se le había olvidado, ella ni tenía pensado invitarme.
—Por qué no mejor vamos a la mesa, la comida esta lista —dijo mamá.
Nos dirigimos hacia la sala y nos sentamos en la mesa, ya todo estaba cérvido y comenzamos a comer, el ambiente era muy incómodo.
—¿Cómo te está yendo en la universidad Elina? —pregunto Alan.
—Todo va bien —le respondí con media sonrisa.
—Yo, bueno, no entendía porque no vives con nosotros —en ese momento me tense de pies a cabeza —después de preguntarle tanto a mamá por fin me dijo que no estás viviendo ahora con nosotros porque te estas quedando en un lugar más cerca de la universidad, dijo que esta casa está un poco alejada, me encantaría tanto que pudieras estar aquí viviendo con nosotros, pero mamá dice que a veces para alcanzar los sueños hay que hacer sacrificios.
Mi cuerpo estaba todo tenso y bajé mis manos y las escondí de debajo de la mesa para ocultar el temblor que en ellas se formaron. Entonces le había inventado esa cruel mentira para no explicar porque no vivo con ella.
¿Eso era lo que mama había hecho? ¿Sacrificarnos a mí y a mi padre dejándonos para formar otra familia?
A mi mente vino el momento en que me volví a ver con ella después de haberme abandonado.
Papá se había seis meses después de que mamá decidiera dejarme para irse con su nuevo esposo. Luego de que papá se fue busque nuevamente a mamá para decirle que estaba completamente sola, que papá también se había ido y me había dejado. Ella agarro mis manos y puso en ellos un sobre, mis ojos bajaron y en el momento en el que pude ver de qué se trataba rompí en llanto, mi propia madre había terminado de romper mi corazón, si quedaba algo del intacto, mi madre había acabado con ello en ese momento.
—¿Estas escuchando lo que estoy diciendo? Papá también se ha ido, estoy sola.
Sus palabras antes de marcharse fueron las palabras que más me han dolido en mi vida.
—Guarda este dinero, si necesitas más me dices, yo te lo daré, dentro esta mi nuevo número de teléfono, pero no puedes vivir conmigo, no puedo arruinar lo nuevo que acabo de construir con Alberto.
Y se fue, sin siquiera mirar atrás, como si no había hecho pedazos a su propia hija con esas palabras.
Con ese recuerdo grabado en mi cabeza que me carcomía todas las noches me pare de aquella mesa donde se encontraba la familia feliz. Alan se me quedo mirando con sorpresa y Alison miraba la situación sin entender nada de lo que estaba pasando a su alrededor, Alberto mantenía una mirada fría y mi mamá me miraba con nerviosismo y con lágrimas en los ojos.
—¿Eso te dijo mamá eh?
Sin esperar una respuesta de nadie me apresure a salir de esa casa que era tan asfixiante para mí, al estar afuera intente respirar con calma porque lo último que quería era un ataque de pánico en medio de la calle.
Ya era de noche, al mirar el reloj en mi muñeca eran las ocho de la noche y mis pies comenzaron a moverse sin un destino fijo. Mi cuerpo se movía, pero mi mente se sentía tan ausente, había sido una mala decisión ir a esa casa, ver a esa mujer y su estúpido esposo y sus dos hijos, yo no pertenecía a esa familia, nunca pertenecería, tal vez era mi destino no pertenecer a una familia.