La semana había pasado lenta, pero aun así fue una semana llena de emoción porque ya estaba activa en mis clases. Gracias al chico que conocí el primer día, ya estaba al tanto de todo. Marcos me ayudó con las introducciones de las materias que habían dado, así que no me encontraba tan perdida; durante toda la semana, en los tiempos libres, él me estuvo enseñando y mostrándome sus apuntes.
Ya era sábado y estaba en el café al que Ilian y yo acostumbrábamos ir. Lo esperaba, pues ya había regresado de su viaje. A decir verdad, me encontraba muy emocionada porque en la semana que no había ido a la universidad me hizo mucha falta. Eso me emocionaba, pero al mismo tiempo me preocupaba cómo me estaba sintiendo.
Estaba centrada en mi teléfono y, al escuchar su voz, me sobresalté.
—Señorita Elina.
Di un respingo, levantando la vista y encontrándome con los ojos grises más lindos que había visto en mi vida, mis manos se sintieron sudororosas y mi respiracion irregular. Quise levantarme de la silla y abrazarlo, pero no sabía si estaba bien ni si haría sentir incómodo a Ilian, así que me quedé en mi asiento.
—Me asustaste, no me di cuenta de que habías llegado.
Ilian tenía una sonrisa en su rostro, pero de un momento a otro la borró.
—¿Qué pasó? —pregunté preocupada.
Ilian negó con la cabeza como si estuviera decepcionado.
—Ilian, ¿qué pasó? —volvi a preguntar
—Pensé que me habías extrañado, pero ya veo que no. Ni siquiera te levantas para darme un abrazo.
Rodeé los ojos y me levanté de la silla. Cuando estuve frente a él, me puse de puntillas y, sin pensarlo mucho para no arrepentirme, le di un beso en la mejilla. Al mirar su rostro, Ilian estaba totalmente paralizado y sus mejillas se pusieron rojas. No podía ser… ¿Ilian se estaba sonrojando?
—¿Te estás…?
Ilian carraspeó, sin dejarme continuar, y miró hacia otro lado. Cuando volvió a mirarme aún estaba sonrojado, y sin poder contenerlo solté una risita.
—¿Vas a reaccionar? Me haces pensar que nadie te había besado en la mejilla.
Volví a mi silla y aún Ilian seguía de pie. Dirigii mi mirada hacia al, hasta que finalmente se sentó.
—¿Cómo estás? ¿Cómo te fue en el viaje?
—Eh… —carraspeó antes de continuar—. Todo estuvo bien.
—¿Solo eso? O sea, ¿solo bien? ¿Qué pasa? El Ilian que conozco ahora mismo comenzaría a hablar con mucha emoción contenida.
—¿De verdad quieres que te lo cuente a mi manera?
—Adelante —le dije con una sonrisa.
Y así comenzó a contarme todo lo que pasó en su viaje: cómo se sintió, qué cosas hicieron, qué descubrieron y observaron, qué tuvieron que analizar y revisar. Las personas en otras mesas lo miraban como si se hubiera vuelto loco, pero yo solo veía a alguien con sueños, alguien con luz. La verdad, que él me hablara de su aventura la convertía en mía; era como si pudiera sentirla por las emociones que transmitía al expresarse sobre lo que amaba.
—Pero ya está, yo no soy el único que tiene cosas que contar. Acabas de comenzar tus clases, ¿cómo te has sentido?
—Muy emocionante, me siento muy feliz, la verdad.
—Me hace muy feliz saber que tú estás feliz, liora.
La sonrisa se esfumó de mi rostro al escuchar su última palabra. Liora. ¿Quién era Liora y por qué me había llamado así? ¿Acaso era el nombre de una chica que había conocido? ¿Alguien que le gustaba?
—¿L-liora? Creo que te has equivocado.
—No me he equivocado. Es una palabra nueva que aprendí durante el viaje.
—¿Entonces qué significa?
—No tienes por qué saberlo.
—Sí tengo que saberlo, me llamaste Liora. Creo que debo saber qué significa y por qué me llamas así. ¿Y si es un insulto?
—Nunca te insultaría. Luego te lo diré —respondió como si le restara importancia.
...
Después de estar en el café terminamos caminando. Ilian continuo y continúo contándome de sus aventuras mientras yo lo escuchaba con una sonrisa que no se borraba de mi rostro.
—Oye Elina.
—¿Si?
—En todo este tiempo que hemos hablado nunca te he preguntado si vives sola, o con tus padres.
Me tensé en ese momento por sus palabras y me detuve.
—Vivo sola.
—Oh eres una chica independiente ¿eh?
Si tan solo supieras.
—Si— respondí con una sonrisa nerviosa.
—Y nunca me pensaras llevar a tu casa, yo te lleve a la mía.
—¿Para qué querrías ir a mi casa?
—Para verte si intentas desaparecer como el otro día
—No voy a desaparecer —respondí agachando la cabeza.
Sentí la mano de Ilian debajo de mi barbilla y este me alzo la cabeza, estaba cerca de mi rostro, me quede quieta sin saber cómo reaccionar.
—No voy a dejar que vuelvas desaparecer —respondió sonriendo y haciendo que sus hoyuelos se marquen.
—¿Y si quiero hacerlo?
—¿Quieres hacerlo?
Me encogí de hombros.
—Entonces vamos a desaparecer juntos.
—Si claro, hagámoslo —empuje su frente con mi mano haciendo que empezara a reír.
Seguimos caminando sin un rumbo fijo. Llegamos a un área verde y nos sentamos en los bancos que allí se encontraban.
—Este lugar es muy lindo —dije mirando los grandes árboles que nos rodeaban.
—Yo creo que tú eres más linda.
Me quede paralizada por sus palabras, cuando me voltee para mirarlo Ilian estaba conteniéndose la risa.
—¿Por qué siempre te pones nerviosa?
—¿Q-quien está nerviosa? —respondí evidentemente nerviosa mirando hacia otro lado.
—No no nadie, evidentemente nadie.
—Además tú te pusiste nervioso hace un rato, así que no soy la única que se pone nerviosa, eh.
—Sí, es cierto.
—¿Por qué? ¿Te incomode?
—No, me gusto —Ilian fijo sus ojos en mi haciendo que me pusiera nerviosa una vez más y retirara la mirada—. Te diré un secreto, no tan secreto.
Lo mire esperando su respuesta y no fue hasta que voltio su rostro volviéndome a mirar que volvió hablar.