Ruinas

Capítulo dieciséis

Había pasado una semana desde que hable con Ilian, no habíamos vuelto hablar desde entonces, lo había visto en la universidad, pero no me atrevía a acercarme. La última vez que lo intenté me quedé a mitad de camino cuando vi que la chica del café estaba con él, parecían ser compañeros de curso porque ambos estaban saliendo de un aula.

Si eran compañeros de curso, ¿por qué nunca la había visto? Pero realmente eso no era de mi importancia. Pero no podría ser, digo, Ilian me había dicho que no tenía novia, aunque no sabía si solo era alguien que le empezó a interesar.

Me sentía culpable, quería acercarme y explicarle que no quería meterme en su vida de esa manera, que nunca quise hacerlo sentir así y darle esa impresión de mí, quería que supiera que lo extrañaba, extrañaba salir de clases y reunirme con él. Y sé que solo había pasado una semana en la que no nos hablamos, pero ya me había acostumbrado hablar con él todos los días.

—¡He llegado! —Marcos apareció ante mí con una enorme sonrisa.

—Hola Marcos.

—¿Te hice esperar mucho?

—No, vamos.

Iba con Marcos a la biblioteca a buscar unos libros porque teníamos un trabajo que hacer juntos de una de nuestras clases. Cuando estábamos a punto de llegar, vi a Ilian con aquella chica, ambos estaban en la puerta de la biblioteca, estaban riendo. No debí sentirme así, pero me sentí horrible y enojada.

Cuando estaba a unos pasos de ellos, Ilian alzó la mirada, sus ojos fueron primero hacia mí y luego hacia Marcos, al cual miró son el ceño fruncido.

—¿Ese no es tu novio? —susurro Marcos.

Ilian que todavía seguía mirándonos le dijo algo a la chica y se fue, la chica lo siguió.

—Oh Oh —dijo Marcos a mi lado —. Perdón que me meta, ¿pero están peleados o algo así?

—Mmm, algo así —dije apretando los labios.

Entramos a la biblioteca y buscamos todo el material que necesitábamos. Estuve dos horas más con Marcos, pues empezamos a organizar nuestras ideas con respecto a lo que haríamos.

Luego de haber terminado ya no me quedaban más clases, así que estaba de camino a mi casa. Cuando estaba lista para tomar el autobús al final opté por no hacerlo y simplemente elegí caminar sin un rumbo fijo. No quería llegar a casa y simplemente acostarme una vez más, para volver a empezar la misma rutina una y otra vez, odiaba aquella monotonía,

Con todo y el hecho de que esta semana se había sentido triste, lo único bueno que me había salvado era que estaba empezando a escribir otra vez, después de que escribí sobre Ilian había comenzado a escribir, no solo de los demás, sino simplemente lo que sentía y dejando también mi imaginación fluir.

Recuerdo la primera vez que escribí algo por inspiración. Estaba en el sofá de mi casa, tenía 16 años, estaba aburrida y de la nada se me ocurrió buscar mi cuaderno y empecé a escribir en base a lo que estaba sintiendo en el momento, cuando lo leí sonreí de oreja a oreja porque me había parecido increíble, partiendo del hecho de que nunca había escrito. Estaba tan emocionada que fui corriendo hacia donde mi padre y se lo leí y luego donde mi mamá y también con emoción leí lo que había escrito, a ellos les había parecido algo bueno también.

Desde ese momento empecé a escribir todo lo que sentía y llegué incluso a crear una historia que se me hizo un poco tonta cuando habían pasado dos años después.

Luego la escritura se fue tornando más seria para mí, ya no la sentía como un hobby y ya, sino que me visualizaba siendo una escritora. La escritura paso de ser algo que me gustaba para convertirse en algo que amaba y me apasionaba, me sentía viva cuando escribía y fue hermoso volver a conectar con ese sentimiento, sentir la emoción de las palabras y ver como los textos simplemente fluían al momento de empezar a escribir.

No me di cuenta que había detenido mis pasos hasta que sentí las pequeñas gotas de agua. Miré al cielo y fruncí el ceño al ver que estaba nublado y empezaba a lloviznar.

Genial, siempre que llovía tenía que estar fuera de casa y sin paraguas.

No pasaron 20 segundos cuando el agua empezó a caer sin control, corrí para encontrar un lugar, esta vez no me podía dar el lujo de mojarme, aunque quisiera, ya que cargaba mi mochila y tenía algunos libros de la biblioteca.

A unos metros vi una tienda, que, aunque estaba cerrada tenía un espacio afuera donde me cubriría de la lluvia que empezaba a subir de intensidad. Cuando estaba a unos pasos de llegar no se bien como, pero tropecé y caí, mis rodillas chocaron fuertemente con el suelo y mis manos evitaron que terminara desplayada.

Genial.

—Que linda es mi vida —dije refunfuñando.

Me pare y justo cuando iba a dar el primer paso para caminar unos brazos me detuvieron por detrás. Sobresaltada me di la vuelta y me encontré con…Ilian.

Aquel momento fue como sentir un deja vu, como la primera vez que nos conocimos, la primera vez que me encontré con su expresión confundida y con la profundidad de sus ojos, y aquel paraguas azul que nos cubría a ambos de la fuerte lluvia que caía.

Ninguno de los dos dijo nada, solo permanecimos en silencio mirándonos a los ojos. Solo éramos nosotros y el eco de la fuerte lluvia.

—Perdón —dije después de un tiempo en silencio.

Ilian me tomo del brazo, como en nuestro primer encuentro, y comenzó a caminar hacia la tienda donde me dirigía para cubrirme de la lluvia. Cuando estuvimos en la entrada de la tienda que nos cubría de la lluvia Ilian soltó mi brazo y cerro su paraguas.

—Ilian di algo —dije desesperada la ver que pasaban los segundos y no decía nada.

—Perdóname tu a mí —dijo volteándose hacia mí—. Nunca debí de hablarte así independientemente de lo que paso, te hable mal y te hice sentir mal, lose y no me justificare porque estaba enojado. Perdóname.

Una sonrisa se formó en mi rostro al escuchar sus palabras.

—Ilian no…

—No, yo…—Ilian se pasó las manos por la cara como si estuviese frustrado.



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En el texto hay: tristeza, amor, ruinas

Editado: 06.08.2026

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