Rujarquia I

Capitulo III

Amigos

La luz del sol iluminaba el camino de piedra, ya pasaron semanas desde aquel incidente con los espectros capturados. Tsuki estaba de camino a la estación de tren con su padre para comprar su boleto a Gake, la ciudad donde se realizará la instrucción militar. Ninguno de los dos se dirigía la palabra, salvo en los entrenamientos, que era bastante incomodo porque los chicos sentían la tensión existente.

No quería hablar, todavía estaba muy presente en ella cuando su padre le pedía que no dijera ni una sola palabra. Ahora se encontraba usando un abrigo, sentía frío de vez en cuando, para ella sentir frío no era bueno. El clan Kottayama por obvias razones no debe sentir el frío, a no ser que sea demasiado extremo, como los -10ºC que alcanza las montañas más altas en tiempos de invierno, en esas ocasiones usaban abrigos livianos.

Tsuki se sintió aliviada cuando divisó la estación, tal vez se encontraría allí a sus amigos, que seguro salieron más temprano. Su padre la había castigado y ya no podía salir con sus amigos, solo los veía en el entrenamiento, pero tampoco es que pudiera hablarles, su padre la tenía en la mira y le prohibía el contacto. Se adelantó a subir las escaleras y observó el pasillo, estaba vacío.

—Es muy temprano todavía —mencionó su padre, que intuyó lo que quería.

Desilusionada fue a sentarse en una de las bancas mientras su padre se acercaba a la ventanilla. Después de unos minutos escuchó que alguien más subía las escaleras, miró en la dirección esperando que sea uno de sus amigos.

Sin embargo, se trataba de un señor. Devolvió su mirada a las vías del tren, conocía a ese señor, era amigo de su padre. Se llamaba Hiroto, era un miembro del clan Kemono que vivía en la ciudad. Escuchó que se acercó a saludar a Shiroi. El hombre era robusto y tenía una abundante cabellera junto a una exuberante barba castaña, tenía una tez trigueña y ojos verdes claros, rasgos que comparte con su clan.

—¿Y a qué viniste? —preguntó Shiroi.

—Mi sobrino vendrá a Hinan y ya que estoy también le compraré el boleto —respondió con una sonrisa—. Tal vez quieras aceptarlo como tu alumno.

—¡Sin ningún problema!

—¡Perfecto! —exclamó—. Su nombre es Shigo, tiene la edad de tu hija... —miró a la chica.

—Tsuki —dijo Shiroi—. Estoy seguro de que van a llevarse bien.

Escucharon al tren acercarse, el señor Hiroto se acercó un poco a la orilla. En cuanto el tren se detuvo observó a cada persona que descendía en busca de su sobrino.

—Tsuki —ella miró a su padre que la llamaba—. Ven aquí.

Se levanto de la banca y se paró al lado de su padre. No tenía ánimos para presentarse, pero podría intentar llevarse bien con el sobrino de Hiroto, así tendrá compañía en el camino, además de la frialdad de su padre.

Hiroto finalmente vio a su sobrino bajar con su mochila, vio a su tío y se acercó a él. El señor lo abrazó, el joven no se veía muy animado, pero de todas formas abrazó a su tío. Hiroto lo acercó a Shiroi y a Tsuki.

—Él es mi sobrino, Shigo —Tsuki estaba con la mirada por el suelo, su padre la codeo disimuladamente para que mirara al joven y así levantó la mirada.

Shigo tenía cabellera castaña que le llegaba a los hombros, flecos a los costados de su cara, rostro fino, ojos verdes y dormilones, sus cejas eran finas. Su tío lo observó y notó que él también había quedado impresionado con Tsuki.

—Habla hombre —lo codeó con una sonrisa para animarlo.

—Un placer —hace una pequeña reverencia y le extendió su mano—. ¿Cómo te llamas? —miró su mano unos segundos antes de corresponder, tenía algunas cicatrices y callos, era obvio que también entrenaba, Tsuki extendió su mano y la estrechó, la diferencia de altura entre ambos era notoria, el tamaño también, las manos de Shigo eran más grandes que las de ella, casi parecía alguien de 18 años.

—Me llamo Tsuki.

En el camino Shiroi y su amigo estuvieron hablando animadamente, mientras que por delante de ellos iban Tsuki y Shigo, quienes después de presentarse no dijeron ni una palabra más, ni siquiera se miraron. El camino hasta Hinan parecía cada vez más eterno. Sin embargo, el tortuoso silencio entre ambos no duró mucho tiempo, Shigo decidió dar el primer paso.

—Entonces... ¿entrenas con tu padre? —preguntó.

—Sí, es capitán de un escuadrón y tiene mucha experiencia —respondió y lo miró—. ¿También entrenas?

—Sí, con otros jóvenes del clan —miró su mano derecha con cicatrices.

—¿Y viniste solo a visitar a tu tío?

—Fue por un cambio de aires, hay un ambiente muy tenso en mi casa —miró a los señores hablando.

—En mi casa también —dijo Tsuki mirando a su padre.

—¿Te metes en muchos problemas? —esbozó una sonrisa de lado.

—Tal vez... —respondió y bajo la mirada, Shigo borró su sonrisa y cambió el tema.

—Podríamos dar una demostración de nuestros poderes, ¿Te parece bien? —Tsuki apartó la mirada, a lo que Shigo intuyó que ese tema solo empeoró las cosas, ella detuvo su andar.

—No puedo, soy inestable, así que es mejor si te alejas de mí —iba a alejarse, pero él le agarró la mano.

—Espera —ella lo miró, él tenía una mirada empática por así decirlo, no era de lastima, solo entendía su situación—. No me has hecho nada —su voz, aunque grave, era muy calmada—. Y si me sucede algo, no será tu culpa, apenas nos conocemos, pero puedo sentir que eres una buena persona —le soltó la mano.

Ella se sonrojó un poco y continuaron caminando.

—Gracias —dijo.

—De nada —el joven sonrió.

Continuaron caminando en silencio, esta vez con más calma, ya no había ninguna incomodad. Cuando llegaron a la entrada del clan, Hiroto tomó la mochila de su sobrino y le hizo una petición a Tsuki.

—¿Podrías enseñarle la ciudad a mi sobrino? —pregunto entusiasmado—. Le haría bien recorrer un poco para cambiar esa cara tan demacrada.




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