Rujarquia I

Capitulo II

Los espectros

Una vez finalizado el acto de graduación, Tsuki se reunió con sus padres. Ambos la recibieron con un abrazo. Luego cargó a Khan y le sonrió a su hermanito. Su madre observó que los amigos de la chica la estaban esperando.

—Te están esperando, ve a divertirte —dijo, ella miró atrás, bajó a su hermano.

—Volveré en la tarde para jugar contigo —solo así la soltó su hermano y aceptó la mano de su madre—. Nos vemos en la cena —dijo sin mirarlos.

En su casa se sentía algo de tensión, desde aquel día las cosas cambiaron mucho. Tenían miedo de decir alguna palabra. Shiroi sabía que Tsuki no lo escuchará, temía que se fuera de la casa, necesitaba tenerla cerca y entrenarla lo más que pudiera. Ella no quería escuchar más represalias.

Su madre se llama Aiko, una mujer de cabellos negros y ojos azules rasgados, era de la cuarta rama del clan, uno que ya no tiene parentesco con Shiroi o los padres de este. No quería ver a ningunos de sus hijos involucrados en este conflicto bélico, suficiente tenía con que su esposo arriesgara su vida todo el rato. No sabía por dónde empezar, pues ya de nada servía cualquier discurso de madre preocupada, Tsuki ya estaba en la lista.

—Tal vez si yo... —una idea muy loca pasó por la mente de Shiroi, una completa locura, tanto que su mano tembló, porque era algo que nadie querría hacer—. Le causo una lesi...

—Shiroi —miró a su esposo—. No podemos hacerle esto ¡Es nuestra hija!

—No podemos dejarla ir...

—Tampoco puedes romperle las piernas —miró en dirección a los chicos—. De igual forma pueden esperar y llevársela, no podemos hacer nada, solo rezar...

Shiroi miró preocupado a Tsuki.

—Ya lo hablamos... —lo miró de nuevo, la abrazo y dieron media vuelta para irse.

—Lo siento...

—¿Quieren ir al puesto de Jack? —preguntó uno de los amigos de Tsuki después de la ceremonia.

Se trataba de Kageshi, es un año mayor que ellos, tiene el cabello negro ondulado y los ojos verdosos, unos rasgos que tenía los de segunda clase del clan de la oscuridad del que él formaba parte. Sus ojos también son rasgados, al igual que los siguientes que serán presentados.

—Sí, tengo mucha hambre, no dieron la comida que prometieron —dijo Tsuki, mientras se dirigían al puesto se quejaban de lo que mencionó.

—Nuestros padres pagaron por ese almuerzo, ¿Qué hicieron con ese dinero? —Kori, primo de Tsuki, era esbelto y portaba la misma mirada severa y amarga que su padre. Él tenía dos hermanos mayores adoptivos, que estaban brindando servicio en el ejército en este momento, y a su gemela Miraiki, ella tiene una mirada más suave, más dulce, lo que recuerda a su madre a pesar de ser una copia de su padre como su gemelo—. ¿Sabes algo al respecto Anahí?

—Mamá dice que decidieron donar todo al ejército.

—Al menos hubieran avisado —dijo Kageshi.

—Tal vez ni siquiera se donó al ejército, tengo la corazonada de que sospechan que mamá los delata cuando puede.

—Se aprovechan de la situación y la buena voluntad de nuestros padres —dice Tsuki.

—La situación en Hinan es lamentable...

—Si te hace sentir mejor, no somos la única ciudad así —menciona Kageshi, con un suave toque de humor—, Hogomi dice que ya no reciben donaciones de Jiyu desde el año pasado.

—No importa lo que pase en otras ciudades, Hinan debería ser ejemplo —añade Tsuki.

Hinan no era una ciudad muy grande, las casas llegaban hasta las murallas, como máximo solo llegaban a tener dos niveles, en caso de ser negocios podían ser más de dos niveles. La arquitectura de la mayoría consistía en paredes almohadilladas de ladrillo y piedra macizos en desde el primer nivel y suavizándose hasta el último para demostrar la resistencia de los primeros niveles para soportar toda la estructura. Utilizaban frontones y cornisas para adornar sus fachadas. Los materiales eran cálidos y ordenados, casi respetaban la simetría a la hora de construir.

Había un choque de estilos con respecto a la zona del clan Kottayama, en cuanto a la arquitectura, usaban techo de cerámica curvadas hacia arriba en las puntas, ensamblaban piezas de madera hasta crear una estructura sólida y resistente. Linternas de papel y estandartes con el símbolo del clan, la luna creciente y un copo de nieve, adornaban las calles. Los comercios abundaban fuera del clan, los niños Kottayama casi nunca estaban dentro de los límites del clan, entre esos comercios, lugares como el puesto de Jack ofrecían diversión e historias sobre el ejército.

Tanto niños como adultos iban a ese lugar, Jack era un hombre viejo carismático, el único que los recibía a ellos.

—Ahí vienen los recién graduados —mira al grupo acercarse a la mesa del bar—. ¿Quieren lo de siempre? —todos asintieron—. Bueno, aviso que hoy contaré sobre los del clan de la oscuridad... —miraron de reojo a Kageshi, él clavó su mirada en la madera fina de la mesa.

—¿A qué se debe eso? —Preguntó Miraiki, ella siempre estuvo con ellos, pero no habla mucho. Le preocupaba lo que podría decir la gente de él, todos sabían lo que era.

—Fue una petición directa de los soldados que vinieron —señaló a los hombres sentados del otro lado del negocio—. Quieren que las personas estén atentas, pues en la última batalla avistaron a varios del clan de la oscuridad...

—No hay problema —dijo Kageshi—. La gente debe cuidarse más en estos tiempos difíciles...

—Solo con tu permiso, me sentiré aliviado contando lo que sé —miró a los niños—. La guerra es cosa seria, antes de ser cantinero, serví un tiempo, lo saben, dediqué mi vida a aprender lo necesario para protegerme —le sirvió agua a cada uno—. Quiero que ustedes se cuiden también, son muy jóvenes.

El hombre entró a la cocina a traerles comida. Tsuki miró de reojo a su alrededor, escuchaba murmullos lejanos y sentía miradas para nada agradables, siempre pasada cuando iban a ese lugar y lo ignoraban, pero hoy, las miradas y murmullos son más pesadas.




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