Runners: Paraiso e Infierno

El Precio de la Carne — Parte 1 de 2

RUNNERS

Episodio 15: El Precio de la Carne — Parte 1 de 2

I. La Ventana

(Ruinas de Wardenclyffe — Día 10, 06:00 AM)

Las cuarenta y ocho horas que Tayen había calculado para el traslado de Orin terminaban a las seis de la mañana del día diez.

Lo supo porque había pasado la noche penetrando la quinta capa de las redes de Morgan con la paciencia de alguien que ha convertido la urgencia en método: no más rápido porque la urgencia lo exigía, sino más preciso porque la urgencia no perdonaba errores. La quinta capa tenía defensas que la cuarta no tenía, diseñadas específicamente para detectar patrones de acceso repetido desde el mismo vector, lo que significaba que Tayen había tenido que cambiar el ángulo de entrada cada vez, construyendo el acceso como se construye un túnel desde múltiples puntos hacia el centro.

A las cuatro y cuarenta y siete de la mañana, el túnel llegó al centro.

El protocolo de traslado de Orin estaba ahí, con la hora confirmada, la ruta codificada, y el número de vehículos de escolta: tres. El vehículo primario más dos de flanqueo. Ruta desde la instalación de procesamiento secundaria en el Bronx hasta la instalación principal de M.A.R.C. Labs en Manhattan, con un trayecto estimado de veintidós minutos por la ruta que los protocolos de E.D.I.S. designaban para traslados de alto valor en horario de baja circulación.

La ruta cruzaba un punto en el Bronx donde la autopista bajaba a nivel de calle durante cuatrocientos metros antes de volver a elevarse.

Cuatrocientos metros. Vehículos a velocidad reducida por el cambio de nivel. Flanqueo lateral limitado por la geometría de la calle.

Una ventana.

No perfecta. Pero real.

Tayen desconectó con la meticulosidad de siempre, guardó los datos, y miró el reloj que Gerald había dejado sobre la mesa el primer día porque los runners no tenían ningún sistema de medición del tiempo que funcionara sin energía etérica y necesitaban uno.

Una hora y trece minutos.

Se giró hacia donde Sarel dormía.

—Sarel.

Ella abrió los ojos antes de que terminara de pronunciar su nombre, con la inmediatez de alguien que duerme en el umbral del sueño porque en este mundo el sueño completo es un lujo que la situación no garantiza.

—¿La ruta?

—La tengo. Tenemos una hora.

II. La Intercepción

(El Bronx — Autopista a nivel de calle, Día 10, 06:47 AM)

Los cuatrocientos metros donde la autopista bajaba a nivel de calle olían a algo que ninguno de los cuatro runners supo clasificar con precisión en el momento pero que Kiran, con su capacidad de diseccionar los entornos por sus componentes sensoriales, identificó después como la combinación de caucho quemado, aceite mineral, escape de combustión y algo orgánico debajo de todo eso, algo que la ciudad producía cuando el tráfico y la lluvia y el tiempo mezclaban sobre el asfalto los residuos de todo lo que pasaba por encima.

Era el olor del mundo funcionando a costa de sí mismo.

No había tiempo para procesarlo.

La furgoneta de flanqueo izquierda llegó primero a la sección a nivel. Gerald la había marcado en el mapa que revisaron en los treinta minutos de preparación que tuvieron disponibles: la de flanqueo izquierda siempre llegaba primero porque la geometría del descenso de la autopista la favorecía. Eso daba exactamente cuatro segundos antes de que el vehículo primario entrara en la sección.

Cuatro segundos era el tiempo que Orin habría necesitado en Letsa para resolver una situación táctica de esta complejidad.

Aquí era el tiempo que tenían.

Kayru saltó desde el techo del edificio de tres pisos que flanqueaba la calle en el punto donde la autopista tocaba nivel y aterrizó sobre el techo de la furgoneta de flanqueo izquierda con más control del que habría tenido hace diez días, aunque todavía con suficiente impacto como para que el metal cediera levemente bajo sus pies y el vehículo vibrara. El conductor frenó por instinto. Eso era lo que necesitaban: el flanqueo izquierdo detenido creaba un hueco en la formación del convoy.

Tayen entró por ese hueco.

No físicamente: a través de la red. Llevaba conectado al sistema de comunicaciones de E.D.I.S. desde que dejaron Wardenclyffe, usando el acceso que había construido durante días para inyectar una señal de interferencia que los sistemas del convoy recibirían como ruido técnico ordinario. No sabotaje: ruido. Suficiente para que las comunicaciones entre los tres vehículos tardaran dos segundos adicionales en procesarse. En una operación donde cada segundo tenía un costo, dos segundos adicionales de confusión en el enemigo eran el equivalente táctico de cuatro metros de distancia.

Sarel llegó al vehículo primario desde el flanco derecho.

No saltando. Corriendo a la velocidad que diez días de movimiento en este mundo habían producido en sus piernas: no perfecta, no sin el costo pulmonar de siempre, pero funcional. Se plantó frente al morro del vehículo primario en el momento en que frenaba por la detención del flanqueo izquierdo y desplegó lo que Gerald había llamado, con el tono práctico de alguien que ha construido herramientas de necesidad durante décadas, el bloqueador electromagnético portátil: un dispositivo artesanal de la Orden que emitía un pulso capaz de interferir con los sistemas electrónicos de ignición de los vehículos en un radio de tres metros durante aproximadamente noventa segundos.

El vehículo primario se apagó.

En los noventa segundos siguientes, la operación dependía de tres cosas simultáneas: que Kayru mantuviera inmovilizado al flanqueo izquierdo, que Kiran localizara el compartimento de Orin en el vehículo primario usando la frecuencia de su biología, y que Tayen sostuviera la interferencia de comunicaciones el tiempo suficiente para que los agentes del flanqueo derecho tardaran en entender lo que estaba pasando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.