La clase termino y un sentimiento de calma se había apoderado de mí el día de hoy, la verdad hace mucho que no me sentía de aquella manera, tan tranquila. Una leve sonrisa se formó en mis labios al recordar el hecho tan loco de que ayer pase Ilian, como si nos conociéramos de toda la vida.
—¿Qué te pasa hoy? Te ves tranquila, bueno más de lo normal y acabo de verte sonreír.
La chica que se sentaba al lado de mi en clase, Michelle, me miraba con una ceja enarcada desde su asiento.
Me encogí de hombro ante su pregunta
—Siempre estoy así y hablas como si nunca me has visto sonreír.
—Chica, puedo contar con una sola mano las veces que te he visto sonreír y me sobrarían dedos. Creo que estas feliz.
Rodé los ojos ante sus palabras.
—Siempre estoy feliz —respondí, aunque sabía que Michelle tenía la razón.
—Aja claro, y yo siempre estoy feliz de levantarme para tener que venir a verle la cara a todos estos mundanos.
—Tú también eres una mundana, Michelle.
—No lo soy. No lo sabes, pero la realidad es que soy una casa demonios, enfrento las fuerzas del mal cuando salgo de este lugar espantoso llamado universidad.
Yo negué con la cabeza riendo por su ocurrencia, no es que fuéramos exactamente el tipo de amigas que hablan por teléfono y van a todas partes juntas, más bien era una buena compañera de clases.
—¿Conseguiste novio, conociste a alguien, te sacaste la lotería? ¿Te vas del país, te…?
—Elina.
Y ahí estaba esa voz de nuevo. La sonrisa se borró de mi rostro al instante, Michelle a mi lado también dejo de sonreír para poner una mueca de desagrado ante la persona que se había parado frente a nosotras.
—Por favor hablemos.
—No creo que tenga algo de qué hablar contigo Román.
—Por favor.
—Déjala en paz pesado.
—Cállate rara.
—Rara tu madre.
Mientras Michelle y Román mantenían sus insultos al aire yo comencé a recoger mis cuadernos.
—Ya por favor, dejen de pelear —mire con mala cara a Román —. Nos vemos luego Michelle —me despedí con una sonrisa, para luego pasar por el lado de Román ignorándolo, pero claro él no me dejaría en paz así que me siguió.
—Eli.
—Que no me llames así, ¿qué rayos quieres? ya déjame en paz por Dios Román.
—No, tenemos que hablar, no podemos dejar las cosas así, tenemos que arreglar lo nuestro.
Reí sin ganas ante las palabras de Román.
—¿Nuestro? Tienes el descaro de decir nuestro a lo que tú mismo arruinaste —Román tuvo la intención de hablar, pero yo no se lo permití. —. No puedes arruinar las cosas y luego creer que puedes venir hablarme de un nosotros que no existe, de un nosotros que dejo de existir el día que decidiste ser parte de los que me arruinaron la vida.
—Eli, no…
—Ya basta Román— respondí con brusquedad—sea lo que sea que quieras explicarme no lo quiero escuchar, ya ha pasado mucho tiempo de eso y sigues intentando explicarme algo que no me interesa escuchar, ya no lo necesito.
Mi cuerpo se sentía pesado en el momento en que comencé a caminar dándole la espalda a Román. Mi mente se sintió tan agotada en ese momento, todo lo que estaba tratando de ignorar en mi vida volvió con tan solo hablar con Román, cuando creo que puedo ignorar todo el dolor tiene que aparecer un detonante, primero mi mama y ahora Román. Solo quería llegar a casa y volver a hundirme en las ruinas de la casa solitaria donde vivía, dormir por horas y si pudiera por semanas, meses, años, levantarme un día y haber olvidado a aquellos que me han herido, pero eso no es posible.
Y no, no es que quisiera morir, la verdad quería vivir, quería vivir feliz, libre, con un corazón sano y no lleno de grietas como se sentía mi corazón ahora mismo, pero me sentía tan cansada, sentía el peso de todo aquello que he estado reprimiendo durante todo este tiempo.
Mi mente estaba envuelta en mis pensamientos, pero fui devuelta a la realidad al recibir el impacto de un golpe en la frente. Levante la cabeza encontrándome con Ilian.
—Creo que no deberías ir caminando con la cabeza agachada por la vida, con suerte chocas conmigo, pero podrías chocar con la pared y provocar las risas de los que están alrededor, o chocar con las chicas de aire de superficialidad, o con uno de los muchachos groseros que caracterizan esta universidad.
—Tu no deberías ir caminando con la mirada en el celular, no puedes ir golpeando a las personas por la vida —dije acariciando mi frente por el golpe.
Ilian no se contuvo y estallo en una carcajada.
—Lo siento, es que eres demasiado chiquita, no fue mi intención golpearte la frente con mi fuerte pecho.
Esta vez fui yo la que no pude contenerme y estallé en una carcajada.
—Si claro, fuerte pecho.
—¡Claro!
—Además no soy tan chiquita.
Ilian reprimía su risa mientras asentía, pues era obvio que delante del parecía un pitufo andante.
—¿Estas bien?
La sonrisa ya no estaba en su rostro, solo me miraba sin ninguna expresión en su rostro.
—Si, a que te refieres —dije encogiéndome de hombros.
Ilian abrió la boca para hablar, pero al final no salió ni una palabra de sus labios, solo negó con la cabeza.
Ilian simplemente me miraba como si intentara buscar algo escondido en mi rostro, su mirada era tan intensa que me empecé a sentir nerviosa.
No sé si solo habían pasado segundos o minutos, pero decidí hablar.
—Bueno —dije removiéndome en mi propio espacio —aún me falta una materia que dar…, nos vemos Ilian.
No lo deje responder y comencé a caminar como pude, pues sorpresivamente el chico con tal mirada intensa hizo que se me olvidara como caminar.
…
Mis pasos eran lentos mientras regresaba a casa, no quería llegar realmente, era tan decepcionante cada vez que me tocaba salir y regresar para encontrar la casa en total soledad, en completo silencio, estar en casa así era angustiante, me causaba ansiedad y tristeza.