Amaneció más temprano que tarde, y como no podía ser de otra manera, Qin Qin yacía dormida profundamente en los brazos de Rulam. Y aunque era cierto que Rulam quería pasar más tiempo con ella, quizás salir y caminar un poco por los grandes campos florales de la secta, este no era un lujo que pudiera darse. O al menos, eso era lo que él pensaba.
Inmediatamente se puso de pie, se aseó y cambió sus ropas al instante con técnicas básicas. Para Rulam, que ya era un cultivador avanzado, esto no era más que una trivialidad. Aunque aún no se había desprendido por completo de los conceptos mundanos de la vida secular, él no podía ser tratado como una persona ordinaria. No lo era.
"—Parece que ya va siendo hora de que le eche un vistazo a ese libro."
Rulam salió de la habitación sin interrumpir el sueño de Qin Qin. En tan solo un par de respiraciones, él ya estaba a decenas de kilómetros, en una cueva que le pareció un tanto familiar, y de hecho, lo era. Rulam no quiso decir nada al patriarca, ni tampoco a Obeiron. Pensaba que no era necesario para algo tan trivial.
En ese mismo momento, sacó de entre su túnica un libro, lo puso en su regazo y lo abrió sin más. Este, obviamente, era el legendario libro de la tribu Barjin. Pero en cuanto Rulam hojeó la primera página, sus ojos se entrecerraron sutilmente...
"—Así que es tal como lo sospechaba. Este libro no es tan simple. Estas inscripciones, estos párrafos, incluso la calidad de sus hojas... definitivamente, este no es cualquier libro. Podría tratarse de un tesoro de clase Deidad."
Por fuera parecía un libro completamente normal, sin adornos exagerados, de materiales comunes y carente de energía espiritual. Pero a los ojos de Rulam, este objeto no era tan simple; decidió conservarlo como si fuera un tesoro porque eso era lo que creía que era y, al parecer, no estaba equivocado.
Era un ejemplar robusto de cientos de páginas, pero rápidamente Rulam notó algo absolutamente increíble: por más que hojeaba el misterioso tomo, más y más hojas aparecían. Un libro que a simple vista no parecía tener más de quinientas páginas, ¡ahora tenía miles! Era como si no tuviese un final; cada página pasada añadía una nueva. Incluso para la comprensión e inteligencia infinita de Rulam, esto fue algo que lo sorprendió de manera sincera. Suspiró, guardando un enorme respeto por aquel maestro capaz de refinar un artefacto supremo de tan inmenso poder. En ese momento, le agradeció desde el fondo de su corazón.
''—No dudaba de que este libro escondía un secreto interesante, pero a decir verdad, yo mismo lo he subestimado muchísimo. Es aún más increíble de lo que habría esperado. A pesar de que comprendo a grandes rasgos su profundidad, aún no puedo entender las inscripciones que hay en él. Es como si el maestro lo hubiese escrito específicamente para aquella persona capaz de comprenderlo... pero yo no soy esa persona.''
Rulam soltó un suspiro antes de resignarse y guardar el libro. No solo era legendario por su nombre, sino que realmente estaba ante el verdadero y mítico libro secreto de la tribu Barjin. Rulam no estaba seguro de si Raminides, el Hechicero Blanco, sabría algo al respecto; quizá una minúscula pista que le permitiera descifrar las inscripciones tan profundas. No había nada más que pudiera hacer en ese momento; al menos, no un mejor método para descifrarlo. Sabía que si quería alguna respuesta, solo aquel pequeño goblin podría ayudarlo.
Esto no era algo que particularmente le causara alivio o alegría. Por el contrario, él no buscaba seguir creando lazos o cercanía con Raminides, pero por alguna razón el destino los estaba uniendo una vez más. Esto no dejó indiferente a Rulam, quien comprendía a pequeña escala los caminos de las leyes kármicas. Empezaba a creer que sus destinos estaban entrelazados; quizá, y lo más probable, es que fuera para bien.
Pero a Rulam le preocupaba ligeramente que el destino pudiera opinar diferente.