Las quimeras
El problema de las quimeras no se resolvió hasta semanas después, las que faltaban fueron encontradas cerca de otra ciudad. El único problema en Hinan fue el pánico de la gente, casi no salían de sus casas, por lo que el comercio se congelo, únicamente con el acompañamiento de guardias las personas aceptaron salir.
Shiroi continúo entrenando a los chicos, a los que quedaban. Kuro decidió que los gemelos ya no entrenarían con él, ahora que él estaba allí se encargaría de sus hijos. Lo que entristeció a Tsuki, lo único que le daba algo de alivio, es que irían en el mismo vagón.
Ese día estaba cada vez más cerca. Después de entrenar, Tsuki se quedó a hablar con Kageshi fuera de su casa, le permitieron pasar tiempo con él, después de todo, eran mejores amigos. Se sentaron al final de las escaleras del pórtico de entrada, el sol se estaba ocultado y el cielo se tiñó de naranja, adornado con unas cuantas nubes y estrellas que poco a poco se dejaban ver.
Tsuki se estaba vendando la mano, ya que se lastimó en el entrenamiento, tenía nuevos moretones en los brazos y piernas; Kageshi estaba igual, pero con rasguños en el brazo, ya que entrena sus poderes con Shigo, ahora que los gemelos ya no estaban.
—Me cae bien —dijo él, hablando del castaño—. Es fuerte, solo que a veces baja la guardia —miró a Tsuki, ella estaba observando unas hormigas marchando—. También creo que tú le gustas —no reaccionó—. ¿Estás escuchando? —Tsuki lo miró y parecía desconcertada.
—¿Qué decías? —preguntó.
—Pues te hablaba de que Shigo me cae bien —respondió, omitiendo lo último que dijo.
—Sí, es amable —dijo—. Solo que baja mucho la guardia —Kageshi soltó una risita, pues es justo lo que le dijo hace unos minutos.
—¿Qué paso? —preguntó confundida.
—Pues te dije eso mientras no estabas aquí...
—¡Lo siento! —exclamó y se tapó la cara avergonzada.
—Tranquila —dijo entre risas—. Aprovechando que hablamos luego de mucho... ¿Has estado durmiendo bien? —pregunta y posa su mano en la espalda.
—Suelo despertar de madrugada, cambio mis vendajes y luego vuelvo a dormir.
—Hago lo mismo —contó y luego curioseando un poco por su ausencia hace un momento preguntó: —¿Te has estado sintiendo bien?
—Más o menos... para serte sincera —respondió.
—¿Algo te preocupa? —lo pensó por un momento, se puso un poco nerviosa.
—No sé si tomé la decisión correcta —confiesa—. Dejé sola a Mika, Khan irá con ella dentro de unos días y yo me quedaré aquí —miró el cielo con cierta nostalgia, en las noches despejadas solía subir al techo con su hermana para mirar las estrellas—. Extraño a Mika y, además, no sé si después volveré a verla o si dentro de unos años volveré a ver a Khan... —Kageshi se quedó callado, se recostó en su mano y desvió la mirada a las hormigas, ahora atacaban a una hormiga roja soldado que se metió en su camino, mientras otra hormiga roja soldado venía a ayudar.
—Tengo miedo de que algo le pase a Hogomi —dijo también—. Es fuerte y ágil, de la élite, pero cada vez que lo veo tiene rasguños y golpes... —suspiró—. Por Nyx no me preocupo porque la tienen en Jiyu, de igual forma, tarde o temprano le tocará participar... —Las hormigas rojas a pesar de ser dos ganaron y las hormigas negras solo se retiraron—. Trato de no pensar mucho en eso, pero es imposible, pienso en ello día y noche.
—Yo también, casi como respirar —dijo Tsuki, suspiró también.
—Tenemos a nuestros amigos —mencionó, pero se mantuvo serio.
—Sí... —alcanzó a decir, otro motivo por el que preocuparse...
❅
Shigo se acostumbró rápidamente a vivir con su tío, para él se sentía más tranquilo, cómodo... y como un hogar. Se levantó de su cama, su pierna le dolía, pero podía aguantar, los entrenamientos del señor Shiroi no se comparaban a los que él tenía en su ciudad natal.
Bajó a desayunar huevos revueltos con tomate y una manzana, su tío tomaba su café matutino y leía un fax que le llegó desde el clan Kemono. El joven ignoró lo que hacía, si era una carta de su padre, no le interesaba en absoluto.
—Kendra vendrá esta tarde —dijo y le dio un sorbo a su café—. Te extraña y no le gusta estar allá.
—A nadie le gusta estar allá —murmuró.
—Al menos podrás pasar tiempo con ella antes de que te vayas —dio un último sorbo a su café.
El joven no dijo nada, continuó comiendo su desayuno; pensó que, si no lo mira, la conversación no llegará más lejos. Su tío lo miró, no suelen tocar el tema, sin embargo, era ahora o nunca.
—¿Has hablado con tu padre estos días? —preguntó, tragó saliva.
—No tengo por qué —respondió cortante.
—Sí tienes, Shigo —antes de que pudiera decir algo más, el joven lo interrumpió abruptamente.
—¡No! —su voz se agravó, tocar ese tema le ponía los nervios de punta, su sangre hervía de tan solo recordar aquel suceso.
—Shigo, él también sufrió.
—Ninguno de los dos estaríamos sufriendo si no se hubiera ido —lo miró, tenía el ceño fruncido.
—¡Sabes que él jamás hubiera dejado que tu madre muriera!
—¡Pero aun así lo hizo! —exclamó y se levantó de la mesa—. Kendra tuvo que ver como su madre era asesinada por una de esas... —tembló de rabia—, ¡Malditas quimeras! —suspiró—. Para colmo son traídas de Norcrania, si la población se reduce traerán más...
—Shigo... —se acercó y le tocó el hombro—. Él no pudo llegar a tiempo, lo que ocurrió no fue su culpa —suspiró—. Tú que eres justo deberías saberlo.
—No puedo con él —murmuró.
—Él tenía que cumplir también con su pueblo —lo hizo mirarlo—. Y es una responsabilidad que algún día tendrás.
—Si eso implica dejar a tu familia cuando más te necesitan —se apartó—, prefiero no tenerla —salió de ahí, dejando a Hiroto sin nada que decir.
Solo pudo suspirar y sentarse, miró el mueble a su derecha, una estantería llena de libros y una cosa que era diferente al resto, un retrato de él y su hermana con sus sobrinos Shigo y Kendra. Apenas había pasado cuatro años de aquel incidente, también le dolía y le presionaba el pecho, así como ahora, sentía que debía arreglar la relación entre Shigo y su padre. Sin embargo, cada vez que intentaba hablar de ello, su corazón ardía de tristeza, esta vez, en el silencio ensordecedor de su casa, observando aquella foto con nostalgia, no soportó más y las lágrimas se deslizaron por su rostro.